Septiembre del 2007


Mitraismo

Publicado en Religiones del mundo el 26 de Septiembre, 2007, 18:52 por themackintoshman

Artículo destacado
Mithra y el toro, fresco de la ciudad de Dura Europos, datable hacia los años 168 a 256
Mithra y el toro, fresco de la ciudad de Dura Europos, datable hacia los años 168 a 256

Se denomina mitraísmo (en persa: مهرپرستی) a una religión mistérica surgida en la época helenística (probablemente en el siglo II adC) en el Mediterráneo oriental, desde donde se difundió en los siglos posteriores a todo el Imperio Romano.

Alcanzó su máxima difusión en los siglos III y IV dC, época en que se convirtió en una fuerte competidora del cristianismo. Tuvo especial implantación entre los soldados romanos. La práctica del mitraísmo, como la de todas las religiones paganas, fue declarada ilegal en el año 391 por el emperador Teodosio.

Orígenes del mitraísmo

Mitra es una divinidad indoirania cuyo origen puede remontarse hasta el segundo milenio adC. Su nombre es mencionado por primera vez en un tratado entre los hititas y los mitanni, firmado hacia 1400 adC. En la India, figura en los himnos védicos como dios de la luz, asociado a Varuna. En los Avesta iranios es un dios benéfico, colaborador de Ahura Mazda, y recibe el sobrenombre de "juez de las almas". Es posible que su culto llegase a Occidente desde Irán gracias a la difusión del zoroastrismo, del que sería una especie de herejía. Sin embargo, los estudios actuales del mitraísmo tienden a considerar que no puede admitirse una filiación directa entre el Mitra indoiranio y el del mitraísmo, al que a veces denominan Mitras o Mithras, usando la forma griega de su nombre para diferenciarle del primero.

Principios del mitraísmo

La información existente sobre el mitraísmo (bastante fragmentaria) se refiere a su práctica durante el Bajo Imperio Romano. Era una religión mistérica, de tipo iniciático, basada en la transmisión oral y ritual de iniciado a iniciado, y no en un cuerpo de escrituras sagradas, por lo que la documentación escrita concerniente al mitraísmo es prácticamente inexistente. El estudio de esta religión se ha basado sobre todo en la iconografía que decoraba los mitreos.

El mitreo

El culto de Mitra se realizaba en templos denominados mitreos (latín mithraeum, pl. mithraea). Estos espacios eran en un principio cavernas naturales, y, más adelante, construcciones artificiales imitándolas, oscuras y carentes de ventanas. Tenían una capacidad limitada; la mayor parte de ellos no podían acoger a más de treinta o cuarenta personas.

En un mitreo típico pueden distinguirse tres partes:

  • La antecámara
  • El "spelaeum" o "spelunca" (la cueva), alargada sala rectangular decorada con pinturas y dos largas banquetas a lo largo cada una de las paredes para los banquetes sagrados.
  • El santuario, en el extremo de la cueva, en el que estaban el altar y la imagen -en pintura, bajorrelieve o estatua exenta- de Mitra dando muerte al toro, conocida como Mitra Tauróctonos.

Se han encontrado mitreos en muchos de los países que pertenecieron al Imperio Romano. Algunos han sido convertidos en criptas bajo iglesias cristianas. La mayor concentración de mitreos se encuentra en la capital, Roma, pero también se han descubierto en lugares tan distantes entre sí como el norte de Inglaterra y Palestina. Su distribución por la geografía del Imperio está en relación con los cuarteles e instalaciones militares.

Mitología e iconografía

No hay textos sobre el mitraísmo escritos por los propios adeptos, por lo que las únicas fuentes para conocer esta religión son las imágenes sagradas encontradas en los mitreos.

1. Relato mítico

Según el relato que ha podido reconstruirse a partir de las imágenes de los mitreos y los escasos testimonios escritos, el dios Mitra nació cerca de un manantial sagrado, bajo un árbol sagrado, de una roca (la petra generatrix; Mitra es llamado de petra natus). Esto enlaza con las tradiciones armenias de la cueva de Meher (Mitra). En el momento de su nacimiento llevaba el gorro frigio, una antorcha y un cuchillo. Fue adorado por pastores poco después de su nacimiento. Bebió agua del manantial sagrado. Con su cuchillo, cortó el fruto del árbol sagrado, y con las hojas de ese árbol confeccionó su ropa.

Encontró al toro primordial cuando pastaba en las montañas. Lo agarró por los cuernos y lo montó, pero, en su galope salvaje, la bestia lo hizo desmontar. Sin embargo, Mitra siguió aferrado a sus cuernos, y el toro lo arrastró durante mucho tiempo, hasta que el animal quedó exhausto. El dios lo agarró entonces por sus patas traseras, y lo cargó sobre sus hombros. Lo llevó, vivo, soportando muchos padecimientos, hasta su cueva. Este viaje de Mitra con el toro sobre sus hombros se denomina transitus.

Cuando Mitra llegó a la cueva, un cuervo enviado por el Sol le avisó de que debía realizar el sacrificio, y el dios, sujetando al toro, le clavó el cuchillo en el flanco. De la columna vertebral del toro salió trigo, y vino de su sangre. Su semen, recogido y purificado por la luna, produjo animales útiles para el hombre. Llegaron entonces el perro, que se alimentó del grano, el escorpión, que aferró los testículos del toro con sus pinzas, y la serpiente.

2. Iconografía
Tauroctonía
Tauroctonía

Algunas pinturas muestran a Mitra transportando una roca a su espalda, como Atlas en la mitología griega, o portando una capa cuyo forro interior representa el cielo estrellado. Cerca de un mitreo próximo a la Muralla de Adriano se halló una estatua de bronce de Mitra emergiendo de un anillo zodiacal en forma de huevo, hoy conservada en la Universidad de Newcastle. Una inscripción encontrada en Roma sugiere que Mitra podría identificarse con el dios creador del orfismo, Fanes, quien surgió del huevo cósmico al principio del tiempo, dando existencia al universo. Refuerza esta opinión un bajorrelieve del Museo Estense, en Módena, donde se ve a Fanes surgiendo de un huevo, rodeado de los doce signos del Zodiaco, en una imagen muy similar a la conservada en Newcastle.

La imagen central del mitraísmo es la tauroctonía, o Mitra Tauróctonos, que representa el sacrificio ritual por Mitra del toro sagrado. Esta representación tiene elementos iconográficos fijos: Mitra aparece tocado con un gorro frigio y mira a su víctima con compasión; en muchas representaciones, la cabeza de Mitra al tiempo del sacrificio del toro se gira hacia atrás como si cumpliese la inmolación a disgusto. Inclinado sobre el toro, lo degüella con un cuchillo sacrificial; de la herida del toro mana grano; junto al toro, figuran varios animales: un escorpión, que aprieta con sus pinzas los testículos del toro; una serpiente; un perro, que se alimenta del grano que brota de la herida; y un cuervo. A veces aparecen también un león y una copa. La imagen está flanqueada por dos personajes portadores de antorchas, llamados Cautes y Cautópates en los que se ha apreciado por algunos autores la doble epifanía de Mitra. La escena aparece situada en una especie de cueva, tal vez la representación del propio mitreo, o, según algunas interpretaciones, del cosmos, al estar presentes el sol y la luna.

3. Interpretaciones

Franz Cumont, autor de un estudio clásico sobre la religión de Mitra, interpreta esta imagen a la luz de la mitología irania. Vincula la imagen con textos que se refieren al sacrificio de un toro por Ahriman, el dios del mal; de los sangrientos restos del toro nacerían después todos los seres. Según la hipótesis de Cumont, Ahrimán sería después sustituido por Mitra en el relato mítico, y en esta forma habría llegado al Mediterráneo oriental.

Estatua de Mitra en los Museos Vaticanos
Estatua de Mitra en los Museos Vaticanos

David Ulansey lanzó una explicación radicalmente diferente de la imagen de Mitra Tauróctonos, basada en el simbolismo astrológico. Según su teoría, la imagen del Tauróctonos es la representación de Mitra como un dios tan poderoso que es capaz de transformar el orden mismo del Universo. El toro sería el símbolo de la constelación de Tauro. En los comienzos de la astrología, en Mesopotamia, entre el 4000 y el 2000 adC, el Sol estaba en Tauro durante el equinoccio de primavera. Debido a la precesión de los equinoccios el Sol está en el equinoccio de primavera en una constelación diferente cada 2.160 años, aproximadamente, por lo que pasó a estar en Aries hacia el año 2000 adC, marcando el final de la era astrológica de Tauro.

El sacrificio del toro por Mitra simbolizaría este cambio, causado, según los creyentes, por la omnipotencia de su dios. Esto estaría en consonancia con los animales que figuran en las imágenes de Mitra Tauróctonos: el perro, la serpiente, el cuervo, el escorpión, el león, la copa y el toro se interpretan como las constelaciones de Canis Minor, Hydra, Corvus, Escorpio, Leo, Acuario y Tauro, todas ellas en el ecuador celeste durante la era de Tauro. La hipótesis explicaría también la profusión de imágenes zodiacales en la iconografía mitraica. La precesión de los equinoccios fue descubierta y estudiada por el astrónomo Hiparco de Nicea en el siglo II adC.

Otra interpretación considera que el sacrificio del toro representa la liberación de la energía de la Naturaleza. La serpiente, como en el símbolo del Ouroboros, sería una alusión al ciclo de la vida; el perro representaría a la Humanidad, alimentándose simbólicamente del sacrificio, y el escorpión podría ser el símbolo de la victoria de la muerte. Los dos compañeros de Mitra, que portan teas y se llaman Cautes y Cautópates representarían respectivamente la salida y la puesta del sol.

Para los fieles, el sacrificio del toro tenía sin duda un carácter salvífico, y la participación en los misterios garantizaba la inmortalidad.

Niveles de iniciación

En el mitraísmo existían siete niveles de iniciación, que pueden estar relacionados con los siete planetas de la astronomía de la época (Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno), en este mismo orden, según la interpretación de Joseph Campbell. La mayoría de los miembros llegaban sólo el cuarto grado (leo), y sólo unos escogidos accedían a los rangos superiores. Los niveles, conocidos gracias a un texto de San Jerónimo que confirman varias inscripciones, eran los siguientes:

  • Corax (cuervo).
  • Cryphius (κρύφιος) (oculto). Otros autores interpretan este rango como Nymphus (esposo).
  • Miles (soldado). Sus atributos eran la corona y la espada.
  • Leo (león). En los rituales presentaban a Mitra las ofrendas de los sacrificios.
  • Perses (persa)
  • Heliodromus (emisario solar). Sus atributos eran la antorcha, el látigo y la corona.
  • Pater (padre). Sus atributos (el gorro frigio, la vara y el anillo) recuerdan a los del obispo cristiano.

En los ritos, los iniciados llevaban máscaras de animales relativas a su nivel de iniciación y se dividían en dos grupos: los servidores, por debajo del grado de leo y los participantes, el resto.

Los rituales

Para la reconstrucción de los rituales mitraicos, se cuenta únicamente con los textos de los Padres de la Iglesia que critican el mitraísmo, y de la iconografía encontrada en los mitreos.

Las mujeres estaban excluidas de los misterios de Mitra. En cuanto a los varones, parece que no se requería una edad mínima para ser admitido, e incluso fueron iniciados varios niños. La lengua utilizada en los rituales era el griego, con algunas fórmulas en persa (seguramente incomprensibles para la mayoría de los fieles), aunque progresivamente se fue introduciendo el latín.

El banquete de Mitra en un bajorelieve que se conserva en el Museo del Louvre
El banquete de Mitra en un bajorelieve que se conserva en el Museo del Louvre

Parece ser que el rito principal de la religión mitraica era un banquete ritual, que pudo tener ciertas similitudes con la eucaristía del cristianismo. Según el comentarista cristiano Justino, los alimentos ofrecidos en el banquete eran pan y agua, pero los hallazgos arqueológicos apuntan a que se trataba de pan y vino, como en el rito cristiano. Esta ceremonia se celebraba en la parte central del mitreo, en la que dos banquetas paralelas ofrecían espacio suficiente para que los fieles pudieran tenderse, según la costumbre romana, para participar del banquete. Los Cuervos (Corax) desempeñaban la función de servidores en las comidas sagradas. El rito incluía también el sacrificio de un toro. También se sacrificaban otros animales.

La estatua de Mitra Tauróctonos desempeñaba sin duda un papel en estos ritos, aunque no está muy claro cuál. En algunos mitreos se han descubierto pedestales giratorios, que permitirían mostrar y ocultar alternativamente la imagen a los fieles.

En algún momento de la evolución del mitraísmo, se utilizó también el rito del taurobolium o bautismo de los fieles con la sangre de un toro, practicado también por otras religiones orientales. Conocemos por Tertuliano la severa condena cristianas a estas prácticas.

Otros ritos debieron estar relacionados con las ceremonias de iniciación. Gracias a Tertuliano, se conoce el rito de iniciación del Soldado (Miles): el candidato era "bautizado" (probablemente por inmersión), se le marcaba con un hierro candente y por último se le probaba mediante el "rito de la corona" (se le colocaba la corona en la cabeza, y el neófito debía dejarla caer, proclamando que Mitra era su corona). Posteriormente los iniciados asistían a una muerte ritual y simulada, en la que el oficiante era un pater, posiblemente ligada a la reencarnación como último paso de la ceremonia iniciática. En el grado de Leo, sabemos por Porfirio, que se colocaba miel en la lengua de los recién nacidos y que esta práctica procede del culto iranio en la que la miel representaba la luna. Para los iniciados mayores se vertía la miel sobre las manos y éstos la lamían como señal de comunión. Seguramente, cada nivel de iniciación tendría su propio ritual.

Festividades

El 25 de diciembre (coincidiendo aproximadamente con el solsticio de invierno) se conmemoraba el nacimiento de Mitra. También eran sagrados los días 16 de cada mes. Los adeptos de Mitra santificaban también el domingo, día del Sol.

Historia del Mitraísmo

Antes de Roma

En la Persia aqueménida la religión oficial era el zoroastrismo, que postula la existencia de un único dios, Ahura Mazda. Esta divinidad es la única mencionada en las inscripciones que se conservan de la época de Darío el Grande (521-485 adC). Sin embargo, se conserva una inscripción, hallada en Susa, de la época de Artajerjes II (404-358 adC), en la que se menciona a Mitra junto a Ahura Mazda y a otra deidad llamada Anahita.

Moneda con el rostro de Mitrídates VI del Ponto, también apodado Eupator
Moneda con el rostro de Mitrídates VI del Ponto, también apodado Eupator

¿Existe vinculación entre este Mitra persa, y sus antecesores indoiranios, y el de la religión mistérica del Imperio Romano? Así lo creyó el iniciador de los estudios sobre la religión mitraica, Franz Cumont, pero en la actualidad la cuestión dista de estar clara.

Un posible indicio de la vinculación entre el Mitra persa y el romano puede encontrarse en los reinos de Partia y Ponto, muchos de cuyos reyes llevaron el nombre de Mitrídates, quizá relacionado etimológicamente con Mitra. Por otro lado, en Pérgamo, en Asia Menor, escultores griegos produjeron los primeros bajorrelieves con la imagen de Mitra Tauróctonos. Aunque el culto de Mitra no tuvo apenas difusión en la Hélade, estas imágenes marcan tal vez el camino de Mitra hacia Roma.

La primera referencia en la historiografía grecorromana al culto de Mitra se encuentra en la obra del historiador Plutarco, quien menciona que los piratas de Cilicia celebraban ritos secretos relacionados con Mitra en el año 67 adC.

El mitraísmo en el Alto Imperio Romano

Es probable que los introductores del mitraísmo en el Imperio Romano fueran los legionarios que habían servido a Roma en las fronteras orientales del Imperio. Las primeras evidencias materiales del culto de Mitra datan del año 71 o 72 de nuestra era: se trata de unas inscripciones hechas por soldados romanos que procedían de la guarnición de Carnuntum, en la provincia de Panonia Superior, y que probablemente habían estado antes en Oriente, en guerra contra los partos y en los disturbios de Jerusalén.

Hacia el año 80 de nuestra era, el autor romano Estacio menciona la escena de la tauroctonía en su Tebaida (I, 719,720). Plutarco, en su Vida de Pompeyo, deja claro que el culto de Mitra era ya conocido en su época.

A finales del siglo II el mitraísmo estaba ampliamente difundido en el ejército romano, así como entre burócratas, mercaderes y hasta entre los esclavos. La mayor parte de las evidencias arqueológicas proceden de las fronteras germanas del Imperio. Pequeños objetos de culto relacionados con Mitra se han encontrado en excavaciones arqueológicas desde Rumania hasta la Muralla de Adriano.

El Mitraísmo en el Bajo Imperio

Los emperadores del siglo III fueron en general protectores del mitraísmo, porque su estructura fuertemente jerarquizada les servía para reforzar su propio poder. Así, Mitra se convirtió en el símbolo de la autoridad y el triunfo de los emperadores. Desde la época de Cómodo, que se inició en sus misterios, los adeptos del culto procedían de todas las clases sociales.

