Los Reyes de León II

Publicado en León,sitios,historias y tradiciones el 20 de Marzo, 2007, 14:34 por themackintoshman

Ramiro II de León

Estatua de Ramiro II en la Plaza de Oriente de Madrid. Esculpida en piedra blanca por Philippe Boiston entre 1750 y 1753.
Estatua de Ramiro II en la Plaza de Oriente de Madrid. Esculpida en piedra blanca por Philippe Boiston entre 1750 y 1753.

Ramiro II el Grande (c. 898 - León, enero de 951), quinto rey de León (931 - 951), uno de los más notables monarcas leoneses, apodado El Diablo por sus enemigos musulmanes a causa su ferocidad y energía.

Juventud

Tercer hijo de Ordoño II y Elvira Menéndez, siendo niño se encomendó su crianza y educación a Diego Fernández y su esposa Onega, un poderoso matrimonio residente en las tierras del Duero y más tarde en las del Mondego, centro de un núcleo de repoblación agrupado en torno al infante Vermudo Ordóñez, hermano de Alfonso el Magno, de quien Onega era sobrina. Ramiro se ganó en pocos años la admiración entusiasta de las gentes de guerra, creando en torno a su persona la imagen del caudillo inteligente y atrevido, a cuya espontánea conmemoración se fueron sumando romances, coplas, leyendas y relatos populares.

En 924 muere Ordoño II, y hereda el trono su hermano Fruela II, que desplaza del mismo a los hijos de Ordoño II. Sin embargo, Fruela muere de lepra al cabo de un año, provocando un grave problema sucesorio que enfrentó a su propio hijo, Alfonso, con los hijos de Ordoño II. Alfonso Froilaz contaba con el apoyo de los nobles asturianos, mientras que Sancho, Alfonso y el propio Ramiro, los hijos de Ordoño II, tenían con el respaldo de los magnates gallegos y portugueses, amén del apoyo del rey navarro Sancho I Garcés.

La victoria correspondió a estos últimos, dividiéndose el reino:

  • León, para Alfonso, segundogénito del rey Ordoño, que reinaría como Alfonso y disfrutaría de la primacía jerárquica sobre sus hermanos.
  • Galicia, hasta el Miño, para el mayor, Sancho, con el título de Rey.
  • La zona entre los ríos Miño y Mondego, en el norte del actual Portugal, para Ramiro, también con título regio.

Vermudo Ordóñez y Diego Fernández murieron poco antes del 928, pero ya desde 926 el infante Ramiro se hacía cargo de la provincia, cuya frontera sur avanzaba constantemente, hasta llegar a la vista del Tajo desde sus centros principales de Viseo y Coimbra. Este territorio del norte del actual Portugal, con título de reino fue adjudicado al joven Ramiro al finalizar la contienda sucesoria entre los Froilaz y los Ordóñez. El infante, que debía de contar por estos días los 25 años y estaba ya casado con Adosinda Gutiérrez, hija del conde Gutier Osóriz e Ildoncia Menéndez.

Alfonso, el futuro monje, se coronó solemnemente en León el 12 de febrero de 926, y once días después Ramiro, su hermano, se hallaba ya en Viseo, capital de su pequeño reino, donde quiso dar el primer testimonio de su realeza y el primer reconocimiento público de su deuda de gratitud y afecto a sus padres nutricios, Diego Fernández y Onega, ahora representados por su hija Mumadomna y Hermenegildo González, esposo de ésta, a quienes donó la villa de Creximiri, solemnizando el acto con la presencia y suscripción de dieciséis personajes que debieron ser el selecto grupo de su séquito oficial.

En 929 Muere su hermano Sancho, y Ramiro es coronado como Rey de Galicia en Zamora, ciudad que inmediatamente convierte en su capital.

En junio de 931, la muerte de Onega, esposa de Alfonso IV, sume a éste en una gran depresión y llama a su hermano Ramiro para que se haga cargo del trono leonés, manifestando su intención de retirarse al Monasterio de Sahagún para practicar la oración.

