9 de Abril, 2007


¿Existió Jesús realmente?

Publicado en Historia o parahistoria el 9 de Abril, 2007, 16:11 por themackintoshman

Hoy he añadido a los links interesantes, el Blog de Antonio Piñero,que es:

-Catedrático de la Universidad Complutense, especializado en "Lengua y literatura del cristianismo primitivo"
· Editor y traductor de textos antiguos (Apócrifos del Antiguo Testamento; Textos coptos gnósticos de Nag Hammadi, descubiertos en 1945; Hechos apócrifos de los Apóstoles)
· Autor de textos sobre Nuevo Testamento y cristianismo primitivo
"El otro Jesús. Vida de Jesús según los Evangelios apócrifos"
"Orígenes del cristianismo"
"Guía para entender el Nuevo Testamento"
"Biblia y Helenismo: pensamiento griego y formación del cristianismo"
· Autor de unos cuarenta artículos científicos sobre judaísmo, Antiguo y Nuevo Testamento y cristianismo primitivo en revistas nacionales y extranjeras
· Traductor de unas quince obras sobre Nuevo Testamento y cristianismo antiguo.

Ahí es nada,hace gala , éste autor, de una erudición,y de un saber, que resulta impresionante, desde un punto de vista científico,pretende demostrar la existencia de una persona,a la que hoy en día,conocemos como Jesús de Nazaret ,simplemente eso, no entra en disquisiciones sobre la divinidad del mismo,sólo habla de su existencia.

"Si hay una pregunta que se me haya repetido una y otra vez con ocasión de diversas intervenciones en público es ésta… Incluso alguno me ha llegado a decir, en el turno de preguntas de una conferencia, que “Es bien sabido que la ciencia sostiene que este personaje no existió nunca”. Esta última afirmación es rotundamente falsa: la ciencia histórica no sostiene tal cosa en su inmensa mayoría. Pero ¿existen argumentos contundentes para demostrar científicamente la existencia de Jesús?

Lo que quiero tratar aquí es: existe un poderoso argumento de los llamados de “crítica interna”, para demostrar la existencia histórica de Jesús, que está delante de nuestro ojos pero que casi nadie ve.

En un programa de televisión en el Canal 4, “Cuarto Milenio”, a propósito del recientemente descubierto Evangelio de Judas, el presentador Iker Jiménez me formuló una vez más esta pregunta. Yo respondí: “Hay pocos argumentos, ciertamente”. Al momento las líneas de teléfono del programa comenzaron a echar humo con gente que protestaba a propósito de mi afirmación “pocos”. Son pocos, pero los hay.

Es necesario, pues, aclarar y matizar. “Pocos” se refiere a testimonios de historiadores importantes del mundo antiguo, externos por completo al cristianismo, y cercanos a los hechos. Es decir, textos de obras históricas independientes del cristianismo que proporcionen un testimonio fehaciente de que Jesús existió.

Es sabido que en realidad se reducen a dos: el del historiador judío Flavio Josefo, en su obra Antigüedades de los judíos XVIII 63-64 y XX 200 (obra compuesta hacia el año 93 d.C.), y el del historiador romano Tácito, que en su obra Anales 15,44,3 (compuesta hacia el 116-117), y en la que afirma: “Este nombre de cristianos viene de Cristo, que fue ejecutado durante el reinado de Tiberio por el procurador de Judea Poncio Pilato”.

Estos dos textos son muy conocidos, y no voy a tratar de ellos en este momento. Sólo decir que se discute mucho sobre ellos, aunque la inmensa mayoría de los investigadores se inclina por su autenticidad.

Naturalmente, existen además de estos dos, muchos documentos cristianos que dan testimonio de la existencia de Jesús, empezando por los Evangelios. Pero los escépticos afirman con razón que son testimonios partidistas: están a favor del personaje, están imbuidos por la fe en él, y por tanto su credibilidad es más que dudosa.

Tampoco voy a entrar ahora a discutir este argumento en sí, y a dilucidar qué hay de historia verdadera y qué de propaganda religiosa en le Evangelios. Mi idea en este momento es otra, como afirmé al principio: existe un poderoso argumento a favor de la existencia histórico de Jesús que está delante de nosotros y que la mayoría no acierta a ver. Este argumento pertenece al ámbito de la crítica literaria e histórica interna a los documentos, es decir a la crítica que se ejercita con los documentos tal como están y han llegado a nosotros.