Numerosos mitreos han sido hallados en las guarniciones de frontera del imperio. En Inglaterra, han sido identificados al menos tres, a lo largo del Muro de Adriano, en Housesteads, Carrawburgh y Rudchester. Restos de otro mitreo han sido descubiertos en Londres. Otros santuarios de Mitra erigidos en esta época se encuentran en la provincia de Dacia (donde se halló en 2003 un mitreo en Alba-Tulia), y en Numidia, en el norte de África.

La mayor concentración de mitreos, sin embargo, se encuentra en la propia Roma, y en la cercana ciudad portuaria de Ostia, con un total de doce templos identificados, aunque posiblemente existieron varios centenares. La importancia del mitraísmo en Roma puede juzgarse a partir de los hallazgos: más de 75 piezas escultóricas, un centenar de inscripciones, y ruinas de templos y santuarios por toda la ciudad y sus suburbios. Uno de los mitreos más destacados, que conserva el altar y los bancos de piedra, se construyó originalmente bajo una casa romana (lo que parece haber sido una práctica habitual) y sobrevive en la cripta sobre la que se construyó la Basílica de San Clemente, en Roma.

Difusión y espacio religioso del mitraismo

En el periodo de máximo esplendor, se considera que el mayor número de templos mitraicos en Roma no era superior a cien, y que cada uno de ellos no tenía más que un centenar de fieles, por lo que el volumen de practicantes se reduciría a unos diez mil en la metrópoli, según Windengren. La importancia otorgada al mitraismo en el Imperio romano viene dada por su abierta competencia con el cristinanismo y su condición de religión militar fuertemente implantada en las legiones, más que por el número de adeptos.

Final del mitraísmo

A finales del siglo III se produjo un sincretismo entre la religión mitraica y ciertos cultos solares de procedencia oriental, que cristalizaron en la nueva religión del Sol Invictus. Dicha religión fue establecida como oficial en el Imperio en el año 274, por el emperador Aureliano, quien erigió en Roma un espléndido templo dedicado a la nueva divinidad, y creó un cuerpo estatal de sacerdotes para rendirle culto, cuyo máximo dirigente llevaba el título de pontifex solis invicti. Aureliano atribuyó a Sol Invictus sus victorias en Oriente. Este sincretismo, sin embargo, no conllevó la desaparición del mitraísmo, que siguió existiendo como culto no oficial. Muchos de los senadores de la época profesaron al tiempo el mitraísmo y la religión del Sol Invictus.

Sin embargo, este período marcó el comienzo de la decadencia del mitraísmo, a causa de las pérdidas territoriales que el Imperio sufrió como consecuencia de las invasiones de pueblos bárbaros, y que afectaron a territorios fronterizos donde el culto estaba muy arraigado. La competencia del cristianismo, apoyado por Constantino, robó adeptos al mitraísmo. Hay que tener en cuenta que el mitraísmo excluía a las mujeres, que sí tenían derecho a participar en el culto cristiano. El cristianismo desplazó al mitraísmo durante el siglo IV, hasta convertirse en la única religión oficial del Imperio con Teodosio (379-395). Hubo algunos intentos de revitalizar el culto de Mitra por parte de Juliano "el Apóstata" (361-363) y del usurpador Eugenio (392-394), pero no tuvieron demasiado éxito. El mitraísmo quedó formalmente prohibido desde el año 391, aunque probablemente su práctica clandestina se mantuvo durante algunas décadas.

El mitraísmo sobrevivió aún hasta entrado el siglo V en algunas regiones de los Alpes, y volvió a la vida, tenaz pero efímeramente, en las regiones orientales del Imperio, donde se había originado. Tuvo un importante papel en el desarrollo del maniqueísmo, religión que resultaría otra dura competidora para los cristianos.

Véase también: Edicto de Tesalónica ,que  fue decretado por el emperador romano Teodosio el 24 de noviembre de 380. Mediante este edicto el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano.

Similitudes con el Cristianismo

  • Tras su nacimiento, Mitra fue adorado por pastores.
  • El transitus (viaje de Mitra con el toro sobre los hombros) recuerda al Vía Crucis del relato evangélico.
  • El mitraísmo era una religión de salvación: el sacrificio de Mitra tiene como finalidad la redención del género humano.
  • Mitra recibía los apelativos de La Luz, La Verdad y El Buen Pastor.
  • El banquete ritual de los fieles de Mitra tiene similitudes con la eucaristía cristiana.
  • El día sagrado del mitraísmo era el domingo.
  • El nacimiento de Mitra se celebraba el 25 de diciembre.
  • Los atributos del pater -máximo nivel de iniciación en el mitraísmo- eran el gorro frigio, la vara y el anillo, muy similares a la mitra, el báculo y el anillo de los obispos cristianos.

Bibliografía

Bibliografía general
  • Campbell, Joseph: Las máscaras de Dios. Mitología occidental. 1991.
  • Eliade, Mircea: Historia de las creencias y de las ideas religiosas. Volumen II, 1999. Ediciones Paidós Ibérica, S.A. ISBN 8447342476
  • VV.AA: Historia de las religiones antiguas: Oriente, Grecia y Roma. Madrid, Cátedra, 1993.
  • VV.AA: Las religiones en el mundo mediterráneo y en el Oriente Próximo I. Formación de las religiones universales y de salvación. Col. Historia de las Religiones. Madrid, Siglo XXI, 1993 (sexta edición). ISBN 84-323-0353-8. (título original: Histoire des Religions 2. Encyclopédie de la Pléiade, Gallimard, 1972).
Bibliografía específica
  • Burkert, Walter: Ancient Mystery Cults, Harvard University Press, 1987. ISBN 0674033876. Traducción al español: Cultos mistéricos antiguos. Trotta, Madrid, 2005. ISBN 84-8164-725-X.
  • Clauss, Manfred: Mithras: Kult und Mysterien, CH Beck, Munich, 1990. ISBN 3406343252. Traducción al inglés: The Roman Cult of Mithras : The God and His Mysteries. No hay traducción al español.
  • Cumont, Franz: Les mystères de Mithra, 1913
  • Cumont, Franz: Les religions orientales dans le paganisme romain, 1929. Traducción al español: Las religiones orientales y el paganismo romano. Akal, Madrid, 1987.
  • Merkelbach, Reinhold: Mithras. Ein persisch-römischer Mysterienkult, 1998. ISBN 3598730144
  • Ulansey, David: The Origins of the Mithraic mysteries : cosmology and salvation in the ancient world, 1989
  • Vermaseren, Maarten J.: Mithras. Geschichte eines Kultes, 1965

Enlaces externos

Libros y artículos académicos
Mitreos
Otros

Lugares que visitar

  • El museo de Dieburg, en Alemania, expone hallazgos de un mitreo, incluyendo las piezas de cerámica utilizadas en la liturgia.
  • El museo de Hanau, en Alemania, muestra la reconstrucción de un mitreo.
  • El museo de la Universidad de Newcastle expone los objetos encontrados en los tres sitios arqueológicos a lo largo de la Muralla de Adriano, y recrea un mitreo.
  • La basílica de San Clemente, en Roma, tiene un mitreo bastante bien conservado.
  • La ciudad de Martigny (antigua Octodurus), en los Alpes Suizos, muestra un mitreo reconstruido. [1]
  • Ostia Antica, puerto de Roma, donde se han encontrado restos de 17 mitreos; uno de ellos presenta hallazgos de importancia sustancial.
  • El Museo de Arte de Cincinnati expone un relieve de un mitreo de Roma que representa a Mitra matando al toro.

Simpathy for the devil y un carrito de bebé.

Publicado en Apuntes de la moleskine el 25 de Septiembre, 2007, 11:41 por themackintoshman

Andando por la calle Alfonso V, me encontré con una vieja amiga a quien llamaré Ginebra, que iba acompañada de una vieja conocida,pongamos que se llama Dafne, quien empujaba un carrito de bebé; éstas dos chicas,desde que tengo noticia de ellas,ya va para once,o doce años, son inseparables.Como mandan los cánones de la educación, y más aún,cuando hacía unos seis meses que no la veía, me entretuve hablando con ellas,un rato, contándonos nuestras vidas.

Tras nuestra conversación,  automáticamente, me acordé de los Stones, y del "Simpathy for the Devil".

Aún recuerdo cuando empecé a poner discos y copas, aún recuerdo el bar donde empecé,aunque ya no exista,y con el haya desaparecido parte de mis recuerdos más gratos.

Recuerdo la colección impresionante de vinilos que poseían los dueños del bar, recuerdo descubrir grupos y canciones que, se convirtieron en constantes en las noches del Platón, temporada 96-97, recuerdo el "Juan Valdés" de los Enemigos, recuerdo el "Pinball Wizzard" de los Who, y "My Generation", también recuerdo el "Fuerte" de los Surfing Bichos, y el "Breakfast at Tiffany´s" de los Deep Blue something, pero hay una, hay una que recuerdo por encima de todas, y es el "Simpathy for the Devil". Recuerdo las copas de Ponche cola, que bebían Dafne y Ginebra y su baile de la pata de madera, el Jack Daniel´s en vaso bajo de Nuria encima de la barra,según asomaban sus tobillos por las escaleras, y a mi equipo de rugby, preguntando cúantas copas debían, allí, nadie tenía sed, allí nadie pagaba todas sus copas, y aún así,nosotros,salíamos con unos mil duros en el bolso, después de hacer caja, y llevarnos el 25% de la misma.

Recuerdo las copas a las que invité a Ana,las cenas a las que la invité, y recuerdo, igualmente, que no conseguí ninguno de mis anhelos lúbricos, aún la veo por la calle, y cierto resentimiento de viejo cazador,todavía se me escapa, un pensamiento furtivo de "¡aay! ¡te me escapaste viva!  , y a pesar de las casi dos botellas de Absolut zumo de naranja, aún me viene a la cabeza el primer viernes después de la muerte de mi madre....

Y por supuesto, los Stones, más concretamente, "Simpathy for the Devil", y lo recuerdo por culpa de un tipo, chaparrete, de unos 40 años, ajado por el trabajo - decía ser minero - moreno de tez, y de pelo color azabache, la iluminación del local,no me permite recordar  si peinaba canas o no, y con un poblado bigote; bebía cerveza en jarra,una tras otra, hasta que el alcohol , le hacía olvidar cómo vocalizar, y sus penas,si las tenía.

Nunca dió un ruido,ni una palabra más alta que otra,nunca se metió con nadie,ni con las chicas que pedían sus consumiciones a su lado, y eso que había alguna que....

El caso es,que era un buen cliente, llegaba, se acodaba en la barra, y le servíamos una caña tras otra, no daba un ruido,sólo bebía, y hablaba algo con nosotros,cuando la cosa flojeaba, y aprobaba la selección musical,con leves movimientos de cabeza.

Un día,estaba yo,con los cascos,eligiendo la siguiente canción,cuando sentí un tirón en la manga de mi camiseta,miré quien me tiraba de ella, y vi que era el; como la canción estaba a punto de acabarse,y  no había elegido otra ,no le hice caso,por ello, los tirones continuaron unos segundos, el tiempo justo,para elegir y cambiar la canción, cuando me giré y me acerqué a ver qué quería, me agarró por la muñeca y me dijo con la voz mermada por la ingesta de cerveza me dijo, "ponme simpatía por el demoño ya" 

Hermanos de Jesús

Publicado en Misterio y esoterismo - pero con un poco de cabeza,please- el 25 de Septiembre, 2007, 9:54 por themackintoshman

Los hermanos de Jesús de Nazaret son mencionados en algunos pasajes del Nuevo Testamento, y, especialmente, en los evangelios canónicos (en concreto, 2 veces en el Evangelio de Mateo, 2 en el Evangelio de Marcos, 1 en el Evangelio de Lucas y 2 en el Evangelio de Juan). Dado que la existencia de hermanos carnales de Jesús de Nazaret entra en contradicción con el dogma de la virginidad perpetua de la Virgen María, que mantienen algunas confesiones cristianas, existe un debate entre filólogos e investigadores bíblicos de diferentes confesiones cristianas sobre cómo deben ser interpretados los textos que hacen referencia a los hermanos de Jesús. El debate está muy condicionado por las diferentes creencias religiosas de los participantes.

Desde el punto de vista estrictamente histórico, no hay razón alguna para suponer que Jesús no tuvo hermanos, tal y como se relata en los evangelios. [1] No puede, sin embargo, excluirse completamente la posibilidad de que se trate de hermanastros, o incluso (aunque esta posibilidad es bastante más remota) de primos. Desde el punto de vista confesional, las iglesias protestantes defienden que estos hermanos de Jesús son hijos de María, los ortodoxos han sostenido tradicionalmente que se trata de hijos de un matrimonio anterior de José, y los católicos y anglicanos que son en realidad primos de Jesús, posiblemente hijos de una hermana de María, que a veces se identifica como María de Cleofás.

Menciones en el Nuevo Testamento

En ciertos pasajes del Nuevo Testamento se habla de forma explícita de hermanos (en griego αδελφόι) de Jesús. Son los siguientes:

Evangelios sinópticos

Los evangelios sinópticos contienen dos pasajes que mencionan a hermanos de Jesús:

Entre tanto, llegaron sus hermanos y su madre y, quedándose afuera, enviaron a llamarlo. Entonces la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo:«Tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan.» Él les respondió diciendo: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo:«Aquí están mi madre y mis hermanos, porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

El pasaje aparece en los tres evangelios sinópticos: es recogido también en Mt 12:47-50 y en Lc 8:19-21, con palabras muy semejantes.

  • En Mc 6:3, cuando Jesús se encuentra en Nazaret, la muchedumbre se maravilla al oírle predicar en la sinagoga, ya que se trata de su antiguo convecino, y se preguntan:

«¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas?» Y se escandalizaban de él.

El mismo pasaje aparece también en en Mt 13:55-56, donde se mencionan los mismos nombres de los hermanos de Jesús. En cambio, en el pasaje correspondiente del Evangelio de Lucas (Lc 4:22 se omite la referencia a la madre y los hermanos de Jesús, quien es citado solo como "hijo de José".

Evangelio de Juan [editar]

En el Evangelio de Juan, mayoritariamente considerado más tardío que los sinópticos, hay también pasajes que hacen referencia a la existencia de hermanos de Jesús:

  • En Jn 2:12, se relata que Jesús fue de Caná a Cafarnaúm "con su madre, sus hermanos y sus discípulos".
  • En Jn 7:3-10, durante la fiesta de los tabernáculos, Jesús es increpado por sus hermanos:

y le dijeron sus hermanos: «Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces, porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.» Ni aun sus hermanos creían en él. Entonces Jesús les dijo: «Mi tiempo aún no ha llegado, pero vuestro tiempo siempre está preparado. No puede el mundo odiaros a vosotros; pero a mí me odia, porque yo testifico de él, que sus obras son malas. Subid vosotros a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido.» Y habiéndoles dicho esto se quedó en Galilea.

Otros libros del Nuevo Testamento

Los hermanos de Jesús son también mencionados, además de en los evangelios, en otros libros del Nuevo Testamento:

  • En los Hechos de los Apóstoles (Hch 1:14 se dice que los apóstoles "perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos".

El problema semántico

El término en el griego del Nuevo Testamento

En griego clásico, como antes se ha dicho, la palabra "αδελφος" tiene el mismo significado que el español "hermano". En el griego Koiné, en que se escribió el Nuevo Testamento, el término podía tener un sentido más amplio. [2] Sin embargo, en el Nuevo Testamento, el término se usa en sentido literal solo con el significado de "hermano" o "medio hermano". También se emplea en ocasiones en sentido figurado.

En sentido literal, se emplea para hacer referencia a un hermano consanguíneo, carnal (los dos progenitores en común) o medio hermano (un solo progenitor en común). Por ejemplo, el término se utiliza para hacer referencia al parentesco que une a Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo (Mc 1:19, Mc 3:17 y Mc 5:37, y correspondientes); y también a la relación entre Antipas y Filipo, quienes, como se sabe por el historiador judío Flavio Josefo, eran ambos hijos de Herodes el Grande, pero de diferentes madres (Mc 6:17-18).

En sentido figurado, la palabra se utiliza para hacer referencia a relaciones personales que no son de parentesco: en este sentido, se identifica como hermanos a los seguidores de Jesús (Mc 3:35), a los cristianos ((1Cor 1:1; 1Cor 5:11) e incluso a todos los seres humanos (Heb 2:11-17. [3] Parece claro, dado el contexto de las alusiones a los hermanos de Jesús antes mencionadas, que el sentido figurado puede excluirse aquí. [4]

Puede afirmarse, por lo tanto, que ni una sola de las ocurrencias del término en el Nuevo Testamento (texto del que proceden las principales alusiones a los hermanos de Jesús) tiene el significado inequívoco de "primo" o "pariente". Se ha planteado, sin embargo, una excepción: en Jn 19:25 se indica que estaban junto a la cruz de Jesús "su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás". Los exegetas han llamado la atención sobre el hecho de que no es probable que estas dos mujeres fueran realmente hermanas, ya que llevan un mismo nombre. El pasaje se presta a muy diferentes interpretaciones.