Comienzo del reinado

Ramiro se hizo coronar en León, según la Nómina Leonesa, el 6 de noviembre de 931. En 932, el nuevo Rey se trasladó a Zamora con objeto de armar un gran ejército para socorrer a la ciudad de Toledo, que le había pedido ayuda contra Abderramán III. Sin embargo, por entonces Alfonso IV ya se había arrpentido de su renuncia al trono, por lo que se trasladó a León con sus partidarios para recuperar el poder. Enterado Ramiro II de tales movimientos por mensaje del obispo Oveco, a quien había encomendado el gobierno en su ausencia, marchó sobre León con sus tropas e hizo detener y encerrar en un calabozo a su hermano.

La situación fue aprovechada por Alfonso Froilaz y sus hermanos, los hijos de Fruela II para intentar acceder al poder. Sin embargo, el enérgico e inflexible Ramiro II contaba con el valioso auxilio del conde de Castilla, Fernán González, así como del rey navarro Sancho I Garcés. En pocos días dominó la situación, y persiguió a sus enemigos hasta Oviedo, derrotándolos. Tras capturarlos, ordenó que les sacaran los ojos a todos, incluido a su hermano, y los confinaran en el monasterio de Ruiforco de Torío.

Una vez afianzado en el trono, Ramiro prosiguió el proceso de conquista territorial en el sur del reino. Comenzó conquistando la fortaleza omeya de Margerit, la actual Madrid, a mediados del 932, en su idea de liberar a Toledo. Pero ya ocupadas por al-Nasir, tiempo antes, las fortalezas de la margen derecha del Tajo, Ramiro solo pudo desmantelar las fortificaciones de Madrid y depredar sus tierras más próximas, de donde trajo numerosas gentes, mientras Abderramán entraba triunfalmente en Toledo el día 2 de agosto.

Campañas militares

Al comienzos del verano del año siguiente, 933, el propio Califa, se presentaba con su ejército frente a San Esteban de Gormaz o Castromoros, de lo que Ramiro tuvo noticia por correos que le envió Fernán González. Una vez oído lo cual, según el cronista Sampiro, el rey puso en movimiento su ejército y salió contra ellos en un lugar llamado Osma, e invocando el nombre del Señor,mandó ordenar sus huestes y dispuso que todos los hombres se preparasen para el combate. El Señor le dio gran victoria, pues matando a buena parte de ellos y haciendo muchos miles de prisioneros trájolos consigo y regresó a su ciudad con señalado triunfo.

El verano del año 934, otra poderosa aceifa cordobesa marchó sobre Osma, y avanzando por el corazón de Castilla llegó hasta Pamplona, donde obtuvo la sumisión de la reina Toda de Navarra, volvió sobre Álava y luego sobre Burgos y el monasterio de Cardeña -donde dio muerte a 200 monjes-, comenzando a retroceder desde Hacinas, acosado por guerrillas y emboscadas. Ramiro llegó al Duero cuando el ejército cordobés ya había alcanzado Burgos y Pamplona. Tomó sin gran esfuerzo la fortaleza de Osma y esperó allí el regreso de su enemigo, que marchaba por el mismo camino de entrada. Los Anales Castellanos Primeros resumen la acción que subsiguió: Segunda vez vinieron los moros a Burgos, en la era 972 (año 934). Pero nuestro rey Ramiro les salió al encuentro en Osma y mató a muchos millares de ellos.

Tres años después veremos al rey leonés actuando hábilmente en apoyo de Aboyaia, rey de Zaragoza, a quien el califa acusaba de traidor y culpable principal del desastre en Osma. El cronista Sampiro abrevia así los hechos:

Ramiro reuniendo su ejército se dirigió a Zaragoza. Entonces el rey de los sarracenos, Aboyaia, se sometió al gran rey Ramiro y puso toda su tierra bajo la soberanía de nuestro rey. Engañando a Abdarrahmán, su soberano, se entregó con todos sus dominios al rey católico. Y nuestro rey, como era fuerte y poderoso, sometió los castillos de Aboyaia, que se le habían sublevado, y se los entregó regresando a León con gran triunfo.

Sampiro omite que el monarca leonés dejó guarniciones navarras en estos castillos, pues Ramiro contó con el concurso y alianza del rey de Pamplona.

