Símbolos paganos en el cristianismo IV

Publicado en Misterio y esoterismo - pero con un poco de cabeza,please- el 29 de Diciembre, 2006, 10:08 por themackintoshman

Semana Santa
Como en las fiestas de la Navidad, su conmemoración comienza en el siglo IV D. C. y copio en ésta también tiene su base en una celebración pagana; el culto al dios Atis, celebrándose su muerte y su posterior resurrección que era el 25 de marzo, Ese día fue en la iglesia católica el de la Pasión y Resurrección de Cristo, después Viernes Santo.
Nuestro Señor Jesucristo no nos manda recordar su muerte y resurrección de forma especial en una fecha determinada, sino conmemorarlo siempre que tomemos la Santa Cena.

Pascua de Resurrección
La fiesta de la Pascua se celebra siempre el primer domingo siguiente a la primera luna llena de primavera, por eso su carácter cambiante.
Bien, esta fiesta es similar a otra egipcia que se celebraba el mismo día, para conmemorar la entrada de Osiris, (Ra), en la Luna. En la gran fiesta egipcia es así la de Khoiak (mes otoñal), a la que se asocia la de Sed, que tenía por objeto rejuvenecer al faraón y renovar su reinado, a los 30 años de su coronación, con el Nilo esta vez divinizado como Osiris, (Ra).
La fiesta comenzaba el día 12 con ceremonias de arada y siembra, y el 21 una imagen de Osiris, (Ra), modelada en oro, con la forma de una momia, se cubría con una mezcla de cebada y avena, se envolvía en esteras y se guardaba en un estanque poco profundo, donde se regaba todos los días.
El 22 la exponían al sol antes del crepúsculo, y la enviaban a hacer un viaje misterioso, juntamente con otras imágenes parecidas, iluminadas todas con antorchas, hasta el día 24. Después la metían en un ataúd de madera de moral y se enterraba en una fosa, de la que se había sacado la imagen del año anterior para colocarla en un sicómoro.
El día 30 se escenificaba el enterramiento de Osiris, (Ra), en una cámara subterránea, con la imagen dentro del ataúd, sobre un lecho de arena.

En los bajorrelieves aparece siempre Osiris, (Ra), levantándose de su ataúd, asistido por Nefitis, Isis y Horus, y se le presenta la cruz con asas, símbolo de la vida, mientras el alma de Osiris, (Ra), aparece representado en forma de halcón, con las alas desplegadas.

Hay otros bajorrelieves demostrando otros ritos y cultos, pero no me detengo en ellos, pues cada ciudad tiene en realidad sus dioses, cultos, templos y ritos.

Pero me interesa resaltar que nos hallamos ya ante un culto y rito de muerte y resurrección, incluso con cruces, y algo tenían que saber de esto los inventores de los Evangelios cristianos.

En Egipto este Osiris, (Ra), era siempre alusión al Nilo y al faraón, así como Horus era el faraón rejuvenecido. Por eso esta fiesta era la apropiada para coronar a los faraones. El bajorrelieve del templo de Isis, en Filae, nos presenta a Osiris, (Ra), aún yaciente, pero con espigas de trigo, que semejan velas católicas, encima de su cuerpo, y un sacerdote regándolas: lo que indica que esta es una fiesta que simboliza la cosecha. Pero en el fondo, como he dicho, tales muertes y resurrecciones simbolizan siempre las crecidas y descensos del Nilo.

En Mesopotámica las crecidas y bajadas del Tigris y Eufrates no eran regulares, pero ambos ríos también son dioses, y lo natural es sobrenatural, por creencia. En consecuencia había fiestas alegres o tristes, simbolizando siempre los esfuerzos colectivos para poder pasar sanos desde épocas de privaciones a otras de abundancia.
Se coronaba también a los reyes el día de Año Nuevo, y también eran los reyes los encargados de relacionarse con los dioses, pues se les consideraba sagrados.