El término en la Biblia judía

En hebreo y arameo no existe una palabra con el significado preciso del español "primo", por lo cual el concepto se expresa recurriendo a circunloquios. En el hebreo del Antiguo Testamento, la palabra אח ('ah, "hermano") se utiliza en algunos pasajes en el sentido de "primo" o "sobrino". En el Génesis Abrám (Abraham) le dice a Lot: "somos hermanos" (Gn 13:8), cuando en realidad se trataba de su sobrino [5]. Son, sin embargo, casos muy excepcionales, y en los que el contexto resuelve la posible ambigüedad. En concreto, solo hay un caso en la Biblia hebrea en que el término tenga el sentido de "primo": se trata de 1Cr 23:21-22: "Hijos de Majlí: Eleazar y Quis. Eleazar murió sin tener hijos; sólo tuvo hijas, a las que los hijos de Quis, sus hermanos, tomaron por mujeres."; aquí son primos los que se casan pero se les llama "hermanos". Cuando se realizó la traducción al griego del Antiguo Testamento, la llamada Biblia de los Setenta (siglos III-IadC) se tradujo el hebreo "'ah" por el griego "αδελφος". Por ese motivo, la palabra se utiliza, en esa ocasión al menos, con el significado de "primo" en el Nuevo Testamento.

En época de Jesús el hebreo no era una lengua hablada, sino solo religiosa y de cultura. La lengua más extendida era el arameo, otra lengua semítica: también en arameo, la palabra para hermano ("'aha'") puede utilizarse con el sentido de "primo" o "sobrino".

Algunos autores podrían haber planteado que podría haber una influencia semítica en el empleo del término "αδελφος" en el Nuevo Testamento, ya que Jesús predicó probablemente en arameo, y es posible que sus primeros seguidores escribieran en esa misma lengua. Sin embargo, está claro que ninguno de los textos del Nuevo Testamento, incluyendo los cuatro evangelios canónicos, es una traducción del arameo: todos fueron escritos originalmente en griego. Por otro lado, en el griego del Nuevo Testamento se utilizan otras palabras para expresar otros grados de parentesco: primo ("anepsios") o pariente. Es improbable, por lo tanto, que el término adelphos sea una traducción de un término arameo equivalente con un sentido más amplio.

El sentido de la expresión

El punto de vista histórico

Desde un punto de vista estrictamente histórico, no existe razón alguna para pensar que los hermanos y hermanas de Jesús no lo sean en el sentido convencional de la palabra, es decir, hijos biológicos de José y de María, y hermanos carnales de Jesús de Nazaret. [6] Los principales argumentos en favor de esta postura son los siguientes:

1. Las referencias a los hermanos de Jesús aparecen en múltiples fuentes cristianas. Los pasajes sinópticos tienen su origen, según la extendida teoría de las dos fuentes, en el Evangelio de Marcos, pero hay referencias también en las cartas de Pablo de Tarso, el Evangelio de Juan, e incluso, independientemente de Marcos, en el Evangelio de Lucas (si se interpreta como una verdadera alusión a los hermanos de Jesús el pasaje de Hch 1, 14), e incluso en una fuente no cristiana, el historiador judío Flavio Josefo. Ninguno de estos autores introduce ninguna precisión sobre la naturaleza de la relación entre estos personajes y Jesús que pueda hacer suponer que no se trata de verdaderos hermanos.

2. En varios de los pasajes, los hermanos de Jesús son mencionados en relación con su madre, María. La expresión perdería su sentido si se interpretase como "primos" o "parientes".

3. El uso habitual de los autores del Nuevo Testamento, de los autores cristianos primitivos y de Flavio Josefo diferencia claramente entre "hermanos" y otras relaciones de parentesco. Otros términos para expresar relaciones de parentesco fueron usados por Pablo (ανεψιός, anepsiós: "primo") [7]; y Lucas (συγγεννής, siggenês, "pariente") [8]. En el siglo II, Hegesipo distinguía entre un hermano, un tío y un primo de Jesús. [9] El historiador judío Flavio Josefo, que se refiere a Santiago, "hermano de Jesús", utiliza también estos términos para hacer referencia a otras relaciones de parentesco.

4. Los relatos de la concepción de Jesús en Mt 1-2 y Lc 1-2 son considerados generalmente tardíos y menos fiables históricamente que la tradición que procede de Marcos. Según la crítica actual, tienen fundamentalmente un carácter teológico, y parecen coexistir con otra tradición más antigua según la cual Jesús era hijo de José. Por otro lado, hacen referencia a una intervención divina de carácter sobrenatural, que resulta históricamente poco creíble.

Los puntos de vista confesionales

La interpretación más sencilla, es decir, que los hermanos de Jesús citados en el Nuevo Testamento son hijos de José y de María y, por lo tanto, hermanos carnales, biológicos, de Jesús, resulta inaceptable para la mayoría de los cristianos. Por una parte, los cristianos no aceptan que Jesús fuese hijo biológico de José, ya que atribuyen su concepción a la obra del Espíritu Santo, según los relatos de Mt 1-2 y Lc 1-2. Por otro, desde el siglo II la corriente mayoritaria de la tradición cristiana afirma la virginidad perpetua de la madre de Jesús, en la actualidad dogma de fe para varias confesiones cristianas, incluyendo a católicos y ortodoxos. Por ese motivo han surgido interpretaciones alternativas de los textos evangélicos. [10]

La única razón de estas interpretaciones es hacer compatibles las alusiones a los hermanos de Jesús con las creencias cristianas. [11]

Hijos de José y María

Una de las primeras interpretaciones que se dio a las referencias a "hermanos de Jesús" los considera hijos del matrimonio formado por sus padres, José y María. Según esta interpretación, después del nacimiento de Jesús, concebido por obra del Espíritu Santo como se relata en Mt 1-2 y Lc 1.2, ambos esposos habrían mantenido relaciones conyugales y tenido varios hijos. Jesús sería, entonces, el hermano mayor. Desde este punto de vista, los hermanos solo serían en realidad medio hermanos, ya que los cristianos no creen que José fuese el verdadero padre de Jesús.

Esta posición fue defendida ya por Tertuliano en el siglo II, especialmente en Adversus Marcionem ("Contra Marción") [12] En esta obra, Tertuliano busca refutar el docetismo, doctrina que niega la verdadera humanidad de Jesús, y uno de los argumentos que emplea es el de las relaciones de consanguinidad entre Jesús y sus hermanos, consanguinidad que solo puede darse a través de María, ya que José no era, según el punto de vista cristiano, el padre biológico de Jesús. Más adelante, en el siglo IV, esta misma idea fue defendida por otro teólogo, Helvidio, que fue refutado por Jerónimo de Estridón.

Esta posición es en la actualidad la dominante entre los cristianos protestantes, aunque solo desde el desarrollo de la teología liberal (Lutero y otros muchos de los iniciadores de la Reforma fueron defensores del dogma de la virginidad perpetua de María).

Hijos de un matrimonio anterior de José

Para defender el dogma de la virginidad de María, madre de Jesús, antes y después del parto, surgió desde fecha relativamente temprana en los autores cristianos la idea de que los "hermanos de Jesús" mencionados en el Nuevo Testamento eran en realidad hijos de un matrimonio anterior de José de Nazaret. Eran, por tanto, hijos biológicos de José, pero no de María, quien habría permanecido virgen hasta su muerte. Desde el punto de vista cristiano, ya que Jesús no fue en realidad hijo biológico de José, sino solo de María, estos hermanos lo habrían sido solo desde el punto de vista legal, como hijos de José, pero no tendrían ningún vínculo de parentesco real con Jesús. Esta posición es conocida a veces como la "solución de Epifanio", por el nombre de su más destacado defensor, Epifanio de Salamis, quien la desarrolló en su obra Panarion.

La idea, sin embargo, es bastante más antigua. Se remonta al menos al siglo II. Está presente ya en un evangelio apócrifo conocido como Protoevangelio de Santiago, en el que se defiende la virginidad de María, antes y después del parto. También se encuentra en otros evangelios apócrifos del siglo II, el Evangelio de la Infancia de Tomás. Orígenes [13] menciona un Evangelio de Pedro (no está claro si se trata del mismo Evangelio de Pedro del que han llegado hasta nosotros algunos fragmentos), según el cual "los hermanos de Jesús serían los hijos de José, nacidos de una primera mujer que él habría tenido antes de María". [14]

Esta es la posición tradicional en las iglesias orientales, y especialmente en la Iglesia Ortodoxa. Desde el punto de vista filológico, es una interpretación posible, ya que, ciertamente, el término griego para "hermano" podía significar también "medio hermano", es decir, persona que, con respecto a la otra, tiene solo un progenitor común. En Mc 6, 17-18, y correspondientes, se usa el término para hacer referencia a dos medio hermanos, Antipas y Filipo, que solo tenían un progenitor en común, el rey Herodes el Grande.

No existe, sin embargo, ningún argumento basado en los textos bíblicos que haga preferible esta interpretación a la de que los hermanos de Jesús fueron hijos biológicos de José y María. No hay referencias en el Nuevo Testamento a un matrimonio anterior de José.

Primos

La interpretación de que los hermanos de Jesús citados en el Nuevo Testamento son en realidad sus primos es bastante tardía. Su principal defensor fue, ya en el siglo IV, San Jerónimo, en su obra Adversus Helvidium ("Contra Helvidio")[15], quien tiene una intención apologética: se trata de refutar la opinión de un autor llamado Helvidio, para quien Jerónimo centra su argumentación en el uso que del término "adelphos" se hace en la primera traducción al griego de la Biblia hebrea, la llamada "Biblia de los Setenta". Aduce varios ejemplos en que el término "adelphós" se utiliza para designar relaciones entre tío y sobrino (Abraham y Lot; Jacob y Labán en Gn 29, 12), o entre primos (1 Crónicas 23, 21-22). Este último es el único caso, en toda la Biblia, en que el término se utiliza, fuera de toda duda, para expresar una relación entre primos. [16] Está claro, en cualquier caso, que no es usual el empleo de la palabra "adelphos" con el significado de primo en la traducción griega del Antiguo Testamento, por lo que esta interpretación, común hasta hoy en medios católicos, resulta altamente improbable. [17]

Incluso aunque pudiera demostrarse que el uso de "adelphos" como hermano es común en la Biblia de los Setenta, la argumentación de San Jerónimo pierde de vista que no hay razón alguna para inferir un uso semejante en el Nuevo Testamento. Los libros que conforman el Nuevo Testamento se escribieron originalmente en griego. No hay ni un solo uso que permita confirmar la tesis de San Jerónimo, con una sola posible (y muy discutible) excepción (Jn 19:25).

Desde un punto de vista exclusivamente filológico, que no tenga en cuenta la teología cristiana, esta posición es muy improbable. No tiene una base bíblica firme, y es descartada por la mayoría de los investigadores actuales, muchos de ellos católicos. [18] No obstante, es históricamente la predominante en la tradición católica y cuenta con algunos defensores en la actualidad.

Notas

  1. Una visión de conjunto sobre el estado de la cuestión puede verse en Meier, Un judío marginal, pp. 326-341 (ver bibliografía). John P. Meier es sacerdote católico y uno de los principales investigadores actuales sobre el Jesús histórico. En su obra prescinde de presupuestos teológicos para atenerse a criterios exclusivamente filológicos e históricos.
  2. Meier, op. cit., p. 337.
  3. Un comentario más extenso sobre el uso figurado de la expresión en el Nuevo Testamento puede verse en Meier, op. cit., p. 337.
  4. Meier, op. cit., p. 337.
  5. Gn 11:27 y Gn 12:5
  6. A este respecto, veánse la "Conclusión" de J.P. Meier (Meier, op. cit., pp. 340-341).
  7. Col 4:10
  8. Lc 1:36.
  9. Meier, op. cit., p. 338.
  10. Una completa visión de conjunto sobre las diferentes visiones cristianas del problema puede encontrarse en Puig, Jesús: Una biografía, pp. 164-175 (ver bibliografía).
  11. Como señala J.P. Meier, ningún teólogo ha sugerido nunca que Santiago y Juan, llamados "hermanos" en varias ocasiones en el Nuevo Testamento, no lo fuesen realmente (Meier, op. cit., p. 336).
  12. El texto en latín de Adversus Marcionem puede consultarse aquí. En la web están también disponibles traducciones al inglés de las obras de Tertuliano: The Tertulian Project.
  13. Orígenes, Comentario a Mateo, 10, 17.
  14. Citado en Puig, op. cit., p. 169.
  15. Puede consultarse el texto en latín de Adversus Helvidium aquí.
  16. Puig, op. cit., p. 168; Meier, op. cit., p. 334.
  17. Meier, op. cit., p. 334.
  18. La mayoría de los investigadores católicos se decanta en la actualidad por considerar que los "hermanos de Jesús" eran hijos de un matrimonio anterior de José, ya que es una posición con bases textuales más firmes y resulta compatible con el dogma de la virginidad perpetua de María. Véase, por ejemplo: Puig, op. cit., pp. 169-172, o Bauckham: The Relatives of Jesus. Themelios 21.2 (1996): 18-21.

Bibliografía

  • BAUCKHAM, Richard: The Relatives of Jesus. Themelios 21.2 (1996): 18-21.
  • MEIER, John P.: Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. Tomo I: Las raíces del problema y de la persona. Pamplona: Verbo Divino, 1997 (sexta edición). ISBN 84-8169-203-4. (Primera edición en inglés de 1991). Páginas 326-341.
  • PUIG, Armand: Jesús. Una biografía. Barcelona: Destino, 2005. ISBN 84-233-3752-9. Páginas 164-175.

Enlaces externos

Los misterios de Jesús. El origen oculto de la religión cristiana

Publicado en Misterio y esoterismo - pero con un poco de cabeza,please- el 25 de Septiembre, 2007, 9:50 por themackintoshman

Libro de Timothy Freke y Peter Gandy publicado en 1999.

El libro plantea la hipótesis de que Jesús de Nazaret no existió realmente, sino que fue un mito de origen judío, al modo de Dionisio en la mitología griega.