En concreto, si consideramos los evangelios, el argumento a favor de la existencia histórica de Jesús puede resumirse así: “Si Jesús fuera un invento de los evangelistas, lo habrían inventado de un modo que no les produjera tantas dificultades, tantos dolores de cabeza a la hora de mostrar quién era el personaje”.

Pongo rápidamente un ejemplo: la escena del bautismo de Jesús.

Para aclarar este ejemplo, intentaré meterme imaginativamente en la piel de un escritor evangélico. Si yo, como evangelista, me invento la escena del bautismo de Jesús a manos de Juan Bautista, y la dibujo de un modo similar a como aparece en los llamados Sinópticos (Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, sería un poco tonto, porque me estoy inventando una escena que va a producir a mí, y a mi Iglesia un buen monto de dificultades teológicas… algunas difícilmente superables.

En efecto, mi Iglesia, a finales del siglo I, ya cree que Jesús es el Hijo de Dios real y por esencia, no en lenguaje figurado, por tanto un ser sin pecado, absolutamente puro como Dios que es. Este Jesús visto de esta manera se llama técnicamente el “Cristo de la fe”. Por tanto se planteará a los fieles de modo inmediato la siguiente pregunta: ¿Para qué necesita un ser sin pecado bautizarse con la gente, recibir un bautismo que por esencia misma está destinado al perdón de los pecados?

Y que esta dificultad fue sentida, que así ocurrió efectivamente, lo muestra la manera cómo un evangelista detrás de otro trata esa escena y cómo procura explicarla y arreglarla. Al caer en la cuenta de las dificultades teológicas que el bautismo de va a suscitar entre sus lectores intentan por todos los medios darle una aclaración…, y esta explicación se hace añadiendo cosas a la escueta noticia de que “Jesús fue bautizado por Juan Bautista”… o modificándola.

El evangelista Marcos presenta el hecho con relativa sencillez, pero tiene la necesidad de añadir a la escena del bautismo un elemento maravilloso, una “teofanía” o aparición divina, que manifiesta a las claras que ese Jesús es algo distinto a los pecadores corrientes:

Por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. No bien hubo salido del agua vio que los cielos se rasgaban y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: “Tú eres mi Hijo muy amado; en ti tengo mis complacencias” (Mc 1, 9-11).

El siguiente evangelista en orden cronológico probable, Mateo, cae ya en la cuenta con mucha mayor viveza del problema teológico que hemos mencionado: ¡Jesús, absolutamente sin pecado, recibe un bautismo para remisión de los pecados! Mateo entonces –de su propia cosecha- enriquece la historia con un diálogo justificativo de este hecho entre Juan Bautista y Jesús:

Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” Le respondió Jesús: “Déjame ahora, pues así conviene que cumplamos toda justicia”. Entonces lo dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua, y en esto se abrieron los cielos… (Mt 3, 13-16).

Lucas, el evangelista siguiente, que escribe probablemente un poco después de Mateo, siente la necesidad de arreglar aún más el cuadro, y actúa con gran astucia literaria. En primer lugar antepone cronológicamente a la escena del bautismo de Jesús la encarcelación de Juan Bautista (3, 19-20). De este modo cuando llegue para Jesús el momento de ser bautizado, Juan Bautista ¡se halla en la cárcel! Implícitamente, el lector debe obtener la consecuencia de que Juan no pudo bautizarlo… Inmediatamente después del encarcelamien¬to, el evangelista Lucas describe la escena del bautismo, sin nombrar a Juan:

Cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús, y puesto en oración (añadido típico de Lucas), se abrió el cielo… (Lc 3, 21).

El cuarto evangelista, a quien la tradición llama Juan, que escribe unos veinte años más tarde, corta por lo sano y elimina el problema teológico de raíz: omite por completo la escena del bautismo y se limita a referir el testimonio, muy positivo, de Juan Bautista sobre Jesús:

Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: Viene un hombre detrás de mí, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo…” (1,29-30).

Este testimonio se repite varias veces, pero nunca se menciona el bautismo (Jn 1, 19; 1, 36; 3, 27).