En Babilonia y Caldea las principales fiestas eran las de primavera y otoño, y las más famosas las que se celebraban en el templo de Esagila. El segundo mes de Nisan se purificaba el templo dos horas antes de amanecer. El urigallu (gran sacerdote) se lavaba con el agua del río, y se ponía un vestido de lino. Después invocaba a Bel (Marduck) como señor de los reyes, luz de la humanidad y árbitro de sus destinos. Abría entonces las puertas del santuario, y sacerdotes y cantores entraban para realizar los ritos prescritos, que no especifico, pues las fiestas y ritos duraban cinco o seis días. Sí me interesa citar que las ceremonias terminaban con el rey confesando que había cumplido con sus deberes sagrados, y el urigallu absorbiéndole y bendiciéndole en nombre de Marduk, por lo que tenemos de nuevo a monarcas sagrados, sometidos a sacerdotes. Incluso tras estas ceremonias era cuando el urigallu confirmaba al divino rey en su trono.

La muerte y resurrección aparece también en los cultos de Baal y Anat, en Siria, expresadas como lucha entre fuerzas opuestas. Durante el cálido verano Arayan, dios de la tormenta y la atmósfera, era asesinado por su enemigo Mot, señor del infierno y la muerte, la sequía y la esterilidad. Mientras Arayán estaba en el infierno la vegetación se marchitaba, y el suelo permanecía árido; con su resurrección terminaba la sequía y la fecundidad volvía a las tierras.
En las fiestas de otoño el conflicto era entre Baal y el Príncipe del Mar, representando Baal de nuevo la fertilidad, por lo que su muerte se identificaba con los meses secos, y su resurrección con los húmedos.

Además de estas fiestas se sacrificaban dos corderos cada luna nueva, y de vez en cuando los setenta hijos de Anat se banqueteaban con carne de bueyes, ovejas, cabritos, terneras y cabras. Había también matrimonios sagrados del rey y la reina.

Ya sabemos que Yaweh, el dios de Abraham, era dios del desierto, por lo que también era fenicio, bajo el nombre de Ahí-yabu, abreviado a Yo o Yau.

En Anatolia la fiesta principal (Purulliyas), de origen hitita, se celebraba en primavera, conmemorándose la muerte del dragón Iluyanka por el dios atmosférico de Hatti. Hay varias versiones de esta fiesta, en realidad el dragón vuelve a simbolizar la sequía, y existían otras fiestas en las que los hombres de Hatti combatían con los de Masa, por lo que no me detengo en resumirlas. Otra gran fiesta era la de Año Nuevo.

En el Egeo y Grecia se celebraban también fiestas agrícolas con ocasión de la labranza, siega y recolección. Se sacrificaban animales, y se los comían con acompañamiento de música, bailes y juegos, originariamente con sentido sagrado. El calendario griego nació también de estos ritos agrícolas, bajo el patrocinio de Apolo y los oráculos délficos en tiempos de las ciudades-Estados.
De estas fiestas nació la tragedia, y como principales fiestas helénicas vamos a citar las Tesmoforias, Talisias, Antestarias, fiestas de Eleusis y dionisíacas.

Deméter, diosa de los cereales y Madre Tierra, y su hija Core, doncella del trigo, originaron la fiesta de las Tesmoforias, celebrándose la vegetación, en otoño, en octubre o noviembre. Fiestas sólo de mujeres, que confeccionaban lechos con enramadas, y se echaban sobre el suelo, para promover la fertilidad del trigo recién sembrado, y asegurar su propia fertilidad. La precipitación de cerdos consagrados a Deméter en simas subterráneas representaba el descenso de Core a los infiernos de Plutón, y la recuperación de los restos putrefactos, de los cerdos arrojados el año anterior, conmemoraba el hundimiento del porquero Eubeleo y su piara, cuando Core fue raptada.