Freke y Gandy basan la tésis de los Misterios de Jesús en parte en una serie de paralelismos entre la biografía de Osiris-Dioniso y la biografía de Jesús deducida de los cuatro evangelios canónicos. La reconstrucción del mito de Osiris-Dioniso, compilado de los mitos antiguos de muerte y resurrección de los "Hombres de Dios" llevan un parecido llamativo a los relatos del evangelio. Los autores dan una corta lista de paralelismos en el principio del libro:

  • Osiris-Dioniso es Dios que se hizo carne, el salvador y "el Hijo de Dios."
  • Su padre es Dios y su madre es una virgen mortal.
  • Nace en una cueva o el retablo humilde el 25 de diciembre delante de tres pastores.
  • Ofrece a sus seguidores la oportunidad de nacer de nuevo por los ritos del bautismo.
  • Convierte milagrosamente el agua en el vino en una boda.
  • Entra triunfalmente al pueblo montado en un asno mientras las personas ondean las hojas de palmera para honrarlo.
  • Muere en Pascua como un sacrificio para los pecados del mundo.
  • Después de su muerte, desciende al infierno, entonces en el tercer día, sube desde la muerte y asciende al cielo en la gloria.
  • Sus seguidores esperan su retorno como el juez durante los Últimos Días.
  • Su muerte y resurrección son famosas por una comida ritual de pan y vino que simbolizan su cuerpo y sangre. [1]

Después los capítulos agregan más paralelos. Según Los Misterios de jesús, la Cristiandad originada como una versión de judaizada de los misterios de las religiones paganas. Los judíos helenizados escribieron una versión del mito del "Hombre Dios" que incorpora los elementos judíos. Los iniciados aprendieron el mito y sus significados alegóricos a través de los Misterios Exteriores e Interiores. (Un modelo similar de Misterios Mayores y menores, eran parte de los misterios paganos Eleusianos). (El Mitraísmo fue estructurado alrededor de siete iniciaciones). En algún punto, los grupos de cristianos que había experimentado sólo los Misterios Exteriores fueron separados de los mayores de la religión y se olvidaron que hubo una segunda iniciación. Después, cuando ellos encontraron grupos que habían retenido los Misterios Internos, "Los Cristianos Literalistas" atacaron a los "Gnósticos" por clamar que los Literalistas vieron como falso conocimiento y falsa iniciación. Los Literalistas ganaron, casi exterminando a los Gnósticos y llegando a ser La Iglesia Católica Romana y sus descendientes modernos


Objeciones al libro

Al margen de la interesante hipótesis de que Jesús de Nazaret pudo ser un personaje mitológico, algunos historiografistas han planteado ciertas críticas metodológicas respecto al libro:

  • Timothy Freke expone que la referencia extrabíblica más directa de Jesús de Nazaret (el testimonio flaviano) está falsificada, tal y como admiten la mayoría de investigadores, dentro y fuera del cristianismo. Pero omite, sin ninguna justificación, que en otro capítulo (c. XX) del mismo libro de Flavio Josefo se hace referencia expresa a un discípulo de Jesús de Nazaret. Afirma que no hay mención a Jesús en Flavio Josefo, cuando no da ninguna explicación que excluya la mención del capítulo XX, que no menciona, y que todo todo experto en el tema conoce.
  • Si bien expone la horquilla datacional del Evangelio de Marcos, en el caso del libro de Hechos de los Apóstoles elige la más tardía, sin ninguna explicación, omitiendo la horquilla datacional. Da una falsa impresión de que la datación que expone es la única posible, cuando es la opinión minoritaria. Puede optarse por la datación minoritaria, pero debe justificarse.
  • Si bien menciona ciertas contradicciones en pequeños detalles entre Hechos de los Apóstoles y algunas cartas de Pablo, omite un aspecto conocido por los expertos en el tema: los denominados "párrafos-nosotros" del libro de Hechos, parecen ser de un testigo presencial, ya que sus referencias topográficas y eponímicas, así como la mención a personajes ilustres, han sido corroborados por pruebas arqueológicas independientes.
  • Freke critica extensamente las diferencias entre los evangelios de Mateo y Lucas, especialmente en lo referente a los relatos de infancia, cuando la mayoría de expertos, dentro y fuera del cristianismo, coinciden en que son relatos con escaso contenido histórico, en su mayor parte alegóricos.
  • No se analiza en profundidad por qué Pablo de Tarso habla en sus cartas acerca de Santiago "el hermano del Señor". Pablo sólo da el título de "Señor" a Jesús. Si Jesús no existió, debe razonarse por qué se le da a unos pocos Apóstoles, de entre la primitiva comunidad, el título de "hermano del Señor". Este es un tema que apenas es tratado en el libro

Referencias históricas no cristianas sobre Jesús de Nazaret

Publicado en Historia o parahistoria el 25 de Septiembre, 2007, 9:37 por themackintoshman

De acuerdo con el testimonio de los evangelios (Mateo 4:24-25, Mateo 15:30, Mateo 19:2, Mateo 21:9, Lucas 5:15, Lucas 14:25), la predicación de Jesús de Nazaret congregó a multitudes. Estos testimonios contrastan con la ausencia absoluta de menciones a Jesús en textos no cristianos de la época. La alusión a Jesús de Nazaret se encuentra en la obra de Flavio Josefo Antigüedades judías (escrita hacia los años 93-94), más de medio siglo después de la muerte de Jesús (alrededor de 30). Todavía en el siglo II las menciones son muy escasas. Ninguna de ellas aporta información para conocer la vida o el mensaje de Jesús de Nazaret.

Las referencias más citadas se describen aquí:

1.Testimonio flaviano

Se denomina Testimonio flaviano (o Testimonium flavianum) a los párrafos 63 y 64 del capítulo XVIII del libro Antigüedades judías (Antiquitates Iudaicae) escrito por el historiador judío Flavio Josefo en el que se menciona a Jesús de Nazaret.

Las Antigüedades judías son una crónica escrita hacia el año 93 d.C., que narra la historia del pueblo judío de una manera razonablemente completa. Los intereses de Flavio Josefo —entre ellos ganar la simpatía de Roma hacia los judíos— lo llevan, sin embargo, a minimizar las noticias que pudieran resultar conflictivas.

Josefo no menciona a los líderes del pequeño grupo de cristianos (Pedro y Pablo) ni a María (la madre de Jesús). Sin embargo, dos párrafos tratan directa e indirectamente de Jesús de Nazaret:

En el libro 18 de las Ant.Iud., capítulo 3,3, se encuentra un texto denominado tradicionalmente «Testimonio flaviano». El fragmento en cuestión ha suscitado extensos debates filológicos e historiográficos en cuanto a su autenticidad total o parcial.

En el libro 20, capítulo 9.1, se menciona indirectamente a Jesús al relatar la muerte de su hermano Jacob o Santiago (contracción del latín Sanct’Iagus, esto es, san Jacobo):

Ananías era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento propicio. El procurador Festo había fallecido. El sucesor, Albino, todavía no había tomado posesión. Hizo que el Sanedrín juzgase a Santiago, el hermano de Jesús, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados.

Antigüedades judías, 20.9.1

Esta cita ayuda a datar la muerte de Santiago, hermano de Jesús, en el año 62. Este texto del libro 20 es filológica e historiográficamente más consistente que el Testimonio Flaviano; al menos, coincide formalmente con el estilo de Josefo. El estudioso George Albert Wells sugiere la hipótesis de una glosa marginal (una anotación al margen del manuscrito) que fue incorporada al texto en las copias sucesivas.

En otro pasaje (Ant.Iud., 18.5.2) se hace referencia a la muerte de Juan el Bautista a manos de Herodes, pero sin mencionar su relación con Jesús.

El pasaje 18, 3, 3

El pasaje dice textualmente:

"Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio (si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo), y atrajo hacia Él a muchos judíos (y a muchos gentiles además. Era el Cristo (el Mesías)). Y cuando Pilatos, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la Cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron (ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre Él los santos profetas) La tribu de los cristianos, llamados así por Él, no ha cesado de crecer hasta este día".

Acerca de su autenticidad hay opiniones enfrentadas:

Primero, están aquellos que consideran al pasaje entero como falso. Las razones principales para esta visión parecen ser las siguientes:

  • Josefo no podría representar a Jesucristo como un simple moralista y por otra parte no podría enfatizar las profecías y expectativas mesiánicas sin ofender las susceptibilidades romanas;
  • El pasaje arriba mencionado de Josefo parece haber sido desconocido por Orígenes y los primeros escritores patrísticos;
  • Su lugar preciso en el texto de Josefo es incierto, ya que Eusebio (Hist. Eccl., II, vi) lo debe haber encontrado con anterioridad a las notas referidas a Pilato, mientras que ahora se encuentran luego de ellas.

Un segundo grupo de críticos no consideran la totalidad del testimonio de Josefo concerniente a Cristo como falso, pero sostienen que existe una interpolación de las partes marcadas arriba entre paréntesis. Las razones asignadas para esta opinión pueden reducirse a las dos siguientes:

  • Josefo debe haber mencionado a Jesús, pero no puede haberlo reconocido como el Cristo; por lo tanto parte del actual texto josefiano debe de ser genuina y parte interpolada.
  • Igualmente, la misma conclusión se sigue del hecho de que Orígenes conocía un texto josefiano acerca de Jesús, pero no le era familiar el texto actual, ya que, de acuerdo con el gran doctor de Alejandría, Josefo no creía que Jesús fuese el Mesías. ('In Matth.', xiii, 55; 'Contra Cels.', I, 47).

Esta hipótesis recibió una sólida confirmación en 1971, al descubrirse la versión árabe de la Historia del Mundo del obispo Agapio de Hierápolis, que muy posiblemente ofrece el texto original de Josefo, sin las interpolaciones cristianas posteriores (vid. infra).


Una tercera clase de estudiosos cree que el pasaje completo acerca de Jesús, como se encuentra hoy en día en Josefo, es genuino. Los argumentos principales de la autenticidad del pasaje de Josefo son los siguientes:

  • Primero, todos los códices o manuscritos del trabajo de Josefo contienen el texto en cuestión; para mantener la falsificación de este texto debemos suponer que todas las copias de Josefo estaban en manos de los cristianos, y fueron cambiados de la misma manera.
  • Segundo, es cierto que ni Tertuliano ni Justino utilizan el pasaje de Josefo acerca de Jesús; pero su silencio se debe probablemente al desprecio con el que los judíos contemporáneos consideraban a Josefo, y a la relativa poca autoridad que tenía entre los lectores romanos. Los escritores de la edad de Tertuliano y Justino podían apelar a testigos vivos de la tradición apostólica.
  • Tercero, Eusebio ('Hist. Eccl'., I, xi; cf. 'Dem. Ev.', III, v) Sozomeno (Hist. Eccl., I, i), Nicéforo (Hist. Eccl., I, 39), Isidoro de Pelusium (Ep. IV, 225), San Jerónimo (catal.script. eccles. xiii), Ambrosio, Casiodoro, etc., recurren al testimonio de Josefo; no deben de haber existido dudas respecto a su autenticidad en el tiempo de estos ilustres escritores.
  • Cuarto, el silencio completo de Josefo acerca de Jesús hubiese sido un testimonio aún más elocuente del que tenemos en el presente texto; este último no contiene ninguna afirmación que sea incompatible con su origen josefiano: el lector romano necesitaba la información de que Jesús era el Cristo o el fundador de la religión cristiana; las maravillosas obras de Jesús y su Resurrección de entre los muertos eran pregonadas incesantemente por los cristianos de forma tal que sin estos atributos el Jesús de Josefo no hubiera sido prácticamente reconocido como el fundador de la religión cristiana.
Cristo crucificado, obra de Diego Velázquez
Cristo crucificado, obra de Diego Velázquez

Versiones

Versión griega

Recogida por Eusebio de Cesarea en Historia Eclesiástica (capítulo I, 11), del año 323.

Trasmitida a través de la literatura de la Europa cristianismo, las copias más antiguas están datadas en el siglo X.

"Apareció en este tiempo Jesús, un hombre sabio, si en verdad se le puede llamar hombre. Fue autor de hechos sorprenden­tes; maestro de personas que reciben la verdad con placer. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Este era el Cristo (el Mesías). Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Este lo condenó a la cruz. Sin embargo, quienes antes lo habían amado, no dejaron de quererlo. Se les apareció resucitado al tercer día, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de él ésta y otras mil cosas maravillosas. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha desaparecido". (Ant., XVIII, iii, 3)

Versión árabe

También conocida como versión eslava. Incluida en el siglo X en una traducción al árabe de la obra de Flavio Josefo, dentro de la Historia Universal, desde sus inicios hasta 941/942 d.C., debida a Agapio, obispo de Hierápolis. Fue sacada a la luz en 1971 por el exégeta judío Shlomo Pines.

"En este tiempo existió un hombre de nombre Jesús. Su conducta era buena y era considerado virtuoso. Muchos judíos y gente de otras naciones se convirtieron en discípulos suyos. Los convertidos en sus discípulos no lo abandonaron. Relataron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo. Según esto fue quizá el mesías de quien los profetas habían contado maravillas."

Como bien se ha observado por algunos autores, especialmente James Charlesworth en 1988, este texto, que es anterior a la copia manuscrita más antigua de las Antigüedades judías, debe reproducir la versión original de Josefo sin las interpolaciones cristianas posteriores, y contribuye decisivamente, incluso más que el texto de Eusebio, a afirmar la validez del Testimonium flavianum como documento sobre el Jesús histórico.

Versión siríaca

Aparece en Crónica siríaca, obra del siglo XII, de Miguel el Sirio.

Análisis exegético

Los exégetas se dividen en tres grupos de opiniones:

  • Los que afirman que sobre el texto de Flavio Josefo uno o varios cristianos intercalaron añadidos (señalados en negrita sobre el texto de la versión griega).
    • Algunos autores, como Eisler, opinan que fue retocada la versión griega, pero no la árabe.
    • Muchos opinan que la falsificación se produjo en dos momentos:
      • el primero más discreto dio lugar a la versión árabe;
      • y el segundo con la interposición de frases de contenido cristiano, originó la versión griega.
  • Los que opinan que todo el texto es genuino, escrito por Flavio Josefo. Este grupo es minoritario y casi exclusivo de la apologética cristiana más conservadora.
  • Los que consideran que todo el párrafo es falso. Uno o varios cristianos lo escribieron sustituyendo al de Flavio Josefo. Dentro de este grupo,
    • Algunos consideran que Flavio Josefo no mencionó a Jesús ni al cristianismo. Se propone como hipótesis, aunque no explica la mención que Flavio Josefo hace de Santiago "el hermano de Jesús" en el capítulo XX. Esta opción suele estar apoyada por detractores del cristianismo.
    • Muchos historiografistas consideran probable, por la coherencia interna del texto, que Flavio Josefo hiciera mención a Jesús de Nazaret en esta sección del capítulo XVIII. Consideran coherente que, si hace mención a un discípulo o hermano de Jesús en el capítulo XX, en éste hable del que es referente de "Santiago, el hermano de Jesús".

Bibliografía

  • Traducción al español del Testimonium flavianum en "Cuadernos de Evangelio", 12, Estella (Navarra)
  • Charlesworth, James H. Jesus within Judaism: New Light from Exciting Archaeological Discoveries, Nueva York, Doubleday, 1988.
  • Lichtenberger H. "Josephus über Johannes den Täufer, Jesus und Jakobus", Bibel und Kirche 53 (1998) - Hace una exposición de cuáles son las palabras que según su análisis no pueden pertenecer a Flavio Josefo y cuáles son las que no pueden pertenecer a un interpolador cristiano.

2.Plinio el Joven

Plinio el Joven, entre el año 100 y 112 escribió al emperador Trajano acerca de los cristianos:

...cármenqüe Christo, quasi Deo, dícere
pervicacia et inflexíbilis obstinatio.
...le cantan himnos a Cristo (casi Dios, según dicen)
con perseverancia e inflexible obstinación

Epístolas 10:96

El segundo verso no se encuentra en algunas ediciones de Plinio. Véase, por ejemplo, el texto en Students.gf.nsu.ru.

Este testimonio deja claro que el testimonio se transmite literalmente de las retractaciones de los propios condenados por cristianismo, cuyas declaraciones son la única fuente que Plinio menciona.

3.Tácito

Tácito aporta otra referencia histórica en el año 116 ó 117:

Ergo abolendo rumori Nero subdidit reos et quaesitissimis poenis adfecit, quos per flagitia invisos vulgus Chrestianos appellabat. Auctor nominis eius Christus Tibero imperitante per procuratorem Pontium Pilatum supplicio adfectus erat; repressaque in praesens exitiabilis superstitio rursum erumpebat, non modo per Iudaeam, oríginem eius mali, sed per urbem etiam, quo cuncta mundique atrocia aut pudenda confluunt celebranturque.
Por lo tanto, aboliendo los rumores, Nerón subyugó a los reos y los sometió a penas e investigaciones; por sus ofensas, el pueblo, que los odiaba, los llamaba “cristianos”, nombre que toman de un tal Cristo, que en época de Tiberio fue ajusticiado por Poncio Pilato; reprimida por el momento, la fatal superstición irrumpió de nuevo, no sólo en Judea, de donde proviene el mal, sino también en la metrópoli [Roma], donde todas las atrocidades y vergüenzas del mundo confluyen y se celebran.

Anales, 15:44:2-3

Aunque la autenticidad del texto de Tácito no ha sido cuestionada, numerosos autores han indicado que se desconocen sus fuentes. Se ha barajado la posibilidad de que se basara en Plinio (ver supra) o en las confesiones de los propios cristianos frente a la persecución policial. El fragmento aparece en el contexto de una larga diatriba contra los males del gobierno de Nerón, y se ha indicado que el interés de Tácito no estaba en el fenómeno cristiano en sí mismo, sino en la crítica al emperador. Sin embargo, es importante notar que no existen constancias del uso del término "cristiano" hasta fines del siglo I E.C. (la primera referencia documentada se halla en la Epístola a los Magnesios de Ignacio de Antioquía), con lo cual se hace altamente improbable que los romanos diferenciaran siquiera entre los judíos y una supuesta secta emergente tan temprano en el siglo, y así el párrafo de Tácito queda en entredicho por su incongruencia temporal.

4.Suetonio

Gayo Suetonio Tranquilo (75-160), escribió alrededor del 120 que el emperador Claudio expulsó de Roma a judíos instigados por un tal 'Chrestus':

Iudaeos, impulsore Chresto, assidue tumultuantis Roma expulit.
A los judíos, instigados por Chrestus, los expulsó de Roma por sus hábitos escandalosos

De Vita Caésarum. Divus Claudius, 25.

Algunos estudiosos dieron por sentado que el nombre 'Chrestus' equivale a 'Cristo' y que la diferencia reside simplemente en un problema ortográfico; sin embargo, se trata apenas de una presunción. Chrestus es un nombre común en la Roma imperial, atestiguado en lápidas e inscripciones; en latín significa «buen hombre», «íntegro», «útil», pero también se podía usar en el sentido peyorativo de «simple», «ingenuo», «tonto», y los mismos que defienden esta hipótesis sugieren que era un apelativo aplicado a los esclavos (entre los que la doctrina cristiana supuestamente tenía más éxito).

