Referencias históricas no cristianas sobre Jesús de Nazaret

Publicado en Historia o parahistoria el 25 de Septiembre, 2007, 9:37 por themackintoshman

De acuerdo con el testimonio de los evangelios (Mateo 4:24-25, Mateo 15:30, Mateo 19:2, Mateo 21:9, Lucas 5:15, Lucas 14:25), la predicación de Jesús de Nazaret congregó a multitudes. Estos testimonios contrastan con la ausencia absoluta de menciones a Jesús en textos no cristianos de la época. La alusión a Jesús de Nazaret se encuentra en la obra de Flavio Josefo Antigüedades judías (escrita hacia los años 93-94), más de medio siglo después de la muerte de Jesús (alrededor de 30). Todavía en el siglo II las menciones son muy escasas. Ninguna de ellas aporta información para conocer la vida o el mensaje de Jesús de Nazaret.

Las referencias más citadas se describen aquí:

1.Testimonio flaviano

Se denomina Testimonio flaviano (o Testimonium flavianum) a los párrafos 63 y 64 del capítulo XVIII del libro Antigüedades judías (Antiquitates Iudaicae) escrito por el historiador judío Flavio Josefo en el que se menciona a Jesús de Nazaret.

Las Antigüedades judías son una crónica escrita hacia el año 93 d.C., que narra la historia del pueblo judío de una manera razonablemente completa. Los intereses de Flavio Josefo —entre ellos ganar la simpatía de Roma hacia los judíos— lo llevan, sin embargo, a minimizar las noticias que pudieran resultar conflictivas.

Josefo no menciona a los líderes del pequeño grupo de cristianos (Pedro y Pablo) ni a María (la madre de Jesús). Sin embargo, dos párrafos tratan directa e indirectamente de Jesús de Nazaret:

En el libro 18 de las Ant.Iud., capítulo 3,3, se encuentra un texto denominado tradicionalmente «Testimonio flaviano». El fragmento en cuestión ha suscitado extensos debates filológicos e historiográficos en cuanto a su autenticidad total o parcial.

En el libro 20, capítulo 9.1, se menciona indirectamente a Jesús al relatar la muerte de su hermano Jacob o Santiago (contracción del latín Sanct’Iagus, esto es, san Jacobo):

Ananías era un saduceo sin alma. Convocó astutamente al Sanedrín en el momento propicio. El procurador Festo había fallecido. El sucesor, Albino, todavía no había tomado posesión. Hizo que el Sanedrín juzgase a Santiago, el hermano de Jesús, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fueran apedreados.

Antigüedades judías, 20.9.1

Esta cita ayuda a datar la muerte de Santiago, hermano de Jesús, en el año 62. Este texto del libro 20 es filológica e historiográficamente más consistente que el Testimonio Flaviano; al menos, coincide formalmente con el estilo de Josefo. El estudioso George Albert Wells sugiere la hipótesis de una glosa marginal (una anotación al margen del manuscrito) que fue incorporada al texto en las copias sucesivas.

En otro pasaje (Ant.Iud., 18.5.2) se hace referencia a la muerte de Juan el Bautista a manos de Herodes, pero sin mencionar su relación con Jesús.

El pasaje 18, 3, 3

El pasaje dice textualmente:

"Por este tiempo apareció Jesús, un hombre sabio (si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo), y atrajo hacia Él a muchos judíos (y a muchos gentiles además. Era el Cristo (el Mesías)). Y cuando Pilatos, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo había condenado a la Cruz, aquellos que lo habían amado primero no le abandonaron (ya que se les apareció vivo nuevamente al tercer día, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre Él los santos profetas) La tribu de los cristianos, llamados así por Él, no ha cesado de crecer hasta este día".