El lector atento de los evangelios puede observar, pues, cómo un problema teológico, el bautismo de un personaje que se piensa sin pecado, Jesús, se va “arreglando” por medio de una reelaboración progresiva de la historia, hasta llegar al Cuarto Evangelio, que evita el problema omitiéndolo. Su autor no sólo elude la cuestión, sino que pone en boca de Juan Bautista unas palabras sobre quién es realmente Jesús propias de su teología particular, es decir sólo concebibles en boca del autor y no del Bautista, en momentos ulteriores de la vida del grupo cristiano, a saber cuando ya era firme la creencia en la resurrección, en la divinidad de Jesús y que su muere había sido un sacrificio redentor como el cordero de la Pascua.

¿Qué se deduce de este análisis literario e interno a los textos mismos?

Varias cosas e importantes:

1. El bautismo de Jesús fue un hecho histórico y de trascendencia, pues los evangelistas tuvieron que contarlo a pesar de la cantidad de problemas que ese hecho les planteaba a ellos y sus lectores.

2. Consecuentemente Jesús, de quien se cuenta tal hecho, hubo de existir históricamente. Cualquier otra hipótesis es absurda.

3. Si el personaje Jesús fuera absolutamente inventado, lo habrían “construido” los escritores evangélicos más consecuentemente: no habría diferencia alguna entre el “Cristo de la fe” y el “Jesús de la historia”. Los evangelistas no habrían inventado escenas que luego iban a costar a la Iglesia posterior un enorme dolor de cabeza teológico.

En resumen, si Jesús fuera un puro invento literario de los primeros escritores cristianos, siguiendo el modelo de una divinidad de salvación de la época, como supone la tesis de que Jesús “no existió realmente”, no habría habido problema alguno: tendríamos una narración sin sobresaltos ni problemas teológicos: los evangelios habrían sido diferentes."

Extraido de: http://blogs.periodistadigital.com/antoniopinero.php/2007/01/12/sobre_el_autor_74

La Pasión de Jesús, según la medicina.

Publicado en Historia o parahistoria el 9 de Abril, 2007, 16:07 por themackintoshman

A los 33 años Jesús fue condenado a muerte.
La "peor" muerte de la época. Sólo los criminales eran condenados como Jesús.

Jesús en el Huerto suda sangre
Los Evangelios nos dicen que Jesús comenzó a sudar sangre cuando estaba orando en el monte de los Olivos, específicamente en el jardín del Getsemaní. Esto no es un lenguaje poético sino una condición médica llamada "hematidrosis". No es muy común pero puede darse cuando hay un alto grado de sufrimiento psicológico.

Lo que sucede es que la ansiedad severa provoca la secreción de químicos que rompen los vasos capilares en las glándulas sudoríficas. Como resultado, hay una pequeña cantidad de sangrado en las glándulas y el sudor emana mezclado con sangre. No es mucha sangre sino una cantidad muy pequeña. Esto provocó que la piel quedara extremadamente frágil de modo que cuando Jesús fue flagelado por el soldado romano al día siguiente, su piel ya estaba muy sensible.

Ya Jesús estaba debilitado por lo sucedido en el Huerto y la noche entera sometido a falso juicio y golpizas y cárcel.

La flagelación
Las flagelaciones romanas eran conocidas por ser terriblemente brutales. Generalmente consistían de treinta y nueve latigazos. El soldado usaba un látigo con tiras de cuero trenzado con bolas de metal entretejidas. cuando el látigo golpeaba la carne, esas bolas provocaban moretones o contusiones, las cuales se abrían con los demás golpes. Y el látigo también tenía pedazos de hueso afilados, los cuales cortaban la carne severamente.

La espalda quedaba tan desgarrada que la espina dorsal a veces quedaba expuesta debido a los cortes tan profundos. Los latigazos iban desde los hombros pasando por la espalda, las nalgas, y las piernas. Mientras continuaba la flagelación, las laceraciones rasgaban hasta los músculos y producían jirones temblorosos de carne sangrante. Las venas de la víctima quedaban al descubierto y los mismos músculos, tendones y las entrañas quedaban abiertos y expuestos.

La víctima podía experimentar un dolor tan grande que le llevase a una conmoción hipovulémica. Hipo significa "bajo, "vol" se refiere a volumen y "émica" significa "sangre", por lo tanto, conmoción
hipovolémica quiere decir que la persona sufre efectos de la pérdida de una gran cantidad de sangre. Esto causa 4 efectos:
1. El corazón se acelera para tratar de bombear sangre que no existe.
2. Baja la presión sanguínea, lo que provoca un desmayo o colapso.
3. Los riñones dejan de producir orina para mantener el volumen restante.
4. La persona comienza a sentirse sedienta porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.