Pero Suetonio dice que el emperador expulsó a judíos, no a cristianos, y ese Chrestus implica en el texto, en el mejor de los casos, a un agitador en la Roma de los 50s y no a un predicador en la Galilea de los 30s. Por lo tanto, no parece haber relación entre 'Chrestus' y 'Cristo', al menos nada lo sugiere más que la especulación de aquellos estudiosos.

Años más tarde Suetonio escribió, en una lista de las actividades realizadas por Nerón:

Multa sub eo et animadversa severe, et coercita, nec minus instituta [...]
afflicti suppliciis Christiani, genus hominum superstitionis novae ac maleficae
.
Bajo éste [su reinado] se reprimieron y castigaron muchos abusos, dictándose reglamentos muy severos [...]
Nerón infligió suplicios a los cristianos, un género de hombres de una superstición nueva y maligna.

De Vita Caésarum. Nero, XVI.2.

Este texto también enfrenta serias sospechas de interpolación.

5.La carta de Mara Bar-Serapion

En un manuscrito siriaco del siglo VII, que se encuentra actualmente en el Museo Británico de Londres, se recoge una carta de un tal Mara Bar-Serapion. La escribe desde la cárcel a su hijo, exhortándole a buscar la sabiduría. No hay acuerdo sobre la antigüedad de la carta, pero la mayoría de los estudiosos la fechan en la primera mitad del siglo II o incluso en el último cuarto del siglo I. Otros estudiosos afirman que fue escrita en el siglo III. En la carta hay una referencia a un «rey sabio», que ha sido interpretada por varios autores como una alusión a Jesús de Nazaret:

¿Qué ventaja obtuvieron los atenienses cuando mataron a Sócrates? Carestía y destrucción les cayeron encima como un juicio por su crimen. ¿Qué ventaja obtuvieron los hombres de Samo cuando quemaron vivo a Pitágoras? En un instante su tierra fue cubierta por la arena. ¿Qué ventaja obtuvieron los judíos cuando condenaron a muerte a su rey sabio? Después de aquel hecho su reino fue abolido. Justamente Dios vengó aquellos tres hombres sabios: los atenienses murieron de hambre; los habitantes de Samo fueron arrollados por el mar; los judíos, destruidos y expulsados de su país, viven en la dispersión total. Pero Sócrates no murió definitivamente: continuó viviendo en la enseñanza de Platón. Pitágoras no murió: continuó viviendo en la estatua de Hera. Ni tampoco el rey sabio murió verdaderamente: continuó viviendo en la enseñanza que había dado.

citado desde Penna, Romano: Ambiente histórico-cultural de los orígenes del cristianismo: textos y comentarios, pág. 319, Bilbao, 1994.

Algunos autores han interpretado que la abolición del reino de los judíos a que se hace referencia es la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70, y el «rey sabio» por cuya muerte los judíos fueron castigados, Jesús de Nazaret.

El texto parece poco fiable, porque contiene inexactitudes históricas sobre Sócrates y Pitágoras. Además, no hay ninguna prueba de que el «rey sabio» al que alude Mara Bar-Serapion sea Jesús de Nazaret. Podría referirse a algún otro de los líderes judíos que en época aproximadamente contemporánea a Jesús de Nazaret se arrogaron el título de Mesías, o incluso podría hacer referencia a algún rey de Judá, anterior en muchos siglos a Jesús de Nazaret.

No existen más referencias históricas acerca de Jesús del siglo I o principios del siglo II, al margen del Nuevo Testamento, pese a que numerosos historiadores y pensadores documentaron bastante exhaustivamente la época (entre ellos Filón de Alejandría, Juvenal, Séneca, Plutarco, Apolonio, Luciano, Aulo Gelio, Dión Crisóstomo y Valerio Flaco).


Bibliografía adicional

  • Dario Bazec, (2001). "La Cronologia dei Vangeli secondo il calendario ebraico" , Edizioni Italo Svevo. Trieste. (ital.)
  • José Miguel García, Los orígenes históricos del Cristianismo, Ediciones Encuentro, 2007

Historicidad de Jesús

Publicado en Historia o parahistoria el 25 de Septiembre, 2007, 9:34 por themackintoshman

Los cuatro Evangelios son unas biografías fragmentarias de Jesús de Nazaret con una finalidad eminentemente religiosa y pastoral, ya que los Apóstoles no pretendían en su predicación satisfacer meras curiosidades históricas, sino exponer los hechos y doctrinas fundamentales de Jesús, sentando las bases de la fe en Él como Mesías, Hijo de Dios y Salvador de la Humanidad; sin embargo, a través de los relatos evangélicos es fácil sorprender el trasfondo histórico de la sociedad en la que vivió Jesús, y confrontarlo con los datos que nos proporcionan las obras de Flavio Josefo, que escribe seis lustros después de Jesucristo, y con otros escritos rabínicos, y aun con los de los historiadores romanos Tácito y Suetonio.

Datos históricos en los Evangelios

La figura de Jesús no es un fantasma histórico proyectado en una época incontrolable dentro de la Historia universal. Jesús aparece en una de las épocas más lúcidas de la Historia antigua, en una encrucijada geográfica bien conocida por los historiadores romanos. San Lucas precisa bien los contornos históricos de los tiempos en que se inicia la predicación del Maestro de Nazaret: «El año quintodécimo del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, tetrarca de Galilea Herodes, y Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de la Traconitide, y Lisania tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto...» (Lc 3,1-2). Todos estos personajes son controlables por la crítica histórica a base de textos extraevangélicos, desde el emperador reinante hasta los minúsculos reyezuelos de Palestina que señoreaban el país después de la muerte de Herodes.

A través de los escritos de Flavio Josefo podemos conocer el ambiente social, político y religioso de los tiempos inmediatos a la insurrección contra los romanos por los años 60 de nuestra Era. Los relatos evangélicos reflejan el estado de semiindependencia en que se encontraba la sociedad judía antes de la explosión nacionalista: los distintos partidos políticos y religiosos que aparecen son los mismos y tienen idénticas características que los descritos por Flavio Josefo. Así, dice acertadamente L. de Grandmaison: «La sociedad palestina anterior a estas grandes conmociones y en un estado de relativo equilibrio es la que nuestros Evangelios suponen y pintan con exactitud maravillosa. El horizonte es limitado, el de Galilea y Judea. Todas las alusiones dicen relación a las costumbres, al lenguaje y a los hábitos de espíritu y condiciones que prevalecían bajo el hijo de Herodes. Aquel pequeño mundo revive con el increíble eslabonamiento de sus autoridades imperial, real, nacional y aristocrática. La magistratura del Sanedrín es todavía competente y temible; es capaz de arrojar de la Sinagoga...; los cambios visibles, y lo que se podría llamar la danza de los sacerdotes en las manos de Agripa y, después, de los procuradores romanos, no ha comenzado todavía. Los partidos tan característicos se disputan ya su influencia: saduceos, llenos de altivez, herodianos oportunistas, fariseos y hasta celotas. Pero aún no se habían levantado los unos contra los otros, como lo hicieron en el tercer cuarto de siglo; y los extremistas no dominan aún. Todo el aparato ritual, social e internacional del Templo, los sacrificios, los impuestos, las fiestas, las solemnidades son respetados como sagrados, están llenos de esplendor. El sabatismo exagerado de los casuistas, el lujo de las grandes familias sacerdotales, la afectación de los puritanos orando en las plazas..., la autoridad de los escribas y doctores, sentados en la cátedra de Moisés. Todo nos remite a una sociedad aún no dividida profundamente, ni amenazada, ni incierta del porvenir, al judaísmo todavía floreciente del segundo cuarto de nuestro primer siglo» (Iésos-Christ, Sa Personne, son Inessage, ses preuves, 1, París 1928, 123).

En efecto, la coincidencia sustancial de los datos evangélicos y de los escritos judíos es notoria, ya que no se ha podido señalar ninguna contradicción entre esta doble serie de fuentes, lo que es una garantía de honestidad histórica en los relatos evangélicos. Aparte de esta armonía con el ambiente histórico y socio-religioso de la época, el mismo modo en que están redactados los Evangelios ofrece una nueva garantía de seriedad historiográfica; son escritos sobrios y fragmentarios, sin pretensiones de reconstruir totalmente los hechos. Los Apóstoles, al predicar, daban datos sobre la vida de Jesús, no tanto para satisfacer la curiosidad histórica de su auditorio, cuanto para enmarcar históricamente o para destacar sus afirmaciones doctrinales. Son fundamentalmente unos catequistas -«ministros de la palabra»- que buscan convencer y conmover religiosamente a sus oyentes para que acepten el mensaje sobrenatural del Maestro venerado que se ha manifestado como Mesías e Hijo de Dios y con una finalidad salvífica hacia todos los hombres. Por eso, los relatos evangélicos, basados en la predicación apostólica, resultan a veces desconexos y fragmentarios, aunque sin cuadros artificiales ni rellenos literarios. Un autor falsario, que hubiera pretendido forjar una biografía completa de Jesús conforme a las exigencias dogmáticas de la segunda generación cristiana, habría rellenado los vacíos históricos de la vida del Maestro, completando posibles afirmaciones fragmentarias y oscuras, etc. En cambio, los relatos evangélicos presentan con naturalidad los hechos como emanados de testigos oculares; y los detalles históricos sólo aparecen cuando sirven para destacar el mensaje doctrinal.

Otros indicios de historicidad de los relatos evangélicos son el empleo de frases y términos que estaban en uso en tiempos de Jesús, y que en cambio no vuelven a aparecer en la primera generación cristiana. Así, la expresión Hijo del hombre, tantas veces empleada por el Maestro, tiene pleno sentido en el ambiente de expectación mesiánica de la sociedad judía de los tiempos de Jesús, pero no vuelve a emplearse en la literatura apostólica. Otro tanto se puede decir de las frases Reino de los cielos o hijo de David, que en la terminología de los escritos apostólicos es sustituida por sus equivalentes de Iglesia y Señor o Kyrios. Todo esto prueba que los relatos evangélicos reproducen lo escuchado por los contemporáneos del Maestro. Además, los lexicólogos destacan el fondo aramaico de las parábolas y expresiones de Jesús, particularmente en la formulación rítmica del Padre nuestro. ¿Cómo un autor greco-romano habría de emplear la expresión aramea «santificado sea tu nombre», si no existiese una tradición antigua que provenía de los mismos labios del Maestro? Incluso las enseñanzas evangélicas fundamentales se hallan en los relatos de los Sinópticos en un estado embrionario, sin haber adquirido el desarrollo teológico de las epístolas de S. Pablo, algunas de las cuales son anteriores a la redacción de los primeros Evangelios. Un autor falsario, tratando de reflejar la fe de la primera comunidad cristiana, habría concretado y explicitado más los conceptos teológicos conforme a los esquemas doctrinales del Apóstol de las gentes.

No se concibe que un admirador de los Apóstoles hubiera resaltado la rudeza de éstos y su falta de comprensión del mensaje de Cristo, como aparece en los relatos evangélicos. Todo esto arguye arcaísmo y autenticidad documental. Y así, reconocen que antes de la efusión del Espíritu Santo el día de Pentecostés no habían comprendido plenamente el misterio profundo sobrenatural de la Persona y mensaje del Maestro.

Las intervenciones y declaraciones de Jesús son extremadamente sobrias, conforme a las circunstancias, huyendo de toda fantasmagoría imaginativa al estilo de los libros apócrifos. Por eso, su carácter mesiánico y su dignidad divina se manifiestan gradualmente y por revelaciones escalonadas. Nada de espectacular o artificioso: lo humano se conjuga admirablemente con lo divino en su Persona, y habitualmente el velo de su humanidad encubre los esplendores de su divinidad. Sus milagros no son manifestación ostentosa de un mesianismo triunfalista y aparatoso, sino que los realiza sencillamente y a veces como contra su voluntad para remediar una necesidad o confirmar la fe del auditorio. Su carácter mesiánico y su naturaleza divina se desprenderán, no tanto de hechos desconectados, como del conjunto de su vida y doctrina. Un autor falsario hubiera evitado las frases veladas que emplea en los comienzos Jesús al enunciar sus pretensiones mesiánicas. Sólo cuando culmine su obra manifestará paladinamente ante el Sanedrín su carácter superior trascendente y su dignidad mesiánica conforme a las profecías de Daniel (Mt 26,64).

Los Evangelios sinópticos no están escritos por personas que tengan la obsesión de divinizar a Jesús a toda costa, sino que ofrecen con naturalidad el testimonio de su figura y su actuar humanos, sin temor de rebajarlo de su condición divina. Sabemos que algunos copistas de los s. III-IV se atrevieron a pasar por alto algunos relatos evangélicos, porque les resultaban escandalosos o contrarios a la dignidad del Maestro, como el sudor de sangre y su estado de postración, en Getsemaní, o el perdón de la adúltera. Si los relatos evangélicos fueran obra de un falsario posterior a la generación apostólica, habría callado todo lo que parecía comprometer la dignidad divina del Maestro ante los fieles que le reconocían como Dios; y así, habría sacrificado la humanidad de Jesús en beneficio de su divinidad. En cambio, los evangelistas relatan con naturalidad los hechos y las palabras de Jesús, aun las que pudieran parecer desconcertantes a ciertos lectores. No tratan, pues, de «idealizar» la figura humana de Jesús.

En efecto, el Cristo de los Evangelios es el Jesús real, el Jesús de la historia, que con sus profundidades psicológico-teológicas es el mismo Cristo que proclama la fe en las primeras generaciones cristianas, en cuanto que en la figura, hechos y declaraciones históricas de Jesús se halla todo lo que explícitamente y de modo más claro se formulará en las confesiones litúrgicas sobre Cristo. No hay contraposición entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, sino explicitación entre ambas perspectivas, o manifestación teológica de hechos históricos con hondas implicaciones doctrinales. S. Pablo desentraña ampliamente esas virtualidades en orden a la vida de la fe de los cristianos. Esto prueba que tres lustros después de la desaparición del Maestro existía en la Iglesia primitiva un esquema teológico-dogmático ya claro, que servía de base a la fe de los creyentes. El fundamento de estas formulaciones dogmático-litúrgicas se halla en los hechos históricos y la tradición apostólica que recogen los relatos evangélicos. Por eso, en las diversas iglesias cristianas esparcidas por los lugares más lejanos del Imperio romano se profesaba la misma fe sobre la vida y mensaje doctrinal del Maestro; y esto es una prueba de que todos los predicadores apostólicos se hacían eco de unos mismos hechos históricos de la vida de Jesús.

Los Apóstoles son tajantes en su afirmación de la verdad de los hechos históricos a los que se refieren, y en no admitir que se pongan en duda o se introduzcan innovaciones o interpretaciones que se aparten de esos hechos y de la doctrina de Cristo: «no fue siguiendo artificiosas fábulas como os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, sino como quienes han sido testigos oculares de su majestad», dice S. Pedro (2 Pet 1,16). La permanencia en la doctrina recibida, contra los falsos doctores y los «seductores que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne» (2 lo 7), es el tema de la segunda Epístola de S. Juan y de otros escritos apostólicos; S. Pablo, tratando otro asunto, pero enunciando un principio de valor general, llega a escribir a los Gálatas: «aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio, distinto del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gal 1,8 ss.)

La misma semblanza espiritual y moral de Jesús que se desprende de los relatos evangélicos es tan elevada y sobrehumana, que no puede ser creación de un genio humano y menos del anonimato colectivo. Como decía el mismo Rousseau sería «inconcebible que muchos hombres de acuerdo hubieran fabricado... y falseado el personaje de los Evangelios. Jamás autores judíos hubieran encontrado ni este tono ni esta moral. El Evangelio tiene caracteres de verdad tan grandes, tan claros, tan perfectamente inimitables, que el inventor sería más admirable que el héroe» (Émile, IV). En efecto, en la historia conocemos deificaciones artificiales de héroes que han dejado huella en un pueblo; conocemos también esas apoteosis progresivas, que poco a poco van deshumanizando el personaje histórico, para colocarlo en un trasmundo etéreo y sin contornos definidos. Pero en el caso de Cristo no encontramos huellas de esta glorificación progresiva hasta escalar las alturas de la divinidad. El Cristo de la fe sigue siendo el mismo Jesús de la historia con su plena y total humanidad. Lo divino aparece sin destruir lo humano, y a su vez lo humano está aureolado por lo divino, pero sin confundirse ambas esferas en la perspectiva del creyente; el cristiano de las primeras generaciones apostólicas no supone que Jesús sea un hombre divinizado, es decir, absorbido en lo divino, sino que la naturaleza humana permanece aun después de su glorificación. Por otra parte, la preocupación por mantener intacta la doctrina, por guardar el depósito de la fe sin cambios -preocupación consustancial al cristianismo desde sus comienzos- no solamente no favorece las «creaciones anónimas colectivas» ni las modificaciones progresivas, sino que las impide.