Las Talisias se celebraban en junio-julio, agradeciendo a Deméter la cosecha, y toman su nombre porque se ofrecía a la diosa pan con el trigo nuevo (talisión arton). En Atenas se colocaron estas fiestas bajo el patrocinio de Apolo, y se azotaba en ellas a un criminal, en ritual de purificación, pero para asegurar también buenas cosechas.

Las Antesterias, fiestas de las Flores, servían para abrir las cubas de vino, que en Atenas se llevaba al santuario de Dionisos, distribuyéndose entre los mayores de cuatro años en vasijas pequeñas. Dionisos era transportado en un carro en forma de barco, celebrándose un matrimonio sagrado con la mujer del arconte, para favorecer la fertilidad. Por la tarde se ofrendaba a los difuntos verduras y ollas con comida, así como libaciones.

Los misterios eleusinos menores se celebraban en Agras, un suburbio de Atenas, y conmemoraban la siembra del trigo nuevo. Originarios de Creta, suponían procesiones solemnes de reyes sagrados sobre tronos portátiles, seguidos por los devotos a lo largo de la Vía Sacra, hasta los santuarios palatinos, donde se celebraban danzas sagradas y otros ritos parecidos. Los neófitos o mystae, tras instrucciones secretas sobre lo que les iba a ser revelado tras purificaciones y ascetismos, se bañaban en el mar y vagaban por la costa con antorchas encendidas. Después celebraban una vigilia nocturna, sentados en bancos cubiertos de pieles de oveja, y contemplaban espectáculos supuestamente sagrados, que no debían revelar a los profanos. Estos espectáculos se referían al rapto de la doncella del trigo, llevada a los infiernos en el carro durado de Pluto. Su madre, Deméter, la buscaba con una antorcha encendida, y su pena hacía estéril a los campos, hasta producir hambre universal. Disfrazada de vieja, llegaba a Eleusis, sentándose en un banco cubierto con piel de carnero, junto a un pozo al lado de un camino, y allí le contaba a las hijas del rey Keleos una historia fantástica acerca de la pretendida huida de unos piratas, y la llevaban a su casa, donde se convertía en niñera de Domofonte, hermano menor de aquellas niñas e hijo más pequeño de la reina. Deméter, agradecida, le hizo inmortal, alimentándole con ambrosía durante el día, y poniéndole por la noche en la hoguera para eliminar su mortalidad. Aterrorizada la madre al ver a su hijo en las llamas, Deméter se revelaba, abandonaba sus intenciones de hacer inmortal a Demofonte, y ordenaba que se le construyera un santuario en la colina, junto a la Fuente de la Virginidad. Allí debían celebrarse los ritos que ella misma enseñaba para que todos los iniciados en estos ritos adquiriesen la inmortalidad. Pero la sequía y el hambre duraron un año más, hasta que intervino Zeus, convenciendo a Deméter para que permaneciera su hija la tercera parte del año en el infierno de Plutón, acompañada de dos tercios de la Tierra.
Entonces reapareció la vida, y empezó a llover, hasta que con la vuelta de Core a los infiernos, en Otoño, volvía la esterilidad, esperando su resurrección en primavera.

Las fiestas dionisíacas helenas nunca fueron tan desenfrenadas como las traco-frigias, pues fueron una esperanza de inmortalidad, según la doctrina órfica de la reencarnación, que conducía finalmente a los Campos Elíseos. Pero fueron fiestas de tradición vegetal, en las que se identificaba a Deméter con Rea, madre de Zeus, del que concibió a Core, madre de Dionisos. Alusiones todas a la mítica unión de cielos y Tierra, con presencia también de las Ménades en algunos lugares, por lo que en Roma estas fiestas volvieron a ser bacanales tan salvajes que tuvieron que ser prohibidas por el senado, el 185 a. C.