La gran ofensiva cordobesa

Después de la pérdida de la estratégica Zaragoza, es fácil comprender la airada reacción del envanecido Abderramán III, tantas veces humillado y castigado por un rey tan notable como escaso en recursos. Tras cercar y conquistar Calatayud, Abderramán conquistó uno tras otro todos los castillos de la zona. Al llegar a las puertas de Zaragoza, Abu Yahya capituló, acción que el califa aprovechó para emplearlo en una ofensiva contra Navarra que concluyó en la capitulación de la reina Toda, que se declaró vasalla del califa.

El califa omeya concibió entonces un proyecto gigantesco para acabar de una vez por todas con el reino leonés, al que denominó gazat al-kudra o campaña del supremo poder. El omeya reunió a más de cien mil hombres alentados por la llamada a la yihad. Desde la salida de Córdoba se dispuso que todos los días se entonase en la mezquita mayor la oración de la campaña, no con sentido deprecatorio, sino como anticipado agradecimiento de lo que no podía menos de ser un éxito incontrovertible.

A la cabeza de tan imponente fuerza militar, el califa cruzó el Sistema Central, adentrándose en territorio leonés en el verano de 939. Ramiro II reunió una coalición navarra, leonesa y aragonesa que derrotó a a los ejércitos del califa en agosto de 939, en la batalla de Simancas, una de las más destacadas no ya de la historia de Epsaña, sino de la Humanidad.

Abderramán III escapó semivivo dejando en poder de los cristianos un precioso ejemplar del Corán, venido de Oriente, con sus valiosas guardas y su maravillosa encuadernación, y hasta su inestimable cota de malla, tejida con hilos de oro, que el sobresalto del suceso no le dejó tiempo a vestir. Del campamento mahometano trajeron los cristianos muchas riquezas con las que medraron Galicia, Castilla y Álava, así como Pamplona y su rey García Sánchez.

Esta victoria permitió avanzar la frontera leonesa del Duero al Tormes, repoblando lugares como Ledesma, Salamanca, Peñaranda de Bracamonte Sepúlveda y Vitigudino.

La labor de gobierno

Además de obtener tan señeras victorias y extender las fronteras del reino desde el Duero hasta las cercanías del Tajo, Ramiro II estabilizó y fortaleció el entramado administrativo, completando la tarea de asentamientos mozárabes y su organización, que en algunas comarcas, como la cuenca del Cea, fue dirigida personalmente el Rey.

Engrandeció la Corte con la creación del nuevo palacio real, la restauración del monasterio de San Claudio y la nueva implantación de los de San Marcelo y de San Salvador, contiguo al palacio real, todo ello bajo el patrocinio del monarca. Asimismo, se erigieron y dotaron convenientemente otros muchos monasterios en toda el área del reino.

Normalizó el desarrollo de las funciones administrativa y jurisdiccional, planificando los cuadros personales de la curia regia y de otras instituciones subordinadas. Veló incluso por la autenticidad de la vida cristiana y se celebra con tal finalidad en los primeros días de septiembre de 946, por iniciativa del obispo Salomón de Astorga, y bajo la presidencia personal del Rey, la gran asamblea de Santa María de Monte Irago.

El conflicto con Fernán González

En los últimos años de su reinado, Ramiro II tuvo que hacer frente a los afanes independentistas del condado de Castilla. Tras encargar la repoblación de Peñafiel y Cuéllar al conde castellano Assur Fernández, distinguiéndole con la merced de conde de Monzón, Fernán González, el otro conde castellano, se sintió agraviado, porque tal condado taponaba su expansión hacia el sur. Junto con su yerno, el conde Diego Muñoz de Saldaña, se declararon en abierta rebeldía en 943.

Según Sampiro, Fernán González y Diego Muñoz ejercieron tiranía contra el rey Ramiro, y aun prepararon la guerra. Mas el rey, como era fuerte y previsor, cogiólos, y uno en León y otro en Gordón, presos con hierros, los echó en la cárcel. Efectivamente, al año siguiente Fernán González estaba ya encarcelado, y en Castilla había sido reemplazado por su rival, Assur Fernández y también por el segundogénito del rey, el infante Sancho a quien Assur Fernández serviría de ayo y consejero. Tras este descabezamiento las aguas volvieron a su cauce en Castilla y la autoridad regia leonesa, tras un envite de rebeldía castellana había conseguido que las tierras condales volvieran a someterse a su paz.