Además, los evangelistas eran judíos y, como tales, radicalmente monoteístas, sin propensión a divinizar a nadie, ni siquiera al esperado Mesías. ¿Cómo, pues, iban a sentirse tentados a divinizar a un judío contemporáneo que muere fracasado en la cruz? Los Apóstoles, gentes de pueblo, realistas y desconfiados, sólo creen lo que ven y palpan; por eso sólo después de la resurrección de Jesús se percatan de que Éste seguía viviendo a la diestra del Padre en igualdad de poder. Poseídos de esta visión del crucificado se lanzan por todos los ámbitos del Imperio a predicar que el Jesús de Nazaret, con el que han convivido, es el mismo Dios, el Creador de cielos y tierra.

Por lo que se refiere al ámbito romano, cuando se redactan los Evangelios, el tipo ideal filosófico es el estoico, impávido ante el dolor y la muerte. Ahora bien, los evangelistas lejos de crear un tipo ficticio, impasible ante el dolor, presentan a Jesús participando de todas las emociones de la vida en su dimensión noblemente humana. Jesús llora ante el sepulcro de su amigo Lázaro y ante la ciudad de Jerusalén, siente aversión al cáliz de dolor que le presenta el Padre, y antes de su muerte da un grito que puede parecer de angustia. Todo en la persona de Jesús es naturalidad y misterio al mismo tiempo. Su tipo ideal no encaja dentro de los moldes convencionales de las distintas escuelas filosóficas o pedagógicas, sino que las trasciende. «Cada hombre posee una fisonomía individual, consistente en que ciertas fuerzas, ciertas energías o ciertas cualidades se destacan en primera línea, mientras que otras, por ese mismo hecho, quedan relegadas al último término. Esta oposición de relieves y huecos, de luces y sombras sobre un fondo de naturaleza humana común a todos, constituye la fisonomía de los individuos. Ahora bien, ¿ocurre cosa parecida con Cristo? ¿Puede afirmarse que en El la razón, por ejemplo, predomina sobre el sentimiento, o viceversa? ¿Prevalece en Él la energía sobre la prudencia, o la prudencia sobre la energía? ¿Es la sensibilidad del corazón y una gravedad acompañada de seriedad lo que le caracteriza, o bien es la libre serenidad del pensamiento? ¿Es, como hoy se dice, un intelectual o bien un hombre de acción? Considerando cualquiera de sus rasgos nos sentimos siempre inclinados a tomar ese trazo como característica más saliente; yendo, empero, más allá, y escuchando la continuación de sus discursos, advertimos bien pronto que todos los demás rasgos de su persona gozan de un igual grado de relieve» (P. Morawski, cit. por P. Buisse, Jesús ante la crítica, Barcelona 1930, 25-26).

El mismo mensaje de Cristo está por encima de toda época y raza. Jesús es tan original en sus enseñanzas que rompe con la estrecha mentalidad judía. Como dice P. Morawski, «Sócrates, según las descripciones que nos han dejado sus discípulos, es griego hasta la médula de sus huesos; su idea del mundo parte del punto de vista helénico. Cicerón es romano de su época; la esfera de sus concepciones y sentimientos no es ni más amplia ni más distinta de la que permite el ambiente en que vivió. Un judío en la época de Cristo debía tener un horizonte de pensamientos y de sentimientos aún más restringido, a causa del espíritu nacionalista estrecho y fanático. Por el contrario, en Jesús todo aparece universalmente humano, todo parece situado más allá de las fronteras del espacio y del tiempo; todo en Él es igualmente accesible a cada época y a cada nación... ¿Hay alguien que al leer el Evangelio tenga la impresión de que Jesús de Nazaret es para él un extranjero?» (cit. por P. Buisse, o. c., 26).

La personalidad religiosa y moral de Jesús es un enigma psicológico; su proceder está fuera de todo posible paralelo histórico: «¿Puede concebirse que un joven sencillo, artesano, porfíe, por una parte, en modificar las convicciones mesiánicas de todo un pueblo obstinado, y por otra, que dé principio a su obra sin vacilaciones ni tanteos, con la plena conciencia, desde el primer momento, de la grandeza de sus designios; y lo que es más, con la certeza del triunfo? ¿Puede concebirse cómo ese hombre, que sabe y posee su ciencia del Padre eterno, revele al mismo tiempo en su conducta una humildad profunda y sin desfallecimientos? Semejante enigma psicológico..., ese tipo de belleza moral que resume en sí mismo el conjunto de todas las cualidades que los genios y los héroes no poseen sino en parte..., ningún autor hubiera podido inventarlo» (P. Buisse, o. c., 27).

Son tales los indicios de realismo en los relatos evangélicos, y tal la originalidad de la figura y mensaje de Jesús, que es imposible concebirlos como creación de un falsario. Así lo confiesa incluso el racionalista A. Jülicher: «Si la imagen total de Jesús de Nazaret que dan los Sinópticos despliega toda la magia de la realidad, no proviene ello del arte literario de los evangelistas, antes bien, éstos hubieran menester de él; ni tampoco ello deriva de la facultad creadora de poesía de hombres que les habían precedido, sino que obedece al hecho de que, humildemente aplicados a eclipsarse a sí mismos, describían a Jesús como lo habían encontrado descrito en las comunidades cristianas; y esa descripción que hallaban hecha enteramente respondía esencialmente al original... La semejanza del retrato es tal, que un maestro en Historia, equipado con todos los aparejos de la ciencia e iniciado en todas las técnicas del arte, no lo hubiera hecho mejor» (Einleitung in das Neue Testament, 7 ed. Tubinga 1931, 333). Por eso concluye J. Weiss: «Aun cuando descubriéramos hoy una inscripción en la que el procurador Poncio Pilato atestiguase solemnemente que había hecho crucificar tal o cual día a Jesús, este hecho no aumentaría la fuerza del testimonio contenido en los Evangelios» (Iesus von Nazareth Mythus oder Geschichte?, Tubinga 1910, 171).

Datos históricos sobre Jesús en los escritos paulinos

Pablo de Tarso escribiendo sus cartas, obra del siglo XVII
Pablo de Tarso escribiendo sus cartas, obra del siglo XVII

A pesar de que los escritos de San Pablo son de índole epistolar y ocasionales, es decir, dirigidos a iglesias locales con problemas particulares de carácter pastoral y doctrinal, encontramos tales datos alusivos a la vida de Jesús que fuerzan a cualquier lector objetivo a considerar a Pablo de Tarso no como un visionario místico que inventa un personaje, centro de sus lucubraciones teológicas de salvación, sino como a un Apóstol que trabaja sobre los datos de la tradición histórica reflejada en los Evangelios. Como tal, da por supuestos unos hechos que nadie de sus oyentes pone en duda. Puesto que no ha sido testigo inmediato de los hechos de Jesús, como lo eran los demás Apóstoles, no pretende descubrir nuevos datos sobre la vida del Maestro, y se atiene, como convertido, a los que le proporcionen los testigos inmediatos oculares que aún viven, y a los que en alguna ocasión apela para reforzar su doctrina, que no es distinta de la de los demás Apóstoles. Para su esquema catequético le bastan, en general, los hechos sustanciales: la encarnación real de Dios en un hombre de la dinastía davídica, su muerte en la cruz y su resurrección. Así, afirma que Cristo, «teniendo la forma (naturaleza) de Dios, se anonadó, tomando la forma (naturaleza) de siervo y haciéndose semejante a los hombres; y en la condición de hombre se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios le exaltó... para que toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre» (Philp 2,6-11).

Pablo no podía presentar ante la opinión de los fieles la riqueza de experiencias personales de los demás Apóstoles. Pero constantemente insiste en la humanidad real de Cristo. En primer lugar, presenta a Cristo apareciendo en un momento concreto de la historia, en la «plenitud de los tiempos» dentro del esquema de maduración de los designios salvíficos de Dios sobre la humanidad. Así dice en Gal 4,4: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su hijo, nacido de mujer, bajo la Ley»; y en Rom 1,1-4 se dice de Cristo que es «nacido de la raza de David según la carne». Cristo, pues, pertenece realmente a la raza humana porque ha nacido de una mujer histórica, de la descendencia de David. Estas afirmaciones solemnes están hechas unos veinte años después de la muerte de Jesús, y antes de haber sido redactados los Evangelios sinópticos.

En otros textos de la Epístola a los Romanos se insiste en la pertenencia de Jesús a la raza de Abraham (Rom 8, 3-4; 9,3-5). En Gal 1,19 habla de Santiago, «hermano del Señor»; era el título honorífico y de veneración que los cristianos de Jerusalén daban a los parientes próximos de Jesús; y como tales gozaron de gran estima en la primitiva comunidad de Jerusalén. El texto de S. Pablo, pues, muestra que Jesús ha vivido en Palestina y en el seno de una familia conocida de los primeros cristianos de Jerusalén; no es un fantasma creado por su imaginación, por exigencias de un esquema teológico preconcebido. No necesita probar la existencia histórica de Jesús, que para él es la gran realidad como «Cristo crucificado, escándalo para los judíos y estulticia para los gentiles» (1 Cor 1,23). Así, un crucificado en Palestina era la base de la fe y la esperanza de Pablo y de los cristianos que catequiza. Era una realidad desconcertante, pero había que aceptarla como un hecho que tuvo lugar en un momento concreto en Jerusalén.

Cuando Pablo predicaba en torno a este hecho de la muerte redentora de Jesús, vivían aún centenares de personas que habían sido testigos oculares de la crucifixión de Jesús y de su resurrección. En las polémicas, Pablo remite a la autoridad de los testigos oculares, Cefas, Juan y Santiago, y a otros «quinientos hermanos a quienes se apareció Jesús resucitado, y de los cuales muchos viven aún» (1 Cor 15,6). Más tarde, escribiendo a Timoteo, dice que Jesús «hizo la buena confesión en presencia de Poncio Pilato» (1 Tim 6,13), personaje bien conocido en la historia evangélica y en los escritos de los historiadores romanos, así como en los de Flavio Josefo, de la generación inmediata posterior a la de Jesús. Y en 1 Cor 15,3-8 resume su predicación catequética con estas palabras bien concretas: «Pues a la verdad os he trasmitido lo que yo mismo he recibido, que Cristo murió por nuestros pecados..., que fue sepultado, que resucitó al tercer día... y que se apareció a Cefas, luego a los Doce. Después se apareció una vez a más de quinientos hermanos, de los cuales muchos viven todavía, y algunos murieron; luego se apareció a Santiago, luego a todos los apóstoles, y después de todos, como a un abortivo, se apareció a mí». Escribe esto S. Pablo apenas unos veinticinco años después de la desaparición del Maestro, cuando su recuerdo estaba aún fresco, y sobrevivían muchos de los que habían sido testigos de sus hechos, y habían oído sus palabras.

Aparte de las referencias a los hechos fundamentales de la vida de Jesús, el apóstol alude también a otros hechos y a sus enseñanzas concretas, citando sus palabras (1 Cor 7,10; Rom 14,14), incluso algunas no, recogidas por los evangelistas (1 Cor 9,14; 1 Tim 5,1; Rom 12,14.17). Habla de los «preceptos del Señor» (Gal 6,2; 1 Tim 5,18); y nos dice que Jesús abrazó una vida de pobreza (2 Cor 8,19), de sujeción a la Ley (Fil 2,8), de obediencia al Padre (Rom 5,15-19), de santidad (Rom 1,4), que se entregó voluntariamente a sus enemigos (Gal 1,4; 2,20) y a los judíos (1 Thes 2,19), a los príncipes de este mundo (Eph 1,7; 2,13). Antes de morir instituyó la Eucaristía (1 Cor 11,23-26). Murió por Pascua, en tiempo de los Ázimos (1 Cor 5,6-8). Los verdugos le suspendieron con clavos de la cruz (Col 2,12; 1 Cor 2,2), en las cercanías de Jerusalén (Heb 12,12). Sepultado (1 Cor 15,4), resucitó al tercer día (1 Thes 1,10; Gal 1,1; 1 Cor 6,14; 2 Cor 4,14). Por eso los cristianos consideran el domingo como día del Señor (1 Cor 16,2). Después de haber subido a los cielos (Eph 4,4-12), se halla sentado a la diestra del Padre (Eph 1,20; 2,6), de donde vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos (1 Thes 1,10; 4,16; 2 Thes 1,7; Philp 3,20). Todos estos rasgos que incidentalmente aparecen en la pluma de S. Pablo, tomados de diversas cartas ocasionales y con problemáticas diversas, reflejan bien la silueta de un ser histórico, centro de su mensaje teológico.

La existencia histórica de Jesús en los escritos judíos

Flavio Josefo. Antigüedades judías
Flavio Josefo. Antigüedades judías

El judaísmo oficial desde el principio mantuvo una actitud de hostilidad y desprecio hacia el movimiento religioso iniciado por el artesano de Nazaret, que se había arrogado títulos de profeta. Lo consideró una secta herética, al margen de los intereses nacionalistas de la sociedad judía. Por eso en sus escritos del s. I impera un silencio despectivo. Con todo, Flavio Josefo, escribiendo antes del final del s. I, alude a la persona histórica de Jesús de Nazaret en dos ocasiones. Hablando de Santiago el Menor, dice que era «hermano de Jesús, llamado Cristo»; y concreta que aquél fue muerto en el a. 62 de la Era común por intrigas del sumo sacerdote Hanán, hijo de Anás, que figura en los relatos evangélicos sobre la pasión de Jesús (F. Josefo, Antiquitates judaicae, XX,ix,1). Habla también de la muerte del Bautista, coincidiendo sustancialmente en sus apreciaciones con las afirmaciones de los evangelistas. En otro texto, el autor judío alude, de modo más concreto, a la persona de Jesús de Nazaret. En efecto, después de mencionar la violenta represión organizada por Pilato contra los judíos, con motivo de su proyecto de una nueva traída de aguas a Jerusalén, dice: «En ese tiempo fue cuando apareció Jesús, hombre sabio (si se le puede llamar hombre). Pues fue el ejecutor de obras admirables, el Maestro de los que reciben con alegría la verdad y arrastró a muchos judíos y a otros procedentes del helenismo. (Era el Cristo.) Denunciado por los de nuestra nación, Pilato le condenó a suplicio de cruz; mas quienes le habían amado desde el principio no cesaron de seguirle (porque se les apareció al tercer día resucitado, según lo habían anunciado los divinos profetas, así como otras maravillas). Y hasta el presente subsiste la secta que por seguirle ha recibido el nombre de cristianos» (F. Josefo, Antiq. jud., XVIII,iii,3).

Este singular texto ha sido muy discutido por la crítica por ser demasiado explícito y admirativo de la persona del fundador del cristianismo, cosa extraña en boca de un judío de una época en que los cristianos eran sistemáticamente odiados, despreciados y silenciados por los representantes del judaísmo. Con todo, Harnack, Sanday y Burkitt mantienen su autenticidad, mientras que Batiffol y Lagrange se inclinan por la negativa (sobre esta cuestión véase la amplia nota de L. de Grandmaison, o. c., 1,189 ss.). Entre las dos posiciones nos parece la más aceptable la opinión de Reinach, quien considera el texto fundamentalmente auténtico, aunque con interpolaciones cristianas de las frases admirativas que hemos puesto entre paréntesis. De hecho, la tradición manuscrita del pasaje es segura críticamente, ya que el texto aparece en todos los manuscritos de la obra de Flavio Josefo. Figura además en todas las versiones, incluso en versiones árabes anteriores a los manuscritos griegos más usuales, y es reproducido por Eusebio en su Historia eclesiástica. De otra parte, no cabe duda de que este escritor judío, que vivía en Roma y escribía a fines de la primera centuria, tenía que conocer la nueva secta y sus orígenes, aunque procurara silenciarla como solía hacer con todos los movimientos mesianistas que pudieran excitar el celo de los dominadores romanos. Es, pues, perfectamente verosímil una alusión incidental a la persona de Jesús y al movimiento religioso por él iniciado. Al texto en el que menciona a Santiago el Menor, «hermano de Jesús», no se le oponen reparos críticos.

En el Talmud de Jerusalén y en el de Babilonia se recogen muchos datos deformados de la vida de Jesús, dando interpretaciones sectarias o irreverentes a sus palabras, pero jamás se niega su existencia histórica. Un panfleto arameo llamado Tólédót Yeshua (Vida de Jesús) presenta una biografía caricaturesca, que es, como lo ha caracterizado un crítico moderno, «una explosión de bajo fanatismo, de sarcasmo odioso y de fantasía grosera» (L. de Grandmaison, o. c., I,11). Estas tradiciones talmúdicas fueron redactadas hacia el s. V, pero recogen otras anteriores, atribuidas a rabinos del s. II. En el Talmud de Babilonia se lee: «El día señalado para la ejecución, antes de la fiesta de la Pascua, se suspendió en un patíbulo a Jesús de Nazaret por haber seducido y engañado a Israel con sus encantamientos». A mediados del s. II San Justino pone en boca de un interlocutor judío, Trifón, unas palabras que reflejan lo que pensaban entonces los judíos de Jesús: «Jesús, el galileo, suscitó una secta impía y enemiga de la Ley. Nosotros lo crucificamos. Sus discípulos robaron su cadáver del sepulcro durante la noche. Y engañan y seducen a los hombres diciendo que resucitó y subió a los cielos». De todos estos testimonios se deduce que los judíos de los primeros siglos nunca pusieron en duda el hecho de la existencia de Jesús. Conocían incluso los Evangelios, a los que llamaban despectivamente Avengillajón (escrito malo).