Acerca de su autenticidad hay opiniones enfrentadas:

Primero, están aquellos que consideran al pasaje entero como falso. Las razones principales para esta visión parecen ser las siguientes:

  • Josefo no podría representar a Jesucristo como un simple moralista y por otra parte no podría enfatizar las profecías y expectativas mesiánicas sin ofender las susceptibilidades romanas;
  • El pasaje arriba mencionado de Josefo parece haber sido desconocido por Orígenes y los primeros escritores patrísticos;
  • Su lugar preciso en el texto de Josefo es incierto, ya que Eusebio (Hist. Eccl., II, vi) lo debe haber encontrado con anterioridad a las notas referidas a Pilato, mientras que ahora se encuentran luego de ellas.

Un segundo grupo de críticos no consideran la totalidad del testimonio de Josefo concerniente a Cristo como falso, pero sostienen que existe una interpolación de las partes marcadas arriba entre paréntesis. Las razones asignadas para esta opinión pueden reducirse a las dos siguientes:

  • Josefo debe haber mencionado a Jesús, pero no puede haberlo reconocido como el Cristo; por lo tanto parte del actual texto josefiano debe de ser genuina y parte interpolada.
  • Igualmente, la misma conclusión se sigue del hecho de que Orígenes conocía un texto josefiano acerca de Jesús, pero no le era familiar el texto actual, ya que, de acuerdo con el gran doctor de Alejandría, Josefo no creía que Jesús fuese el Mesías. ('In Matth.', xiii, 55; 'Contra Cels.', I, 47).

Esta hipótesis recibió una sólida confirmación en 1971, al descubrirse la versión árabe de la Historia del Mundo del obispo Agapio de Hierápolis, que muy posiblemente ofrece el texto original de Josefo, sin las interpolaciones cristianas posteriores (vid. infra).


Una tercera clase de estudiosos cree que el pasaje completo acerca de Jesús, como se encuentra hoy en día en Josefo, es genuino. Los argumentos principales de la autenticidad del pasaje de Josefo son los siguientes:

  • Primero, todos los códices o manuscritos del trabajo de Josefo contienen el texto en cuestión; para mantener la falsificación de este texto debemos suponer que todas las copias de Josefo estaban en manos de los cristianos, y fueron cambiados de la misma manera.
  • Segundo, es cierto que ni Tertuliano ni Justino utilizan el pasaje de Josefo acerca de Jesús; pero su silencio se debe probablemente al desprecio con el que los judíos contemporáneos consideraban a Josefo, y a la relativa poca autoridad que tenía entre los lectores romanos. Los escritores de la edad de Tertuliano y Justino podían apelar a testigos vivos de la tradición apostólica.
  • Tercero, Eusebio ('Hist. Eccl'., I, xi; cf. 'Dem. Ev.', III, v) Sozomeno (Hist. Eccl., I, i), Nicéforo (Hist. Eccl., I, 39), Isidoro de Pelusium (Ep. IV, 225), San Jerónimo (catal.script. eccles. xiii), Ambrosio, Casiodoro, etc., recurren al testimonio de Josefo; no deben de haber existido dudas respecto a su autenticidad en el tiempo de estos ilustres escritores.
  • Cuarto, el silencio completo de Josefo acerca de Jesús hubiese sido un testimonio aún más elocuente del que tenemos en el presente texto; este último no contiene ninguna afirmación que sea incompatible con su origen josefiano: el lector romano necesitaba la información de que Jesús era el Cristo o el fundador de la religión cristiana; las maravillosas obras de Jesús y su Resurrección de entre los muertos eran pregonadas incesantemente por los cristianos de forma tal que sin estos atributos el Jesús de Josefo no hubiera sido prácticamente reconocido como el fundador de la religión cristiana.
Cristo crucificado, obra de Diego Velázquez
Cristo crucificado, obra de Diego Velázquez

Versiones

Versión griega

Recogida por Eusebio de Cesarea en Historia Eclesiástica (capítulo I, 11), del año 323.

Trasmitida a través de la literatura de la Europa cristianismo, las copias más antiguas están datadas en el siglo X.