La prisión de Diego Muñoz, conde de Saldaña, pudo durar sólo unos meses, mientras que la del conde de Castilla, Fernán González, debió de durar algún tiempo más, hasta la Pascua de 945 Ramiro II libera al traidor, no sin antes hacerle jurar fidelidad y obligarle a renunciar a sus bienes. Para dar solemnidad a lo pactado. poco después se produce la boda entre la hija del conde, Urraca Fernández y su propio hijo y heredero, Ordoño. Sin embargo ya en libertad, Fernán González sigue proclamando su título condal, refugiado en la parte oriental de Castilla. Estas disensiones internas debilitaron el reino leonés, lo cual es aprovechado por los mahometanos para lanzar innumerables razzias de castigo con destino al reino cristiano. El arabista francés Evariste Lévi-Provenzal sospechar que durante estos años Fernán González pudo establecer algún tipo de amistad o de alianza con el califa de Córdoba. Las razzias dejaron en paz a Castilla, y se dirigieron hacia la zona occidental del reino. La de 940, capitaneada por Ahmed ben Yala, va hacia la llanura leonesa; la de 944, mandada por Ahmed Muhammad ibn Alyar, penetra en el corazón de Galicia; la de 947 bajo el mando de Kand, un cliente del califa, lleva la misma dirección, aunque no logró pasar de Zamora; y la de 948 penetró hasta Ortigueira.

Con tantas expediciones en contra, tan pertinazmente dirigidas hacia el núcleo del reino, Ramiro II hubo de concentrse en el Occidente de su reino, descuidando mucho las tierras castellana, lo que fue aprovechado por Fernán González para recuperar todo lo perdido, y tanto recuperó que las relaciones no tuvieron otra opción que la de «mejorar», incluso hasta restituirle los viejos honores con el título de conde. El infante Sancho, regresó a León y Assur Fernández volvió a su condado de Monzón.

El ocaso del Rey

Sobrevienen unos años de relativa tranquilidad, únicamente salpicados por las continuas razzias que salpican habitualmente cualquiera de los reinos, quizás para recordar a sus gobernantes que éstos son tiempos guerreros y no es conveniente que sus soldados bajen nunca la guardia.

En 950 el monarca leonés partió desde Zamora hacia su última aventura en tierras mahometanas, realizando una expedición de saqueo por el valle del Tajo, derrotando una vez más a las tropas califales en Talavera de la Reina, causando innumerable destrucción y obteniendo rico botín y algunos miles de prisioneros.

El Rey de León, físicamente decaído, es sustituido hijo, el futuro Ordoño III, quien prácticamente se hace cargo de los asuntos del reino. Al regreso de un viaje a Oviedo se ve aquejado de una grave enfermedad, de la que no conseguirá recuperarse.

El último acto público de su vida fue su abdicación voluntaria en León, la tarde del día 5 de enero de 951, cuando el Rey debía de contar unos 53 años. Creyéndose próximo a la muerte se hizo llevar a la iglesia de San Salvador, contigua al Palacio, y a presencia de todos se despojó de sus vestiduras y vertió sobre su cabeza la ceniza ritual, uniendo en el mismo acto la renuncia solemne al trono y la práctica de la penitencia pública in extremis, con la misma fórmula que en su día pronunciara San Isidoro de Sevilla.

Falleció ese mismo mes, reinando ya su hijo Ordoño III.

Semblanza del monarca

La personalidad histórica de este príncipe, una de las más destacadas y atrayentes figuras de la Edad Media, se nos presenta bajo el signo de un incesante quehacer: el mismo rasgo -labori nescius cedere: no sabía descansar- que, según la Historia Silense, había caracterizado a Ordoño II, su padre.