Datos históricos sobre Jesús en los escritos paganos

Efigie figurada de Tácito
Efigie figurada de Tácito

El cristianismo surgió como un fermento que paulatinamente fue invadiendo la sociedad romana de abajo arriba. Por eso no podemos esperar en los escritores romanos de la generación apostólica alusiones concretas y explícitas sobre Jesús. Para los autores romanos de esos años, el movimiento cristiano era una simple secta de origen judío que carecía del relieve que les llevase a ocuparse de ella. Sólo en el s. II, cuando era una fuerza que con su credo religioso podía amenazar los pilares del Imperio, negando la divinidad del emperador, y proclamando la fraternidad universal de todos los hombres, los intelectuales romanos se preocuparon de atacarle. Los impugnadores del cristianismo de mediados del s. II —Celso y los gnósticos— tratan de desacreditar la persona de Jesús, pero jamás niegan su existencia histórica, conscientes de que eso hubiera desacreditado sus argumentaciones. De hecho, los apologistas cristianos que les salieron al paso —Ireneo, Justino— jamás tuvieron necesidad de entretenerse a probar el hecho de la existencia histórica de Jesús. Tertuliano, a fines del s. II, da con precisión fechas cruciales de la vida de Jesús: n. en el 41 del reinado de Augusto, m. a la edad de 30 años en el año quintodécimo de Tiberio, bajo el consulado de Rubelio Gemino y de Rufo Gemino, el 8 de las calendas de abril, el día de Pascua (Adversus Judaeos, 8). Por su parte, S. Justino, polemizando hacia el 150 de la Era cristiana con los judíos, en su Apología dirigida al emperador Antonino Pío y a sus hijos adoptivos, Marco Aurelio y Lucio Vero, presenta a Cristo nacido hace siglo y medio, en tiempo del censo de Cirenio (Quirino), en una aldea judía a 35 estadios de Jerusalén, y que fue crucificado bajo Poncio Pilato, o en tiempo de Tiberio; y apela a las actas oficiales redactadas bajo este Emperador (Apología I pro Christianis, 13,34.46; 35,13.53).

Para conocer los hechos del Imperio romano del s. I sólo disponemos de los datos de Tácito y Suetonio, que escribieron a principios del s. II. Pues bien, Tácito, escribiendo hacia el 116 habla del incendio de Roma por Nerón, afirma que éste, para disculparse, lo atribuyó a ciertas gentes detestadas por sus crímenes, a los que se les denomina cristianos: «Afflicti suppliciis christiani, genus humanum superstitionis novae ac maleficae» (Anuales, III, 15). El nombre de cristianos lo explica así: «Este nombre les viene de Cristo, al cual, bajo el principado de Tiberio, el procurador Poncio Pilato había entregado al suplicio; reprimida por el momento esta detestable superstición, penetró de nuevo no sólo en Judea, sino aun en Roma, adonde todo lo que hay de vergonzoso y afrentoso en el mundo afluye y encuentra su clientela» (o. c., 111,15.44). Tenemos aquí unas indicaciones precisas sobre la persona histórica de Cristo que coinciden con el marco histórico que dan los Evangelios. Quizá Tácito tomó sus datos de las actas imperiales, que sabemos manejó con profusión. Así, pues, según Tácito, la nueva secta tuvo origen en un ajusticiado judío que vivió en Palestina en tiempos de Poncio Pilato unos 80 años antes de redactar su obra. Nada de leyendas ni de mitos surgidos en una era lejana y oscura incontrolable por la crítica histórica.

Plinio el Joven, amigo de Tácito y gobernador de Bitinia, escribía hacia el a. 112 al emperador Trajano pidiendo normas para actuar contra los cristianos acusados en panfletos anónimos. Y describe la conducta de éstos: «tienen reuniones matinales, cantan en honor de un tal Cristo, al que consideran como Dios; se comprometen con juramento a no cometer crímenes, hurtos, latrocinios, adulterios, a no faltar a la fidelidad; se reúnen para comer en comunidad» (Plinii Secundi, Epistolae, X,96). Y Suetonio parece aludir a Cristo cuándo habla incidentalmente de la expulsión de los judíos por el emperador Claudio en el 51-52, en estos términos: «Expulsó de Roma a los judíos, los cuales bajo el impulso de Chresto (impulsore Chresto) han sido una causa permanente de disturbios» (Vita Claudii, 25,4). Quizá los disturbios provinieron de los judíos que se revolvían contra la nueva secta de cristianos. En Act 18,3 se alude a un matrimonio judeo-cristiano expulsado de Roma bajo Claudio en el a. 52.

Éstos son los textos de los escritores paganos romanos de los siglos I y II en los que se alude a la persona de Jesús. Son en realidad incidentales, como conviene a la perspectiva de unos testigos que aún no lo han sido del pleno desarrollo del nuevo movimiento religioso. Si se conservaran las crónicas imperiales del s. I seguramente encontraríamos alusiones a los conflictos locales con las comunidades cristianas, como aparece en la carta de Plinio el joven.

Bibliografía

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    • F. M. WILLAM, Vida de Jesús en el país y pueblo de Israel, 4 ed. Madrid 1954
  • Un intento de elenco de las vidas de Cristo publicadas a lo largo de la historia puede verse en:
    • A. MICHEL, Jésus-Christ, en DTC 8,1408-1411
    • R. AIGRAN, en Christus, Madrid 1962
  • Estudios históricos, apologéticos, exegéticos y críticos más importantes, sobre cuestiones particulares y de conjunto:
    • M. J. LAGRANGE, Le judaisme avant Jésus-Christ, 2 vol., París 1935
    • J. BONSIRVEN, Le judaisme palestinien au temps de Jésus-Christ, 2 vol., París 1935
    • P. HEINISCH, Cristo, el Mesías, en el A. T., Barcelona 1966
    • VARIOS, La Venu du Messie, Tournai 1962
    • V. HOLZMEISTER, Chronologia Vitae Christi, Roma 1933
    • D. ROPS (dir.), Las fuentes de la vida de Jesús, Andorra 1963
    • F. CEUPPENs, Theologia bíblica, III, De Incarnatione, 2 ed. Turín 1950
    • L. CERFAUX, Jesús en los orígenes de la Tradición, Bilbao 1970
    • J. HUBY, El Evangelio y los Evangelios, Buenos Aires 1949
    • M. J. LAGRANGE, El Evangelio de N. S. Jesucristo, 2 ed. Barcelona 1942 (hay ed. francesa de 1954)
    • J. LEAL, Valor histórico de los Evangelios, 3 ed. Granada 1956
    • L. FILLION, Les miracles de N. S. Jésus-Christ, París 1909-10
    • P. BENOIT, La divinité de Jésus dans les Évangiles synoptiques, «Lumiére et vie» n° 9 (abr. 1953) 43-74
    • R. GUARDINI, La imagen de Jesús, el Cristo, en el Nuevo Testamento, Madrid 1967
    • R. GUARDINI, Realidad humana del Señor, Madrid 1960
    • J. ROSANAS, Cristo-Dios, Buenos Aires 1954
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    • P. BUISSE, Jesús ante la crítica, Barcelona 1930
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    • M. GARCÍA CORDERO, Jesucristo como problema, Madrid-Salamanca 1961
    • W. TRILLING, Jésus devant l'histoire, París 1968
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    • J. LEBRETON, Jésus-Christ, en DB (Suppl.) IV,966-1073
    • M. LEPIN, Jésus Messie et Fils de Dieu, París 1910
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    • J. M. PONCE DE LEÓN, Jesús, Legado divino, 2 ed. Buenos Aires 1942
    • J. LEAL, Jesucristo Dios y hombre, 2 vol., Granada 1942
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    • CH. PESCH, De Christo Legato divino, Friburgo Br. 1924
    • H. DIECKMANN, De Revelatione christiana, Friburgo Br. 1930
    • R. GARRIGOU-LAGRANGE, De revelatione, 5 ed. Roma 1950
    • K. ADAM, Jesucristo, 5 ed. Barcelona 1967 (11 ed. en 1945, con el título Jésus Christus)
    • A. LANG, Teología fundamental, 1, La misión de Cristo, Madrid 1966

Bibliografía adicional

  • CHAPA, Juan (ed.): 50 preguntas sobre Jesús, Rialp, 2006, ISBN 978-84-321-3595-8
  • VARO, Francisco: Rabí Jesús de Nazaret, Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 2005. ISBN 978-84-7914-786-0
  • GARCÍA PÉREZ, José Miguel: Los orígenes históricos del Cristianismo, Ediciones Encuentro, 2007, ISBN 84-7490-837-4

Véase también


El contenido de este artículo incorpora material de la Gran Enciclopedia Rialp [1] que mediante una autorización permitió agregar contenidos y publicarlos bajo licencia GFDL

El Jesús histórico.

Publicado en Historia o parahistoria el 25 de Septiembre, 2007, 9:21 por themackintoshman

Hasta mediados del siglo XVIII no se planteaba la duda sobre la veracidad y fiabilidad histórica de los relatos evangélicos. A partir de entonces, comienza a cuestionarse desde las corrientes filosóficas del racionalismo alemán. Son los protestantes alemanes quienes comienzan a intentar una respuesta a estas cuestiones, abriéndose así la que se ha llamado la Búsqueda del Jesús histórico.

Históricamente, se ha dividido esta búsqueda en tres periodos:

1.Antigua búsqueda del Jesús histórico

Período de la Búsqueda del Jesús histórico que se extiende de 1774 hasta 1953. Se considera que la obra de Hermann Samuel Reimarus, publicada póstumamente en 1774 por su discípulo Gotthold Ephraim Lessing, es la que marca el comienzo de la Antigua búsqueda del Jesús histórico (Old Quest).

Este periodo está protagonizado por la teología protestante alemana y por el racionalismo ilustrado alemán.

Primer racionalismo

Estos autores reinterpretan los evangelios desde presupuestos racionalistas. Se busca explicación racional para los milagros, mientras es posible, y se niegan los que no pueden ser explicados. Se elimina la posibilidad de trascendencia o divinidad de Jesús. Bajo estas premisas, presentaron su versión de la "Vida de Jesús"

Racionalismo clásico

Se sigue interpretando los evangelios desde perspectivas racionalistas. Paulus aporta la interesante imagen de Jesús de Nazaret como un sanador popular, tema que será retomado años más tarde desde otras perspectivas.

Racionalismo tardío

Aún desde los planteamientos del racionalismo, aportan la observación de que en los evangelios hay una notable presencia de elementos no históricos, que los autores engloban dentro del fenómeno de mitificación, como intento "precientífico" (primitivo) de explicar lo desconocido. Destacan que este fenómeno es especialmente intenso en el Evangelio según san Juan, que desde entonces queda descartado como fuente de acceso al Jesús histórico.

La cuestión sinóptica

La tradición cristiana había establecido que el evangelio más antiguo era el de Mateo. Se había llegado a afirmar que el de Marcos era un resumen de los evangelios de Mateo y Lucas. Weisse y Wilke, de modo independiente, en 1838 concluyen que el evangelio de Marcos no es un resumen de Mateo y Lucas, sino que es anterior a ellos y les sirve de fuente. Además, Weisse estableció la teoría de que existía una fuente común a Mateo y Lucas. Johannes Weiss, en 1890, denominó con la letra Q a esta fuente (de Quelle que significa fuente en alemán). Surge así la hipótesis de las dos fuentes:

La teoría de las dos fuentes fue analizada y sistematizada por Heinrich Julius Holtzmann.

La escuela liberal

Movimento de lucha contra el dogma y el kerigma del cristianismo. Tras descartar los evangelios de Mateo y Lucas, tardíos respecto a Marcos y a la fuente Q, analizan estas dos fuentes para intentar reconstruir la vida de Jesús, siempre desde perspectivas racionalistas.

La escuela de la historia de las religiones

La Escuela de la historia de las religiones surge a finales del siglo XIX. Su principal aportación a la Búsqueda del Jesús histórico es la de observar el nacimiento del cristianismo en un contexto histórico-social en el que se desarrolla bajo la influencia de diversas religiones circundantes. Inicialmente se plantearon teorías sobre la procedencia o dependencia directa de religiones mistéricas helenísticas u orientales. Estudios posteriores han definido su máxima dependencia del judaísmo.

La escuela de la historia de las formas (Formgeschichte)

Crisis de la old quest

El escepticismo histórico

2.Nueva búsqueda del Jesús histórico

Período de la Búsqueda del Jesús histórico. La Nueva búsqueda del Jesús histórico surge como reacción al escepticismo promovido por Rudolf Karl Bultmann, que originó un periodo intermedio denominado por algunos autores de "no búsqueda" (no quest). Son los propios discípulos de Bultmann los que exponen la importancia de acceder al Jesús de la historia. Proponen no excluir el kerigma de la iglesia primitiva sino precisamente partir de él para intentar retroceder hasta el personaje que lo originó.

A diferencia de la antigua búsqueda del Jesús histórico, esta nueva etapa no está protagonizada en exclusiva por los teólogos protestantes alemanes, sino que a ellos se unen teólogos católicos.

Es Ernst Käsemann, discípulo de Bultmann, quien establece el inicio de la Nueva búsqueda, en una conferencia dada el 20 de octubre de 1953.

La nueva hermenéutica

Movimiento de retorno al Jesús de la historia

Desde el protestantismo

Desde el catolicismo

3.Tercera búsqueda del Jesús histórico

Período de la Búsqueda del Jesús histórico. La denominación Tercera búsqueda del Jesús histórico (Third Quest) fue propuesto por Stephen C. Neil y Tom Wright en 1988, aunque se considera que sus planteamientos se venían forjando desde 1965. En esta nueva etapa se rebasan los ámbitos de la filosofía y la teología, dando entrada a numerosos estudios de diversos campos: sociología, psicología, historiografía, arqueología, etc.

Evangelios biográficos

Jesus seminar

El Jesus Seminar es un grupo de 70 exégetas e historiadores. Este seminario se considera desvinculado de cualquier corriente religiosa o filosófica y tiene su sede en Sonoma (California). Está dirigido por John Dominic Crossan y Robert W. Funk. Publican sus conclusiones en la revista Foundations and Facets Forum.

Diversas teorías sobre Jesús

La primera investigación del Jesús histórico marca el inicio de la Crisis anti-modernista (1866-1961). Aprovechando el mejor conocimiento de los orígenes de los Evangelios, ahora se desarrolla la Tercera búsqueda del Jesús histórico, con la teorías siguientes (teorías en negrita, estudiosos en letra ordinaria):

  • Jesús el mito: Cristo Divino
  • Jesús el mito: Hombre del pasado indefinido
    • Alvar Ellegård
    • G. A. Wells
  • Jesús el héroe helenístico
    • Gregory Riley
  • Jesús el revolucionario
    • Roberto Eisenman
  • Jesús el sabio de la sabiduría
    • Juan Dominic Crossan
    • Canguelo De Roberto
    • Burton Mack
    • Stephen J. Patterson
  • Jesús el hombre del Espíritu
    • Marcus Borg
    • Stevan Davies
    • Geza Vermes
  • Jesús el profeta del cambio social
    • Richard Horsley
    • Hyam Maccoby
    • Gerd Theissen
  • Jesús el profeta apocalíptico
    • Bart Ehrman
    • Paula Fredriksen
    • Gerd Lüdemann
    • John P. Meier
    • E. P. Sanders
  • Jesús el salvador
    • Timothy Johnson De Lucas
    • Roberto H. Stein
    • N. T. Wright

(Véase Jésus, Nouveaux Visages d'une énigme, D. Marguerat et alii. Labor et Fides 1997)

Baterías Nokia

Publicado en General el 24 de Septiembre, 2007, 12:12 por themackintoshman

Me dicen el sábado, que hay una serie de baterías defectuosas de éste modelo para Nokia, como yo las tengo, he comprobado si es defectuosa o no, he librado.

Os dejo el link con las instrucciones pertinentes.

http://batteryreplacement.nokia.com/batteryreplacement/es/

Los ataudes deslizantes de Barbados

Publicado en Misterio y esoterismo - pero con un poco de cabeza,please- el 20 de Septiembre, 2007, 16:46 por themackintoshman

Mirando,mirando,he encontrado esto, es curioso y por ello lo pongo.