El verdadero origen de la Pascua se remonta al año 1513 antes de Cristo, cuando el pueblo judío emprendió su éxodo desde Egipto, hacia la Tierra Prometida. Se celebraba cada año, como recordatorio de la liberación del pueblo hebreo.
En la víspera del primer día, se comían hierbas amargas mojadas en vinagre, para recordar la tristeza de la servidumbre. Y se narraban en tono cadencioso cánticos que hacían alusión a las diez plagas de Egipto.
El cordero de Pascua era escogido por cada familia. Con el tiempo, la ceremonia de inmolación fue llevada a cabo por la clase sacerdotal. El animal debía ser un macho cabrio, sano y de un año de edad. Se inmolaba al finalizar el día; y por la noche se comía con lechugas amargas. No estaba permitido romper sus huesos, ni dejar restos de carne. Por esta razón, los israelitas se reunían en grupos, para cumplir con las prescripciones de orden sagrado. Durante los siete días posteriores al 14 de Nisán (mes del calendario israelita correspondiente a marzo - abril del calendario español), el pueblo hebreo sólo comía pan sin levadura (no fermentado), al que llamaban "ázimo" o "pan de aflicción".
Por su parte, para los cristianos, la Pascua es la fiesta instruida en memoria de de la resurrección de Cristo.
El registro bíblico dice que la noche anterior a su muerte, Jesús se reunió con sus discípulos para celebrar la Pascua judía.
Posteriormente, instituyó lo que se conoce como la "Cena del Señor", y dijo a sus apóstoles "Sigan haciendo esto, en memoria de mi" (Lucas 22:19). La Cena del Señor debía celebrarse una vez al año; con ella se conmemoraba la muerte de Cristo.
Las tres principales fiestas judías son y eran la de la Pascua, la de los Tabernáculos y la de Expiación.

La de Pascua (Pesach), ya señalada anteriormente, se celebraba en la luna llena más próxima al equinoccio de primavera, cuando las primeras crías de las ovejas se ofrecían a un dios que simbolizaba la fertilidad del ganado, en un contexto lunar. Estas fiestas primitivas recordaban también una supuesta matanza de primogénitos egipcios, a cargo de Yahweh. Como después se conmemoró con esta fiesta la salida de Egipto (Exodo), el primigenio rito de pastores se combinó con la fiesta agrícola del Pan Ácimo (Massoth), en la que al principio el cordero pascual se comía deprisa, con hierbas amargas y pan sin levadura, para que fuese comido y quemados sus restos antes de salir el sol. Al principio la carne viva y sangrante se consumía en rito sacramental, y el manchar con la sangre del cordero los dinteles y jambas de las puertas fue medio religioso de espantar a los demonios. El Massoth está, pues, tomada de los cananeos, mediante la cual celebraban la cosecha de la cebada. Y era ya fiesta solar. Por eso siete días después se ofrendaba a Yahweh panes de trigo, cocidos con levadura, en la Fiesta de las Semanas (Shabu´oth). Tras la destrucción de Jerusalén, en el 71 d. C., la Pascua es ya fiesta doméstica.

En otoño se celebraba la Fiesta de los Tabernáculos (Sukkòth), al final de la vendimia, por lo que era también fiesta tomada de los cananeos. Celebraba el fin del año agrícola, y las primeras lluvias. Simbolizaba, por tanto, también la muerte y resurrección del dios del año, aunque los yavistas lo transformaron en la victoria de Yahweh sobre el caos primitivo, y su dominio sobre todos los reyes y naciones de la Tierra.
Por eso llevaban el Arca, en procesión solemne, al Templo, donde era aclamado como Señor y Soberano universal, triunfante sobre todo el mundo; y se pedían sus bendiciones para el año siguiente, mediante la renovación de la Alianza (Bêrith). Esta fiesta es similar, por otra parte, a la de Akitu, en Babilonia y Arcadia, por lo que Yahweh aparece asociado con Anat en los papiros de Elefantina.
Según Ezequiel en estas festividades las mujeres lloraban por Tammuz en el templo, y en Israel esos llantos se substituyeron por Salmos de lamentación. Ambos ritos expresaban, por tanto, la muerte del Dios Joven.