"Apareció en este tiempo Jesús, un hombre sabio, si en verdad se le puede llamar hombre. Fue autor de hechos sorprenden­tes; maestro de personas que reciben la verdad con placer. Muchos, tanto judíos como griegos, le siguieron. Este era el Cristo (el Mesías). Algunos de nuestros hombres más eminentes le acusaron ante Pilato. Este lo condenó a la cruz. Sin embargo, quienes antes lo habían amado, no dejaron de quererlo. Se les apareció resucitado al tercer día, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de él ésta y otras mil cosas maravillosas. Y hasta hoy, la tribu de los cristianos, que le debe este nombre, no ha desaparecido". (Ant., XVIII, iii, 3)

Versión árabe

También conocida como versión eslava. Incluida en el siglo X en una traducción al árabe de la obra de Flavio Josefo, dentro de la Historia Universal, desde sus inicios hasta 941/942 d.C., debida a Agapio, obispo de Hierápolis. Fue sacada a la luz en 1971 por el exégeta judío Shlomo Pines.

"En este tiempo existió un hombre de nombre Jesús. Su conducta era buena y era considerado virtuoso. Muchos judíos y gente de otras naciones se convirtieron en discípulos suyos. Los convertidos en sus discípulos no lo abandonaron. Relataron que se les había aparecido tres días después de su crucifixión y que estaba vivo. Según esto fue quizá el mesías de quien los profetas habían contado maravillas."

Como bien se ha observado por algunos autores, especialmente James Charlesworth en 1988, este texto, que es anterior a la copia manuscrita más antigua de las Antigüedades judías, debe reproducir la versión original de Josefo sin las interpolaciones cristianas posteriores, y contribuye decisivamente, incluso más que el texto de Eusebio, a afirmar la validez del Testimonium flavianum como documento sobre el Jesús histórico.

Versión siríaca

Aparece en Crónica siríaca, obra del siglo XII, de Miguel el Sirio.

Análisis exegético

Los exégetas se dividen en tres grupos de opiniones:

  • Los que afirman que sobre el texto de Flavio Josefo uno o varios cristianos intercalaron añadidos (señalados en negrita sobre el texto de la versión griega).
    • Algunos autores, como Eisler, opinan que fue retocada la versión griega, pero no la árabe.
    • Muchos opinan que la falsificación se produjo en dos momentos:
      • el primero más discreto dio lugar a la versión árabe;
      • y el segundo con la interposición de frases de contenido cristiano, originó la versión griega.
  • Los que opinan que todo el texto es genuino, escrito por Flavio Josefo. Este grupo es minoritario y casi exclusivo de la apologética cristiana más conservadora.
  • Los que consideran que todo el párrafo es falso. Uno o varios cristianos lo escribieron sustituyendo al de Flavio Josefo. Dentro de este grupo,
    • Algunos consideran que Flavio Josefo no mencionó a Jesús ni al cristianismo. Se propone como hipótesis, aunque no explica la mención que Flavio Josefo hace de Santiago "el hermano de Jesús" en el capítulo XX. Esta opción suele estar apoyada por detractores del cristianismo.
    • Muchos historiografistas consideran probable, por la coherencia interna del texto, que Flavio Josefo hiciera mención a Jesús de Nazaret en esta sección del capítulo XVIII. Consideran coherente que, si hace mención a un discípulo o hermano de Jesús en el capítulo XX, en éste hable del que es referente de "Santiago, el hermano de Jesús".

Bibliografía

  • Traducción al español del Testimonium flavianum en "Cuadernos de Evangelio", 12, Estella (Navarra)
  • Charlesworth, James H. Jesus within Judaism: New Light from Exciting Archaeological Discoveries, Nueva York, Doubleday, 1988.
  • Lichtenberger H. "Josephus über Johannes den Täufer, Jesus und Jakobus", Bibel und Kirche 53 (1998) - Hace una exposición de cuáles son las palabras que según su análisis no pueden pertenecer a Flavio Josefo y cuáles son las que no pueden pertenecer a un interpolador cristiano.