     6 de julio de 1812. Isla de barbados. Cercanías de la bahía de Oistin. Un grupo de enterradores se dirige al cementerio de Christ Chursh con el cuerpo difunto de la señora Dorcas Chase. En el panteón familiar, una edificación sólida, construida con grandes bloques de coral unidos con cemento, se encuentran ya los ataúdes de Thomasina Goddard y Mary Anna María Chase, enterradas en 1807 y 1808 respectivamente. La pesada losa que cubre la tumba familiar, de 4 por 2 metros de superficie y semienterrada a la entrada del camposanto, es retirada con gran trabajo por el personal, debido a su considerable peso, y el ataúd es entrado posteriormente en su interior. Las tinieblas son cerradísimas allí dentro, y cuando los sepultureros encienden sus quinqués, se encuentran con una visión realmente aterradora. El ataúd de Mary Anna María había sido movido hacía un rincón y el de la señora Goddard, se encontraba ahora pegado contra la pared opuesta a la entrada. Los enterradores y familiares asistentes no dan crédito a sus ojos y la tumba es de nuevo cerrada con gran dificultad, no sin antes haber depositado en el suelo el ataúd de Dorcas Chase y puestos de nuevo en su sitio los otros dos.

         El suceso conmovió a toda la familia y no comprendían cómo unos ataúdes, a la sazón revestidos de plomo, habían sido removidos en semejante lugar. En un intento por buscar culpables y racionalizar lo sucedido, se acuso a los esclavos negros de tal profanación. Se sabía que los negros habían asistido al entierro de la primera hermana Chase y que era poca la simpatía que tenían por el patriarca Thomas Chase, cuyo comportamiento cruel y tiránico había llevado al suicidio a su hija Dorcas. Sin embargo, los negros antillanos rechazaron la acusación y en su lugar mostraron miedo y respeto por lo que consideraban era obra de los espíritus. ¿Quién, entonces, era el responsable de tan macabra broma? Nada de todo aquello tenía el menor sentido pues los ataúdes, aparte de ser removidos, no habían sufrido ningún deterioro ni faltaba pieza alguna que hiciera pensar en un robo. ¿Es posible que los negros se tomaran molestia tan grande para obtener unos resultados tan insignificantes? No es probable, y el suceso así quedó, hasta que un mes más tarde, el 9 de agosto de 1812, Thomas Chase murió también, siendo llevado su cuerpo al mismo panteón. En esta ocasión, los ataúdes seguían estando en su sitio, pero el 25 de septiembre de 1816, cuando la losa fue de nuevo levantada para enterrar a un niño llamado Samuel Brewster Ames, los ataúdes volvieron a encontrarse desordenados. Como en ocasiones anteriores, la culpa recayó otra vez sobre los negros, que retornaron en su insistencia de que ellos no habían sido.

         El 17 de noviembre se creó una gran expectación en Oistin, cuando otro difunto fue trasladado desde el cementerio de St philips al panteón familiar de los Chase. Una gran multitud se congregó en el lugar para observar los extraños movimientos de ataúdes. Cuando la bóveda fue abierta, todos los féretros habían sido cambiados de lugar. El de la señora Goddard, se hallaba deteriorado y roto por el desgaste y desplazado a la pared opuesta, y todos los demás sarcófagos, desperdigados en desorden por el suelo. Inútilmente se trató de descubrir algún indicio que explicara lo sucedido. Las paredes, el suelo y el techo, seguían estando en buen estado y no existía recodo alguno por el que pudieran pasar los posibles bromistas. Los ataúdes fueron reordenados, y la pesada losa fue vuelta a cimentar en su sitio.

         Durante tres años, el panteón, que no había sido vuelto a abrir, fue objeto de la visita de los curiosos. Su fama llegó incluso a Europa y muchos fueron los que tomaron interés por ese misterioso cementerio de Barbados. El 17 de julio de 1819, Thomasina Clarke, murió, y su cuerpo fue trasladado al panteón. Para entonces, hasta el mismo gobernador de Barbados, el vizconde de Combermere, asistió al sepelio, acompañado por un centenar de observadores deseosos de encontrarse con el misterioso fenómeno. Y sus ansias quedaron satisfechas pues cuando los albañiles retiraron la losa, los ataúdes del interior se hallaban otra vez desordenados y desperdigados por todo el lugar. El registro que se hizo por los peones fue realmente exhaustivo, pero, como en ocasiones anteriores, no se encontró ningún indicio de profanación. Los féretros fueron entonces colocados en su sitio y se decidió recubrir el suelo entero de fina arena, para descubrir las huellas del posible culpable. Cuando la bóveda volvió a ser tapada, el vizconde de Combermere y dos funcionarios, marcaron el cemento con su sello, formando así una película infranqueable.

La entrada al panteón de los Chase en el cementerio de Christ Church, que quedó vacio en 1820 tras los macabros acontecimientos

El vizconde Combermere, gobernador de Barbados, supervisó como se cerraba y sellaba el panteón el 17 de julio de 1819 tras enterrar a Thomasina. Cuando volvió nueve meses más tarde los ataúdes estaban de nuevo en total desorden y los sellos de la entrada intactos

         El 18 de abril de 1820, el panteón volvió a ser abierto. Hasta entonces el lugar no había sido utilizado, pero la expectación despertada en el público y el deseo del vizconde Combermere por comprobar si su experimento había dado resultado, hicieron que ese 18 de abril, se desvelara el misterio, a pesar de no haber ningún finado para ocupar un hueco en la sepultura. El vizconde Combermere, acompañado del Honorable Nathan Lucas, el secretario de gobernación, mayor J. Finch, el señor Rowland Cotton, el señor R. Bowcher Clark y el reverendo Thomas Orderson, se dirigieron al cementerio de  Christ Church, con un grupo de asustados peones negros, dispuestos a levantar la losa.

         Todo estaba como lo habían dejado, es decir: el cemento estaba intacto y los sellos oficiales seguían en su lugar, sin haber sufrido ninguna perturbación. Con esto, todos pensaron que el interior se encontraría también en buen estado, pero cuando el cemento fue picado y la losa retirada a un lado, se sorprendieron al escuchar un extraño rozamiento surgiendo de la oscura bóveda. Uno de los ataúdes de plomo había sido arrojado contra la losa y al ser retirada esta por los albañiles negros, la sepultura había sido arrastrada con ella. Los cada vez más aterrorizados negros comprobaron que el ataúd de Mary Anna María, se encontraba ahora empotrado en la pared del fondo, y del tal manera, que incluso el muro había sufrido daños. Los demás féretros estaban diseminados por el suelo de forma caótica. El vizconde Combermere, no daba crédito a sus ojos. El exterior de la bóveda seguía estando tan sólido como siempre, por lo que nadie podía haberse colado dentro por algún resquicio, y la fina arena depositada en el pavimento interior, no presentaba muestras de huellas o de presencia humana. Si alguien había entrado allí, pensó el vizconde, desde luego no era de este mundo.

         El honorable Nathan Lucas, dijo de la inspección que hizo del lugar:

         “Examiné los muros, el arco y toda la bóveda: todo era igualmente antiguo; un albañil, en mi presencia, golpeó minuciosamente el suelo con un martillo: todo era sólido. Confieso que no puedo explicar los movimientos de esos ataúdes de plomo. Ciertamente, no se trata de ladrones, y en cuanto a broma pesada o truco, hubiese sido necesaria la participación de demasiada gente y el secreto hubiera sido descubierto; y en cuanto a que los negros hayan tenido algo que ver, su miedo supersticioso a los muertos y a todo lo que con ellos se relaciona, excluye cualquier idea de esa clase. Todo lo que sé es que ocurrió y que yo fui testigo del hecho.”

         Desde aquel día, los ataúdes no volvieron a dar motivos para el misterio, pues todos ellos fueron sacados de la bóveda y trasladados a otros lugares del cementerio. Jamás se llegó a saber qué ocasionó semejante suceso incongruente y nunca más se le volvió a dar publicidad. Una multitud de teorías surgieron en aquella época, tratando de solucionar el enigma pero ninguna era lo suficientemente sólida como para validarla. Se habló de pequeños seísmos, de negros vengativos, de bromistas recalcitrantes, pero todas fueron desechadas por falta de consistencia y de pruebas. El misterio continuó así, y aún hoy se sigue hablando en Barbados del misterio de los ataúdes deslizantes. En la actualidad el panteón está vacío y puede ser visitado por los curiosos que desean rememorar aquel extraño incidente. Sin embargo, no es necesario trasladarse hasta allí para encontrarse con caprichosos ataúdes andarines. “Antiguas Historias antillanas” fue un libro publicado por sir Algernon Aspinall. En él, el autor nos describe un suceso similar acaecido en Stanton (suffolk, Inglaterra) en 1815. Como en Barbados, los ataúdes de Stanton habían sido movidos al menos en tres ocasiones, llegando incluso a ascender unas empinadas escaleras. En 1867, el señor F.C. Paley, de Gretford, en las cercanías de Stamford (Lincolnshire, Inglaterra), relataba un hecho similar sucedido en un panteón local y confirmado por varios testigos. Al igual que en los dos anteriores, los ataúdes fueron removidos repetidamente, quedando incluso alguno de ellos, apoyados verticalmente contra la pared. En 1844, en Arensburg, en la isla báltica de Oesel, ocurrió algo parecido en el panteón familiar de los Buxhoewen. En el transcurso de un misa por los funerales de un familiar, se dejó sentir en el interior de la bóveda privada, unos extraños ruidos que alertaron inmediatamente a los concurrentes. Los más atrevidos, abrieron el panteón y descubrieron boquiabiertos, cómo los féretros de sus difuntos se encontraban desperdigados por el suelo, sin orden alguno. Con el tiempo, el presidente del tribunal eclesiástico local, el barón de Guldenstabbe, encabezó una investigación oficial y ordenó que la bóveda se abriera. Los ataúdes, pese a haber sido reordenados, y la puerta principal cerrada con llave, se encontraban de nuevo desordenados y dispuestos en difíciles posiciones.

Nathan Lucas dibujó la posición original de los ataúdes y posteriormente cómo fueron encontrados en abril de 1820

         El barón Guldenstabbe, lejos de atribuir el misterio a agentes sobrenaturales, ordenó que el suelo del panteón fura picado y levantado, con la intención de encontrar algún pasadizo secreto por el cual pudieran haberse colado los bromistas o los profanadores de tumbas (profanadores inexistentes, pues jamás fue robado nada). No obstante, el resultado fue negativo, no encontrándose ningún resquicio sospechoso. La Bóveda fue de nuevo pavimentada, y como ocurriera en Barbados, su suelo recubierto, en esta ocasión, de ceniza, mucho más sensible a las huellas que la arena. Como en Christ Church, también aquí se imprimieron sellos ocultos en la losa, que se romperían en caso de que alguien la abriera secretamente; además, el barón dispuso que unos soldados vigilaran el lugar durante tres días y tres noches. Cumplido el plazo, el comité investigador se desplazó otra vez al cementerio. Los sellos secretos permanecían intactos, la ceniza desperdigada en el suelo, no presentaba señales de huellas, pero los ataúdes, de nuevo estaban desperdigados en el interior de la bóveda, estando algunos rotos o boca abajo. El comité de Arensburg y los Buxhoewden, rendidos ante la evidencia, no pudieron hacer otra cosa que trasladar los féretros a otro cementerio y dejar que la providencia explicara algún día el misterio; lo que nunca ocurrió.

         El misterio de los ataúdes deslizantes, tanto en Barbados, como en Stanton, en Stamford o en Arensburg, sigue siendo un misterio insoluble. Muchos fueron los que intentaron dar una explicación plausible al fenómeno, sin que ninguna de ellas, como hemos indicado antes, resultara consistente. En cuanto a Barbados, se sabe que el lugar se encuentra rodeado por un cinturón sísmico que posiblemente fuera el causante del movimiento de los ataúdes, pero también se sabe que en esas fechas no se registró presencia sísmica en la zona y que, de haber sido así, todos los ataúdes del cementerio se hubiesen movido y no sólo los del panteón familiar de los Chase. Corrientes subterráneas e inundaciones, fueron otras de las teorías barajadas. Pero la bóveda de Oistin, estaba por encima del nivel del terreno y su estructura era estanca; lo mismo ocurría en Stanton, Stamford y Arensburg.

         George Hunte, autor de “Barbados”, un libro en el que se trata del misterio de los ataúdes, ofreció una teoría que intentaba explicar el suceso: “El gas de unos cuerpos en descomposición, y no espíritus malignos, fue responsable de las violentas separaciones y del desorden que desbarató el trabajo de los enterradores”. Aunque esta hipótesis parecía, en parte, solucionar el problema, nadie se preguntó cómo era posible que unos simples gases de procedencia humana podían mover unos féretros recubiertos de pesado plomo, de los que cuatro hombres apenas eran capaces de mover.

         El misterio siguió y seguirá, me temo, sin solución, para el resto de la vida. Todas las hipótesis vertidas en el asunto, con la intención de explicarlo, han fracasado irremediablemente. Sólo cabe, pues, buscar su origen en otro lugar quizás no tan humano. Ante enigmas como este, uno se siente tentado en pensar en influencias del Más Allá, o en una capacidad psíquica desconocida hasta el momento, capaces de mover objetos pesados y ocultos con la simple fuerza de la mente. Es posible que, por razones fuera de toda lógica, los asistentes a aquellos sepelios, utilizaran sin saberlo una capacidad mental extraordinaria e inconsciente, causantes de ese deslizamiento sin sentido de los ataúdes; esto, reforzado con la convicción, el miedo y el deseo de los que se agregaban para encontrarse con el fenómeno, pudo potenciar aún más el suceso, hasta que, simplemente, se suprimía trasladando los féretros a otros lugares, acabando así con la tentación involuntaria de los eventuales psíquicos. Sin embargo esto no deja de ser una teoría más, tan válida o inválida como las anteriores, que en ningún caso clarifica contundentemente el suceso. El misterio de los ataúdes deslizantes, es, y seguirá siendo, un asunto para los hechos insólitos, y patrimonio del acervo popular.  

 

Por Jacques Fletcher, autor de Los vástagos del oro

Extraido de:http://www.editorialbitacora.com/bitacora/ataud/ataud.htm

Takeshi Kitano

Publicado en Paranoias propias y gustos personales el 18 de Septiembre, 2007, 9:52 por themackintoshman

Takeshi Kitano en Cannes (2000)
Takeshi Kitano en Cannes (2000)

Takeshi Kitano (北野 武 en kanji, Kitano Takeshi en romaji; nacido el 18 de enero de 1947 en Umeshima, Adachi, Tokyo) es un actor, cineasta, comediante, escritor, poeta, pintor, diseñador de videojuegos para adultos japonés. Conocido en su país principalmente como personaje televisivo y miembro del dúo cómico Two Beat (de ahí que figure como Beat Takeshi o ビートたけし en kana, Bīto Takeshi en romaji cuando actúa en películas que él no dirige; cuando dirige un filme participando o no como actor en él, firma simplemente como Takeshi Kitano). Sin embargo es su faceta cinematográfica la que lo ha hecho conocido en el resto del mundo. Su peculiar trabajo cinematográfico ha recibido el apoyo de la crítica, tanto en Japón como a nivel internacional. Como actor, se dio a conocer internacionalmente al interpretar al Sargento Hara en Feliz Navidad, Mr. Lawrence, de Nagisa Oshima. Uno de sus trabajos más elogiados como cineasta ha sido Flores de fuego. También ha interpretado y dirigido Brother (2000) y Zatoichi (2003), además de otras muchas películas. Desde abril de 2005, dicta una cátedra en la Escuela de Postgrado de Artes Visuales de la Universidad Nacional de Tokio de Bellas Artes y Música.

Las mayor parte de las películas que Kitano ha dirigido son dramas acerca de mafiosos o la policía, caracterizadas por contar con un humor muy inexpresivo, casi estático. Comúnmente emplea largas tomas, donde parece que nada sucediera o la edición cuenta con cortes que saltan a las consecuencias de un suceso determinado. Muchas de sus películas expresan una filosofía sombría o nihilista, pero también cuentan con mucho humor y un gran cariño por los personajes. Paradójicamente, los largometrajes de Kitano parecen dejar impresiones controvertidas. Si bien superficialmente siguen la estructura de la comedia negra o del cine de yakuzas, ellos enfatizan preguntas morales y entregan mucho material para la reflexión personal. Si bien el reconocimiento que recibe en el mundo crece, el público japonés le conoce principalmente como animador de televisión y comediante. Su interpretación de Zatoichi en la película homónima de 2003 ha sido, hasta el momento, su mayor éxito comercial en Japón. Dolls (2003), película que dirigió y en la que no participó como actor, se considera que es su obra maestra, tanto por el guión que él mismo escribió, como la puesta en escena y la fotografía hecha con una gran maestría en el tratamiento de los colores produciendo unos planos de excepcional belleza plástica.

También es conocido por ser el presentador del hilarante concurso Takeshi's Castle, conocido en España como Humor Amarillo, emitido en España a principios de los 90 y que el canal Cuatro recuperó en 2005.

Filmografía

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