Camino al Calvario
Jesús se encontraba en condición hipovólemica mientras ascendía por el camino hacia el lugar de la ejecución en el Calvario llevando el madero horizontal de la cruz.

Finalmente Jesús se desplomó y un soldado romano le ordenó a Simón que llevara la cruz por él. Luego Jesús dice "Tengo sed" y en ese momento se le ofrece un trago de vinagre.



En el momento de la crucifixión
La muerte de Jesús fue todavía peor que la crucifixión común. No a todos los criminales condenados los clavaban a la cruz. Muchos eran amarrados.

A Jesús lo acostaron y clavaron sus manos en posición abierta en el madero horizontal. Esta viga se llamaba patibulum y en ese momento estaba separado el madero vertical, que estaba clavado al suelo de forma permanente.  

Los clavos que los romanos usaban eran de trece a dieciocho centímetros de largo, afilados hasta terminar en una punta aguda. Se clavaban por las muñecasEl clavo atravesaba el nervio mediano. Ese es el nervio mayor que sale de la mano y quedaba triturado por el clavo que lo martillaba. Este dolor es similar al que uno siente cuando se golpea accidentalmente el codo y se da en ese huesito (en el nervio llamado cúbito), pero ahora imagine tomar un par de pinzas y presionar hasta triturar ese nervio, ese dolor es similar al que Jesús experimentó.  Al romper ese tendón Jesús y por tener sus muñecas clavadas, Jesús fue  obligando a forzar todos los músculos de su espalda para poder respirar.

Dolor Excruciante
El dolor era tan insoportable que literalmente no existían palabras para describirlo. Se tuvo que inventar una nueva palabra llamada "excruciante" (que significa "de la cruz") para describir semejante dolor.

Jesús colgado en la cruz
Cuando Jesús fue alzado para unir el madero con el poste vertical se procedió a clavarle los pies. Nuevamente los nervios de los pies fueron triturados y eso debe haber causado un dolor similar al de las muñecas.

Al momento de estar en posición vertical sus brazos se estiraron intensamente, probablemente 15 centímetros de largo y ambos hombros debieron haberse dislocado (solo tome en cuenta la gravedad, para sacar su conclusión), lo que confirmaba lo escrito en Salmos 22 "dislocados están todos mis huesos".

Una vez que la persona cuelga en posición vertical, la crucifixión es una muerte lenta y agonizante por asfixia. La razón es que la presión ejercida en los músculos pone el pecho en la posición de inhalación. Básicamente, para poder exhalar, el individuo debía apoyarse en sus pies (fijos con clavos al madero) para que la tensión de los músculos se alivie por un momento. Al hacerlo, el clavo desgarraría el pie hasta que quede finalmente incrustado en los huesos tarsianos.

Después de arreglárselas para exhalar, la persona podría relajarse y descender para inhalar otra bocanada de aire. Nuevamente tendría que empujarse hacia arriba para exhalar raspando su espalda ensangrentada contra la madera áspera de la cruz.

Este proceso continuaba hasta que la persona ya no pudiera empujarse hacia arriba para respirar. Entonces moría.

Jesús aguantó esa situación por poco más de 3 horas.

Muerte de Jesús
A medida que la persona reduce el ritmo respiratorio, entra en lo que se denomina acidosis respiratoria: el dióxido de carbono de la sangre se disuelve como ácido carbónico lo cual causa que aumente la acidez de la sangre. Finalmente eso lleva a un pulso irregular. De hecho al sentir que su corazón latía en forma errática, Jesús se hubiera dado cuenta de que estaba a punto de morir, y es entonces que pudo decir: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" y luego murió de un paro cardiaco.

Incluso antes de morir la conmoción hipovolémica debe haber causado un ritmo cardíaco acelerado  sostenido que debe haber contribuido al paro cardíaco, lo cual dio por resultado la acumulación de fluido en la membrana que rodea al corazón llamada efusión pericárdica, al igual que alrededor de los pulmones, llamada efusión pleural.

Traspaso del Corazón
Para acelerar la muerte, los soldados quebraban las piernas de los crucificados, utilizando para ello una lanza romana para despedazar los huesos de la parte inferior de las piernas. Eso evitaba que la persona empujara hacia arriba con las piernas para poder respirar así que la muerte les seguía en cuestión de minutos.