2.Plinio el Joven

Plinio el Joven, entre el año 100 y 112 escribió al emperador Trajano acerca de los cristianos:

...cármenqüe Christo, quasi Deo, dícere
pervicacia et inflexíbilis obstinatio.
...le cantan himnos a Cristo (casi Dios, según dicen)
con perseverancia e inflexible obstinación

Epístolas 10:96

El segundo verso no se encuentra en algunas ediciones de Plinio. Véase, por ejemplo, el texto en Students.gf.nsu.ru.

Este testimonio deja claro que el testimonio se transmite literalmente de las retractaciones de los propios condenados por cristianismo, cuyas declaraciones son la única fuente que Plinio menciona.

3.Tácito

Tácito aporta otra referencia histórica en el año 116 ó 117:

Ergo abolendo rumori Nero subdidit reos et quaesitissimis poenis adfecit, quos per flagitia invisos vulgus Chrestianos appellabat. Auctor nominis eius Christus Tibero imperitante per procuratorem Pontium Pilatum supplicio adfectus erat; repressaque in praesens exitiabilis superstitio rursum erumpebat, non modo per Iudaeam, oríginem eius mali, sed per urbem etiam, quo cuncta mundique atrocia aut pudenda confluunt celebranturque.
Por lo tanto, aboliendo los rumores, Nerón subyugó a los reos y los sometió a penas e investigaciones; por sus ofensas, el pueblo, que los odiaba, los llamaba “cristianos”, nombre que toman de un tal Cristo, que en época de Tiberio fue ajusticiado por Poncio Pilato; reprimida por el momento, la fatal superstición irrumpió de nuevo, no sólo en Judea, de donde proviene el mal, sino también en la metrópoli [Roma], donde todas las atrocidades y vergüenzas del mundo confluyen y se celebran.

Anales, 15:44:2-3

Aunque la autenticidad del texto de Tácito no ha sido cuestionada, numerosos autores han indicado que se desconocen sus fuentes. Se ha barajado la posibilidad de que se basara en Plinio (ver supra) o en las confesiones de los propios cristianos frente a la persecución policial. El fragmento aparece en el contexto de una larga diatriba contra los males del gobierno de Nerón, y se ha indicado que el interés de Tácito no estaba en el fenómeno cristiano en sí mismo, sino en la crítica al emperador. Sin embargo, es importante notar que no existen constancias del uso del término "cristiano" hasta fines del siglo I E.C. (la primera referencia documentada se halla en la Epístola a los Magnesios de Ignacio de Antioquía), con lo cual se hace altamente improbable que los romanos diferenciaran siquiera entre los judíos y una supuesta secta emergente tan temprano en el siglo, y así el párrafo de Tácito queda en entredicho por su incongruencia temporal.

4.Suetonio

Gayo Suetonio Tranquilo (75-160), escribió alrededor del 120 que el emperador Claudio expulsó de Roma a judíos instigados por un tal 'Chrestus':

Iudaeos, impulsore Chresto, assidue tumultuantis Roma expulit.
A los judíos, instigados por Chrestus, los expulsó de Roma por sus hábitos escandalosos

De Vita Caésarum. Divus Claudius, 25.

Algunos estudiosos dieron por sentado que el nombre 'Chrestus' equivale a 'Cristo' y que la diferencia reside simplemente en un problema ortográfico; sin embargo, se trata apenas de una presunción. Chrestus es un nombre común en la Roma imperial, atestiguado en lápidas e inscripciones; en latín significa «buen hombre», «íntegro», «útil», pero también se podía usar en el sentido peyorativo de «simple», «ingenuo», «tonto», y los mismos que defienden esta hipótesis sugieren que era un apelativo aplicado a los esclavos (entre los que la doctrina cristiana supuestamente tenía más éxito).