Pese a su carácter temperamental, Ramiro II fue un hombre de una profunda religiosad, que en documento de 21 de febrero de 934, con ocasión de confirmar a la sede compostelana los privilegios otorgados por sus predecesores, se expresaba así: De qué modo el amor de Dios y de su santo Apóstol me abrasa el pecho, es preciso pregonado a plena voz ante todo el pueblo católico.

Esposas e hijos

Ramiro había casado primeramente con Adosinda Gutiérrez, su prima hermana, de quien hubo dos hijos:

  • Vermudo, muerto en su niñez, poco después de enero de 941.
  • Ordoño, que le sucedió en el trono con el nombre de Ordoño III.

Repudiada Adosinda, quizá por imposición de la ley canónica, casó el rey con Urraca Sánchez -hija de Sancho Garcés y de Toda de Navarra- de quien tuvo otros cuatro hijos:

Ordoño III de León

Ordoño III (¿, c. 925 - † Zamora, 956), rey de León (951-956). Hijo y sucesor de Ramiro II (931-951), se enfrentó a navarros y castellanos, que apoyaban a su hermanastro Sancho en su disputa por el trono. Éste estaba apoyado por el reino de Navarra y el conde castellano Fernán González, aunque finalmente perdió la lucha por el poder en 953, lo que originaría además el sometimiento del conde castellano al rey.

Éste no fue el único problema que tuvo durante su reinado, ya que además soportó numerosas rebeldías internas, ataques de al-Andalus y una sublevación en Galicia. En respuesta a los musulmanes, Ordoño III envió gran número de tropas, que consiguieron llegar hasta Lisboa (955). Ante semejante demostración de fuerza, los musulmanes no tuvieron más remedio que pedir la paz, cuyas negociaciones finalizaron con la firma de un tratado de paz entre el rey y el califa Abd al-Rahman III (912-961).

Por otro lado, llevó a cabo una exhaustiva reorganización de sus territorios y continuó con el proceso de fortalecimiento de las instituciones reales que inició su padre.

Sancho I de León

Sancho I el Craso (935-966), rey de León en dos periodos diferentes (956-958 y 960-966). Hijo de Ramiro II y nieto del rey navarro Sancho Garcés I y de doña Toda de Navarra. A Ramiro II le sucedió su hijo Ordoño III, en 951, con la oposición de Sancho, que le disputó la corona.

Al morir Ordoño (956), Sancho I subió al trono leonés, pero dos años después, rechazado por su extrema gordura, fue destronado por los nobles leoneses y castellanos, encabezados por el conde Fernán González, que nombraron rey a Ordoño IV.

Entonces, Sancho acudió al lado de su abuela, la reina Toda de Navarra, a quien pidió ayuda para recuperar su reino. Hizo un trato con los árabes Abderramán III y Hasday ibn Saprut, que le ayudaron a tomar Zamora en 959. Más tarde, con el apoyo de la nobleza leonesa y navarra, expulsó del trono a Ordoño IV.

El rey tardó poco en olvidarse de su acuerdo con los musulmanes, que pasaron entonces a apoyar a Ordoño IV, aunque su enfrentamiento no pasó esta vez de unas cuantas incursiones de castigo. En los últimos años de su reinado se sucedieron las rebeliones nobiliarias y se afianzó la independencia de los condes castellanos y gallegos. Al parecer, murió envenenado y le sucedió su hijo Ramiro III.

Ordoño IV de León

Ordoño IV, apodado el Malo (c. 924 - † Córdoba, 960), rey de León (958-960). Era hijo de Alfonso IV y sobrino de Ramiro II y estaba casado con Urraca Fernández, hija del conde castellano Fernán González. Tras la muerte de Ordoño III (951-956), y en medio de graves luchas civiles, fue elegido rey por los nobles leoneses que expulsaron del trono a su primo Sancho I (956-958; 960-966).

Su sobrenombre se debe a su perversidad. Casi no se sabe nada de su mandato, ya que fue muy breve. No obstante, en tan poco tiempo se enemistó con sus vasallos. Cuando perdió el trono tuvo que refugiarse en Asturias. Posteriormente consiguió cobijo en Burgos, pero también tuvo que marchar de allí y abandonar a su mujer en dicha localidad al perder el favor del conde Fernán González, ya que éste juró vasallaje a Sancho I.