En el Nuevo Testamento se nos dice que los huesos de Jesús no fueron quebrados como ocurrió con los otros crucificados. Esto fue así porque los soldados habían confirmado que Jesús había muerto; así se cumplió la profecía del Antiguo Testamento acerca del Mesías donde se dice que ninguno de sus huesos sería quebrado.  Pero el soldado romano para confirmar la muerte de Jesús le clavó la lanza en su costado derecho. La lanza atravesó el pulmón derecho y penetró el corazón. Por lo tanto, cuando se sacó la lanza, salió fluido claro, como el agua, seguido de un gran volumen de sangre, tal como lo describe Juan, uno de los testigos oculares, en su Evangelio.

Además hay que mencionar la humillación que sufrió por el desprecio y las burlas, cargando su propia cruz por casi dos kilómetros,
mientras la multitud le escupía el rostro y le tiraba piedras (la cruz pesaba cerca de 30 kilos, tan solo en la parte horizontal, en la que le clavaron sus manos).

Romanos 5,7-11
"En verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir -; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.  ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos de la cólera!  Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no solamente eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación."

Overbooking en el Santo Sepulcro

Publicado en Cosas curiosas el 9 de Abril, 2007, 11:32 por themackintoshman
Overbooking en el Santo Sepulcro
| Crónica | Una cuestión de fe |
Debido a una rara convergencia de los calendarios juliano y gregoriano, las cinco Iglesias cristianas -siria, copta, católica, armenia y ortodoxa- celebraron las dos Pascuas el mismo día

Miles de fieles de cinco Iglesias cristianas -siría, copta, católica, armenia y griega ortodoxa- celebraron el domingo la Pascua en la disputada basílica del Santo Sepulcro, enclave tradicional de la muerte, entierro y resurrección de Jesús.

Los peregrinos abarrotaron el templo barroco ubicado en el corazón de la Ciudad Vieja de Jerusalén, para asistir a la misa de Pascua oficiada por cada Iglesia, según el estricto orden fijado hace 150 años.

Israel, que impuso prohibiciones de viaje durante la Pascua judía, permitió a unos 8.000 palestinos de Cisjordania y a más de 500 de la franja de Gaza ingresar en Jerusalén.

Los peregrinos desfilaron en torno a la tumba de Cristo, algunos de ellos con lágrimas en los ojos. Otros frotaban telas y vestimentas contra la piedra de la Unción, una losa funeraria donde, según los latinos, Jesús habría sido embalsamado, y donde, según los griegos ortodoxos, habría sido colocado tras ser bajado de la cruz.
Noticia sacada de:
http://www.diariodeleon.es/inicio/noticia.jsp?CAT=248&TEXTO=5699733

Debido a una rara convergencia de los calendarios juliano y gregoriano, las cinco Iglesias celebraron las dos Pascuas el mismo día, la cuarta vez que esto ha sucedido en los últimos 20 años.

En el pasado, religiosos apasionados se enfrentaban a golpes y muchos debieron ser hospitalizados en medio de acusaciones de que uno se metió en territorio de una Iglesia rival o que otro se extendió en el tiempo más de lo debido.

«Si nuestra misa se alarga un par de minutos más, nuestra procesión se cruzará con la de los griegos y podría haber problemas», dijo el monje, nacido en Texas (suroeste de Estados Unidos).

El acuerdo de 'status quo' trazado por los otomanos en 1852 establece cada detalle de los domingos de Pascua.

Los armenios tienen hasta las diez de la mañana para celebrar su procesión y misa, los católicos de diez a una de la tarde y los griegos ortodoxos de la una y cuarto en adelante.

A las Iglesias más pequeñas, la siria y la copta, se les otorga una esquina del templo y algunos minutos para celebrar misa en las partes más retiradas, pero no se les permiten las procesiones.

Las reglas incluso establecen que los monjes coptos poseen tres minutos para entrar al santuario franciscano y prender incienso en la columna contra la cual se cree que Jesús fue azotado antes de su crucifixión.

Para evitar conflictos, los cambios de horarios para ahorrar energía no se aplican dentro de la iglesia y las llaves de las macizas puertas han permanecido en manos de dos familias musulmanas nad más y nada menos que desde hace siete siglos.