Pero Suetonio dice que el emperador expulsó a judíos, no a cristianos, y ese Chrestus implica en el texto, en el mejor de los casos, a un agitador en la Roma de los 50s y no a un predicador en la Galilea de los 30s. Por lo tanto, no parece haber relación entre 'Chrestus' y 'Cristo', al menos nada lo sugiere más que la especulación de aquellos estudiosos.

Años más tarde Suetonio escribió, en una lista de las actividades realizadas por Nerón:

Multa sub eo et animadversa severe, et coercita, nec minus instituta [...]
afflicti suppliciis Christiani, genus hominum superstitionis novae ac maleficae
.
Bajo éste [su reinado] se reprimieron y castigaron muchos abusos, dictándose reglamentos muy severos [...]
Nerón infligió suplicios a los cristianos, un género de hombres de una superstición nueva y maligna.

De Vita Caésarum. Nero, XVI.2.

Este texto también enfrenta serias sospechas de interpolación.

5.La carta de Mara Bar-Serapion

En un manuscrito siriaco del siglo VII, que se encuentra actualmente en el Museo Británico de Londres, se recoge una carta de un tal Mara Bar-Serapion. La escribe desde la cárcel a su hijo, exhortándole a buscar la sabiduría. No hay acuerdo sobre la antigüedad de la carta, pero la mayoría de los estudiosos la fechan en la primera mitad del siglo II o incluso en el último cuarto del siglo I. Otros estudiosos afirman que fue escrita en el siglo III. En la carta hay una referencia a un «rey sabio», que ha sido interpretada por varios autores como una alusión a Jesús de Nazaret:

¿Qué ventaja obtuvieron los atenienses cuando mataron a Sócrates? Carestía y destrucción les cayeron encima como un juicio por su crimen. ¿Qué ventaja obtuvieron los hombres de Samo cuando quemaron vivo a Pitágoras? En un instante su tierra fue cubierta por la arena. ¿Qué ventaja obtuvieron los judíos cuando condenaron a muerte a su rey sabio? Después de aquel hecho su reino fue abolido. Justamente Dios vengó aquellos tres hombres sabios: los atenienses murieron de hambre; los habitantes de Samo fueron arrollados por el mar; los judíos, destruidos y expulsados de su país, viven en la dispersión total. Pero Sócrates no murió definitivamente: continuó viviendo en la enseñanza de Platón. Pitágoras no murió: continuó viviendo en la estatua de Hera. Ni tampoco el rey sabio murió verdaderamente: continuó viviendo en la enseñanza que había dado.

citado desde Penna, Romano: Ambiente histórico-cultural de los orígenes del cristianismo: textos y comentarios, pág. 319, Bilbao, 1994.

Algunos autores han interpretado que la abolición del reino de los judíos a que se hace referencia es la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70, y el «rey sabio» por cuya muerte los judíos fueron castigados, Jesús de Nazaret.

El texto parece poco fiable, porque contiene inexactitudes históricas sobre Sócrates y Pitágoras. Además, no hay ninguna prueba de que el «rey sabio» al que alude Mara Bar-Serapion sea Jesús de Nazaret. Podría referirse a algún otro de los líderes judíos que en época aproximadamente contemporánea a Jesús de Nazaret se arrogaron el título de Mesías, o incluso podría hacer referencia a algún rey de Judá, anterior en muchos siglos a Jesús de Nazaret.

No existen más referencias históricas acerca de Jesús del siglo I o principios del siglo II, al margen del Nuevo Testamento, pese a que numerosos historiadores y pensadores documentaron bastante exhaustivamente la época (entre ellos Filón de Alejandría, Juvenal, Séneca, Plutarco, Apolonio, Luciano, Aulo Gelio, Dión Crisóstomo y Valerio Flaco).


Bibliografía adicional

  • Dario Bazec, (2001). "La Cronologia dei Vangeli secondo il calendario ebraico" , Edizioni Italo Svevo. Trieste. (ital.)
  • José Miguel García, Los orígenes históricos del Cristianismo, Ediciones Encuentro, 2007