El primer día del séptimo mes se celebraba la Fiesta de la Expiación, con ritos distintos en épocas distintas:

  1. a mediados del s. IV a. C. se sacrificaban un becerro y un carnero, y se sorteaban dos machos cabríos, sacrificándose el destinado a Yahweh, y enviándose al desierto el destinado a un demonio en forma de cabra llamado Azacel;
  2. después el ritual fue más complicado y simbólico, arrojándose los esqueletos de los animales sacrificados en el campamento;
  3. al final esta fiesta quedó reducida a un gran sábado. De todas formas, para el perdón de los pecados, se exigía que las ofrendas fuesen acompañadas de arrepentimiento. Y ya el macho cabrío simbolizaba en esta fiesta los pecados del pueblo, por lo que vean que histórica y conceptualmente el catolicismo es también judaísmo: Cristo como Cordero de Dios, que expía los pecados del mundo.

La Nueva Enciclopedia Británica explica que los primeros cristianos celebraban la Pascua del Señor, al mismo tiempo que los judíos, durante la noche de la primera luna llena pascual (del día 14 de abib), del primer mes de primavera (14-15 de Nisán).
A mediados del siglo II, la mayoría de las iglesias había trasladado esta celebración, al domingo posterior a la festividad Judía. El Viernes Santo y el día de la Pascua Florida no empezaron a celebrarse como conmemoraciones separadas en Jerusalén, hasta finales del siglo IV. (Fuente: Seasonal Peast and Festivals).
Antiguamente, los clérigos eran los encargados de bendecir el cordero pascual y luego lo repartían entre ellos. Más tarde, el cordero fue sustituido por pequeños pasteles de carne de cordero, que se distribuían a los feligreses, luego de la misa.
En el mundo Anglosajón otros registros históricos mencionan que los orígenes de la Pascua Florida (en ingles "Easter") se remontan a la fiesta primaveral en honor a la diosa teutónica de la luz y la primavera, conocida como "Easter". (The Westminster Dictionary of the Bible).
La primavera era una época sagrada para los adoradores fenicios del sexo. Los símbolos de la diosa de la fertilidad; "Astarté" o "Istar" eran el huevo y la liebre. En algunas estatuas se la representa con los órganos sexuales toscamente exagerados, mientras que en otras figuras aparece con un huevo en la mano y un conejo a su diestra.
La popularidad de esta deidad, se debió en parte a la amplia difusión que tuvo en la antigüedad la prostitución sagrada, como parte del culto.
En Cartago, se descubrieron urnas de colores brillantes, debajo de monumentos erigidos en honor a esta diosa, que contenían huesos carbonizados de niños y adolescentes.
Sucede que los padres de las pequeñas víctimas (por lo general, personas de alto rango y con títulos) esperaban que los dioses bendijeran sus riquezas e influencias, mediante estos sacrificios humanos.
Según el libro Medieval Holidays and Festivals: "La celebración de la Pascua Florida recibió su nombre (Easter), en honor a Eostre, diosa germánica del alba y la primavera".
Cuenta la leyenda, que Eostre abrió las puertas del Walhalla, para recibir a Valder, conocido como el Dios Blanco, debido a su pureza y también, como el Dios Sol, porque se creía que su frente suministraba luz a la humanidad.
Originalmente, estos ritos de la primavera fueron concebidos para "ahuyentar a los demonios del invierno".
Son notables las similitudes de los ritos; incluso la semejanza léxica y morfológica que tiene la palabra inglesa Easter (Pascua Florida), apenas diferenciada del nombre de la diosa pagana de la antigüedad (The Two Babilons, de Alexander Hislop).
Fue así como poco a poco, la tradición fusiona el significado cristiano con ceremonias paganas. Aquellos rituales, imposibles de desarraigar eran reasimilados bajo nuevas formas. El júbilo por el nacimiento del sol y por el despertar de la naturaleza, se convirtió en el regocijo por el nacimiento del sol de la justicia y por la resurrección de Cristo.