Finalmente, se refugió en Al-Andalus, donde rogó a los musulmanes que le ayudasen a recuperar el trono. Sus peticiones nunca fueron atendidas.

Ramiro III de León

Ramiro III (961-984), rey de León (966-984). Hijo de Sancho I, a quien sucedió en el trono con tan sólo cinco años. Tanto su tutela como la regencia del reino quedaron en manos de dos monjas: su tía Elvira Ramírez (que hizo las veces de reina durante la minoría de edad del monarca) y su madre Teresa Ansúrez, que había entrado en un convento al morir su marido. Como consecuencia de esto, su reinado tuvo un gran apoyo por parte del clero.

Como rey, ratificó el tratado de paz con el califa Al-Hakam II y se enfrentó a los vikingos que habían invadido las costas gallegas. Con la llegada al califato de Hisham II concluyó el periodo de paz con los musulmanes. Las tropas musulmanas, al mando del visir Almanzor, se dedicaron a asolar las tierras del norte de la península.

Al llegar a la mayoría de edad, y tras su boda con Sancha, con la que no tuvo hijos, Ramiro III trató de instaurar una especie de monarquía absolutista, lo que tuvo como resultado la acentuación de las tendencias separatistas de Castilla y Galicia del Reino de León. Esto, unido a las constantes derrotas contra los musulmanes, la más sonada de las cuales tuvo lugar en San Esteban de Gormaz (976), hizo que los nobles se sublevaran contra el rey, proclamando nuevo monarca a Bermudo II (982), hijo bastardo de Ordoño III, que reinó en Galicia y Portugal.

Bermudo II de León

Bermudo II el Gotoso (956-999), rey de León (984-999). Hijo de Ordoño III (951-956), se alzó contra el rey leonés Ramiro III (966-984). Casado en primeras nupcias con Velasquita, hija de Ordoño IV, con la que tuvo una hija, Cristina. A la muerte de su mujer contrajo matrimonio nuevamente con Elvira, hija del conde castellano García Fernández, con la que tuvo tres hijos, Alfonso V, Teresa y Sancha. También tuvo dos hijos ilegítimos: Elvira y Pelayo.

Consiguió el trono gracias al apoyo de gallegos y portugueses, aunque tras su proclamación tuvo que ponerse bajo la protección del Califato de Córdoba, ya que los empujes del Condado de Castilla y las rebeliones internas en el reino hacían prácticamente imposible que pudiese resolver tantos problemas él mismo. Como resultado, y aunque de resultas del protectorado logró recuperar Zamora, los ejércitos de Almanzor se quedaron en el Reino de León como fuerzas de ocupación y no logró expulsarlos, de forma violenta, hasta el 987.

Como consecuencia, Almanzor montó en cólera y destruyó Coimbra. Después avanzó sobre León, la sitió y la arrasó. Bermudo II se refugió entonces en Zamora, ciudad de la que tuvo que huir a Lugo tras la persecución a la que le sometió Almanzor, lo que causó la destrucción de ambas ciudades. No contento con esto, las tropas musulmanas conquistaron Gormaz y Coruña del Conde (aún conocida como Clunia) (994), Astorga (996) y saquearon el castro Bergidum (El Bierzo) y Santiago de Compostela (997).

En el 999 se agravó tanto la gota que padecía (de ahí su apodo) que le resultaba imposible cabalgar y tenía que ser transportado en una litera. Ese mismo año murió en el monasterio de Villabuena, El Bierzo (León) y fue enterrado en el Monasterio de Carracedo. Posteriormente, sus restos fueron trasladado a la Catedral de León.

Alfonso V de León

Estatua en Madrid (D. Martínez, 1750-53).
Estatua en Madrid (D. Martínez, 1750-53).

Alfonso V, apodado el Noble (c. 994Viseu, 1028). Rey de León y de Galicia desde 999 hasta su muerte. Sucedió a su padre Bermudo II a la edad de cinco años, quedando bajo la tutela de doña Elvira, su madre, y del conde gallego Menendo González.

Durante su minoría de edad obtuvo apoyo de Navarra y Castilla para vencer a Almanzor en la batalla de Calatañazor. Repobló la ciudad de León, que había sido destruida por los musulmanes y reunió a los nobles en Curia Plena para la elaboración y posterior aprobación del Fuero de León en 1017.

Por otro lado, hizo frente a una invasión normanda y a las ansias expansionistas del conde castellano Sancho García. Se casó con Doña Elvira Menéndez de Melanda (hija de Menendo Gozález de Galiz y de Doña Toda) y con Urraca Garcés de Pamplona (hija de García Sánchez de Navarra y de Jimena Fernández), matrimonio que vino a solucionar las tensiones territoriales existentes con Navarra.

Su hijo Bermudo III heredó el trono en 1028. Tuvo dos hijas: Sancha, nacida de doña Elvira, y Jimena, nacida de doña Urraca. Murió sitiando la plaza de Viseu, en Portugal.

Matrimonios e hijos

Casó en 1ªnp en 1015 con:

Elvira Menéndez de Melanda, natural de Galicia, fallecida el 2-XII-1022; hija del Conde Melendo González. Padres de:

1.- Bermudo III, nacido en 1017, fallecido en IX-1037. Rey de León 1028-37. Casó en 1028 con Jimena de Castilla, fallecida después de 1063; hija del Conde Sancho de Castilla y de Urraca. Padres de:

   A.- Alfonso, nacido y fallecido en 1030. 

2.- Sancha de León, nacida en 1016, fallecida el 7-XI-1067. Casó en 1032 con el Rey Fernando I de Castilla "el Magno".

En 2ªnp casó en 1023 con:

Urraca de Navarra, hija del Rey García Sánchez II de Navarra "el Temblón". Padres de:

3.- Jimena de León, casó con el Conde Fernando Gundemáriz.

Fuera de matrimonio:

4.- Jimena de León, casó con Diego Rodríguez de Asturias, Duque de Asturias, Conde de Oviedo.

5.- Nuño Álvarez de Asturias, (de Amaya) Señor de Gijón, Adelantado Mayor de Asturias.

Bermudo III de León

Bermudo III (1017-1037), rey de León (1028-1037). Hijo y sucesor de Alfonso V, hermano de la reina Sancha(esposa de Fernando I) y tio de Sancho II y Alfonso VI. Subió al trono con tan sólo once años. Durante su reinado, el reino de Navarra alcanzó su máximo esplendor bajo Sancho Garcés III el Grande.

El futuro de su reino quedó marcado por un suceso acaecido en su capital, León. En 1029, el conde castellano García Sánchez acudió a dicha ciudad para casarse con la hermana de Bermudo III, Sancha. Una vez allí, fue asesinado por integrantes de la familia Vela, en venganza de una afrenta sufrida por el padre del conde. Como el conde castellano murió sin descendientes, el el rey Sancho Garcés III invadió el territorio castellano para tratar de hacer valer sus derechos sobre él, obtenidos por su matrimonio con Munia, hermana del fallecido, y conquistó las tierras comprendidas entre los ríos Cea y Pisuerga. Al mismo tiempo, ejecutó a los Vela. Al final, fue nombrado conde de Castilla el hijo de Sancho Garcés, Fernando I, que convertiría el condado en reino.

Cuando Bermudo III alcanzó la mayoría de edad en 1032 trató de recuperar los territorios del Reino de León conquistados por el rey de Navarra, pero no tuvo éxito. Lo intentó de nuevo mediante el matrimonio de su hermana Sancha con Fernando I, pero tampoco lo logró. Más bien al contrario, ya que Sancho Garcés III invadió su territorio y conquistó Astorga y León, territorios que no recuperó hasta la muerte del rey navarro.

Posteriormente, y tras una dura lucha, reconquistó las tierras situadas entre el Pisuerga y el Cea, pero encontró la muerte en la Batalla de Tamarón cuando intentaba ocupar la Tierra de Campos. Con él terminó la línea de reyes descendientes de Don Pelayo. El trono pasó a manos de su hermana Sancha, que cedió sus derechos a su marido, Fernando I.